Revolución y Derechos Humanos (XIII), Rolando Ferrer Espinosa.

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Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 1 de noviembre de 2013, (FCP). El Artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos enfatiza: “Toda persona tiene Derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este Derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

En Cuba todo está vinculado a la política, y también lo está la religión. Para poder ser admitidos por el régimen, los distintos tipos de religiones deben plegarse al Estado, o sea, a los designios del Partido Comunista de Cuba (PCC), donde se llega casi a militar en esta organización política desde el punto de vista funcional al regirse por las orientaciones y fiscalización del PCC.

Tampoco existe libertad de pensamiento ni de conciencia. El régimen tiene previsto hasta lo que los individuos deben pensar, para ello se cuenta con un plan de estudios donde se incluye la Filosofía Marxista-Leninista, que adoctrina a los seres humanos desde muy pequeños en pos de obedecer ciegamente a la tiranía comunista, y es esta convicción masoquista a la que la tiranía llama “conciencia”.

Esta conciencia comunista es la resignación de cada cual para soportar privaciones. Se vincula con la capacidad de seguir adelante servilmente con la dictadura y el lema de que “se lucha por una sociedad justa con igualdad plena para todos, que se alcanzará en un futuro no lejano“, y así llevamos 54 años con ese cuento.

La Ley de Leyes cubana, como parte importante del Sistema Estatal se ha ocupado de legislar estos Derechos que son de reclamo internacional. Con gran verborrea hipócrita la Constitución de la República dedica un Artículo a la libertad de conciencia y de religión, lo cual los pone en una situación de desenmascaramiento público de la realidad que vive la Isla.

Artículo 55 de la Constitución: “El Estado, que reconoce, respeta y garantiza la libertad de conciencia y de religión, reconoce, respeta y garantiza a la vez la libertad de cada ciudadano de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna, y a profesar, dentro del respeto a la Ley, el culto religioso de su preferencia. La Ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas”.

Este Artículo de la Carta Magna cubana se contradice el mismo en su contenido. Se habla de libertad de religión, de respeto y garantías estatales para las prácticas religiosas, y finaliza diciendo que la Ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas. ¿Por qué hay que regular por la Ley dichas relaciones?, pues porque más bien se trata del control por el Estado de las instituciones religiosas y sus actividades.

Al revisar el Capítulo VII de los Derechos, Deberes y Garantías Fundamentales en Cuba, normado por la Constitución, notamos la ausencia del Derecho a la libertad de pensamiento. Será acaso que los legisladores olvidaron el asunto de la libertad de pensar, o será que el régimen quiere evitarles a los ciudadanos el atormentarse en pensar hallar soluciones a tantos problemas.

El Artículo 19 de la Declaración indica: “Todo individuo tiene Derecho a la libertad de opinión y de expresión; este Derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Para el caso de los cubanos es muy sencillo hacer un análisis en relación con este precepto de la Declaración Universal. En síntesis se viola íntegramente de principio a fin, aquí no se puede opinar diferente del régimen, pues se puede recibir golpizas, ir a prisión, y hasta ser asesinado, incluso en el supuesto de realizar la opinión fuera del país.

Los comunistas han acondicionado y camuflado este tema de la libertad de opinión, tácitamente no lo mencionan, y en su lugar desvían la atención con algo similar, pero diferente. Se subordina la libertad de palabra a la sociedad socialista, cosa que es una fachada para no decir al Estado o al régimen, así eliminan la iniciativa individual de los ciudadanos como ente de la sociedad, y cierran magistralmente el Cuerpo Legal con que la Ley regula estas libertades, y quién es la ley sino la propia tiranía.

Señala el Artículo 53 de la Constitución: “Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad. La Ley regula el ejercicio de estas libertades”.

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