Marta Abreu o la Filantropía Como Pasión, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 15 de noviembre de 2013, (FCP). El 13 de noviembre último se arribó al aniversario 168 del natalicio de una de las figuras más grandes de la ciudad de Santa Clara. Por sus aportes en el orden social y en los patrióticos, Marta Abreu Arencibia de Estévez, La Benefactora, es una mujer que constituye un orgullo para quienes habitamos esta urbe, a la que con sobrados motivos llamamos “La Ciudad de Marta”.

Marta Abreu transfirió a la historia santaclareña un sinnúmero de hechos dignos de no ser olvidados. Más que nada acuden a la memoria su desprendimiento hacia el prójimo y la proyección de unos sentimientos de humanismo demasiados adelantados para su época.

Fue una cubana de finísima sensibilidad hacia los más necesitados de su especie. Prueba de ello fue la fundación de las escuelas gratuitas “San Pedro Nolasco”, “Santa Rosalía” y “El Gran Cervantes”, así como el asilo para pobres “San Pedro y Santa Rosalía”, y muchos otros centros de beneficencia.

Sufragó la construcción de cuatro Lavaderos Públicos en los otrora sumergibles ríos Bélico y Cubanicay, los cuales regaló a las mujeres pobres de la villa para que pudieran lavar sus ropas sin que las castigase el abrazador sol tropical. Esta idea la puso en práctica luego de regresar de un viaje por Suiza, donde se percató que este tipo de servicio existía, y que por ende sería de valiosa ayuda a sus coterráneas más humildes.

Sus dádivas llegaron de igual forma a las esferas del progreso de su ciudad natal. La construcción del teatro “La Caridad”, el equipamiento del Observatorio Astronómico Meteorológico Municipal o dotar a Santa Clara de una planta de energía eléctrica para el alumbrado público, fueron hechos que transformaron a la ciudad en una de las primeras en poseer estos adelantos.

Asimismo, su accionar en el desarrollo religioso de la localidad se notó sobremanera, pues se sabe de sus constantes donativos a pequeñas parroquias e iglesias cristianas. Se le suman también aportes para remodelar la Parroquial Mayor y la erección de un obelisco a los sacerdotes Juan de Conyedo y Francisco Hurtado de Mendoza en la Plaza Mayor, hoy parque “Vidal”.

No más inició la Guerra de 1895, su actitud a favor de la libertad de Cuba la hizo partir junto a su esposo Luis Esteves a Francia, desde donde estuvo al tanto de las venturas de su Patria. Radicada en París expresó respecto a sus donaciones: “No hago más que cumplir con el sencillo deber de ayudar a los que generosamente derraman su sangre para darnos una patria libre“.

Varios analistas la ubican como la persona que más capital aportó a la Guerra del 95. Algo sobre lo que planteó en una ocasión: “¿Cómo no esforzarnos los que podemos, para que el éxito másglorioso corone los titánicos empeños de nuestros compatriotas que luchan?“.

Cuando alguien la reprendió por semejante generosidad respondió con firmeza: “Mi última peseta es para la revolución, si hace falta más y se acaba mi dinero, venderé mis propiedades, si se acaban también, mis prendas irán a la casa de ventas y si todo esto fuese poco, nos iríamos nosotros a pedir limosnas para ello y viviríamos felices porque lo haríamos por la libertad de Cuba“.

Los aportes de La Benefactora a la causa de la libertad en la Isla no se conocen con exactitud, amén de que algunos ni siquiera se conservan en los anales de la historia. Algunos estudiosos calculan en más de 500 000 pesos de la época lo que esta criolla entregó a la lucha por lograr que Cuba se liberara del oprobio español.

Durante una visita que El Generalísimo Máximo Gómez realizó a Santa Clara, el 13 de febrero de 1898, exaltó su figura al decir: “No saben ustedes los villaclareños, los cubanos todos, cual es el verdadero valor de esa señora… Si se sometiera a una deliberación en el Ejercito Libertador, el grado que a una dama tan generosa habría de corresponderle, me atrevo a afirmar que no hubiera sido difícil se asignara el mismo grado que yo ostento“.

La existencia de Marta Abreu desde aquel 13 de septiembre de 1845 en que vio la luz, hasta que cerró los ojos en la niebla parisina el 2 de enero de 1909, se resume como un conjunto de actos de belleza y caridad. No por gusto los santaclareños se han quitado el sombrero ante ella por más de 100 años, pues en sus corazones está grabada la imagen de la ilustre patricia.

Este nuevo aniversario de su nacimiento, como muchos otros, vino adherido a la mirada triste de varios de sus paisanos, quienes vieron con desgano como los medios de difusión comunistas en la provincia repitieron que Santa Clara es “La Ciudad del Che“. Mientras Marta, sentada en su butaca de épico bronce enclavada en el parque “Vidal”, contempla el devenir de una población que ama la tradición, la historia y la verdad, y que por más que lo intenten no la apartan a ella nunca de su mente, pues esta es y será por siempre su ciudad fiel y agradecida.

Marta Abreu en su butaca del parque Vidal.
Marta Abreu en su butaca del parque Vidal.

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