¿Y Tú por Dónde Andabas? (II y Final), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 15 de noviembre del 2013, (FCP). Sin embargo, La Gorda le entregó el corazón a uno de los reprimidos, quien era un Prisionero de Conciencia, de los que el novio de su colega hostigaba día a día. A partir de estas relaciones amorosas la situación entre ambas era insostenible y por lo tanto dejaron de dirigirse la palabra.

Una cuestión que las hizo autopercibirse como enemigas ideológicas en aquel campo de batalla en que la delación estaba a flor de piel y se respiraba un miedo ambiente represivo. La antigua amistad de ambas se transformó en un sentimiento morboso, pues a terceras personas ellas se encargaban de asegurarles que la otra, era lo peor de lo peor.

El momento de ruptura entre las galenas no se hizo esperar, puesto que ambas militaban en el mismo Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas. La propia Yusmila solicitó la sanción de Separación Definitiva de las Filas de la UJC como joven comunista, a su “amiga” Raisa, por ser la novia de un Prisionero Político.

Esto trajo el traslado forzado de La Gorda hacia una policlínica de la ciudad de Marta Abreu, le alegaron que ya no era Confiable Políticamente. Los acontecimientos se precipitaron. Raisa como buena capricorniana se aferró a su reo e incluso se casó con él, mientras su condiscípula Yusmila, para no quedarse atrás, también contrajo nupcias con su lindo “seguroso”.

Cual castrista, La Delgada arribó desde los meses finales de 2009 a Venezuela, para prestar colaboración médica a ese pueblo. En ese mismo país se le incorporó en el 2011 su esposo, ya licenciado de la Policía Política. Pero como era graduado de Licenciado en Derecho, este fue reciclado a asesor jurídico de algún gobierno chavista de uno de los estados venezolanos.

Más o menos por esa misma fecha La Gorda y su cónyuge partieron bajo el status de Refugiados Políticos hacia Estados Unidos de América. Él había sido liberado en el 2011, cuando ocurrió la visita del Papa Benedicto XVI. Los exiliados se instalaron en New Jersey y le agregaron un nuevo hermano al vástago nacido en los pabellones conyugales de la prisión.

En el barrio se estableció una especie de competencia muy morbosa entre las dos familias de las médicas de marras, pues ambas trabajaban en el exterior. La Delgada regresó a los tres años a Cuba y a los 10 meses volvió a salir por otros cinco años hacia la República de Sudáfrica, donde los médicos cubanos reciben unas prebendas salariales mucho más jugosas.

Por su parte, a La Gorda no le interesó revalidar su título de médica en los Estados Unidos de América. Se concentró en graduarse y especializarse como enfermera, labor por la que comenzó a ganar 90 dólares la hora, un buen salario en el Primer Mundo. Les enviaba a sus familiares jugosas remesas para que sobrevivieran en el caos económico existente en Cuba.

Entre las dos familias se instituyó una sui generis competición, la cual se observaba a través de las respectivas ampliaciones constructivas a las casas de sus progenitores. Los vecinos del empobrecido Condado Sur miraban asombrados cómo cada vez que los consanguíneos de La Gorda compraban algo lujoso, los familiares de La Flaca hacían lo mismo, y viceversa.

Sus domicilios se convirtieron en sendas vitrinas de la ostentación, para demostrar la magnitud de la moneda dura que poseían. Aquella competición se trasformó en algo enfermizo y desgastador, pero el trasfondo que la sustentaba era un enfrentamiento ideológico entre los cubanos: los partidarios del totalitarismo versus los antitotalitarios.

Ambas ejecutaban sus compras dentro de la tienda, que por ser de barrio no es muy grande, Yusmila le espetó a Raisa: “No te da pena que abandonastes a tu pueblo y a tus pacientes para venderte a los dólares yanquis, mientras nuestro pueblo sufre el bloqueo norteamericano y hasta tu marido trabaja para la Mafia Anticubana”.

La Gorda le respondió: “Y a ti no te da lástima con los pacientes cubanos, que tienen que ir al Hospital Viejo o El Nuevo de Santa Clara, que se están cayendo a pedazos y sin medicamentos, y los médicos comunistas como tú prefieren trabajar y cobrar en dólares fuera del país, y no en los devaluados pesos cubanos de Fidel ¿Y tú por dónde andabas?

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