Lucha No Violenta: Garantía de Reconciliación (I), Guillermo Fariñas Hernández.

La ChirCocousa, Santa Clara, 6 de diciembre del 2013, (FCP). Cuando en ocasiones me tropiezo fortuitamente con mis excompañeros de armas, tanto de Los Camilitos, Angola o la Unión Soviética, siempre me preguntan algo sorprendidos respecto a mis ideas pacifistas. En las mentes de todos estos amigos míos no les acaba de entrar mi  pública  renuncia a la violencia.

Sin lugar a dudas, los primeros minutos de estas pláticas amparadas por las noches, cual manera de evitar la represión de la siempre vigilante Dirección de Contra Inteligencia Militar (CIM) respecto a los militares, se van en lo anecdótico. Ellos, a pesar de ser parte del castrismo, también son y están desinformados, pero desean saber para valorar por ellos mismos la realidad.

Las preguntas más frecuentes son: ¿Cómo fue la conversación con el legendario guerrero anticastrista Luis Posada Carriles?, ¿Continúa siendo un hombre lúcido y claro el comandante del Ejército Rebelde Huber Matos? o ¿Tiene tanto odio en su corazón hacia nosotros, como nos afirma la CIM, el hombre que capturó al Che Guevara, Félix Rodríguez Mendigutía?

Otras averiguaciones se constituyen en menos frecuentes, no obstante, llevan una gran morbosidad al ser preguntadas, estas son: ¿Los americanos conocen todos nuestros planes por las técnicas sofisticadas de espionaje que poseen? ¿Los americanos te dijeron si Fidel ya estaba muerto o no? ¿Los americanos te informaron con detalles sobre la salud de Raúl?

Cuando tenemos algo más de tiempo y afloja un poco el miedo a ser vistos en una conversación nocturna en plena calle con un “connotado contrarrevolucionario”, es entonces que averiguan estupefactos respecto a mi transformación de humano violento a no violento. Estos amigos de la adolescencia y los rigores militares no comprenden cómo se puede dejar de odiar.

Para todos estos otrora guerreros de verde olivo constituye un gran asombro mi conversión a la no violencia, porque aún se acuerdan de mi proverbial agresividad dentro del medio escolar-militar donde nos conocimos. Para decirlo en términos psicológicos, los Mecanismos de Defensa usados por mí y mis coetáneos eran altamente pendencieros.

Me refieren frases mías que a ellos, como oficiales del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), les han proyectado en videos la Dirección Política del MINFAR. En estas he asegurado que: “…yo hago huelgas de hambre, porque prefiero hacerme daño físico a mi persona y no a mis adversarios políticos… “.

Me recuerdan con lujo de detalles mi alto nivel de violencia en las relaciones interpersonales con mis coetáneos, cuando cursé las enseñanzas secundaria y preuniversitaria en la escuela de precadetes de Los Camilitos de Villa Clara. Debo confesar que era uno de los alumnos más camorristas de los que había por aquellos predios castrenses.

Algo que no fue inopinado, pues yo ya estaba social y comunitariamente precondicionado, debido a que provenía de dos núcleos familiares residentes en sendos barrios marginales: La Chirusa y El Condado. Mi madre Alicia Hernández Cabeza nació y se educó en el primero, mientras mi progenitor Guillermo Fariñas Key lo hizo en el segundo.

Durante toda mi niñez, lo que incluye a la enseñanza Primaria, me asocié y por tanto resulté influenciado por dos familias marginales y pendencieras en Santa Clara, estas fueron Los Pitines en el área de La Chirusa y Los Jamaiquinos en la zona de El Condado. Esta interacción y mutuo respeto de mí hacia ellas y de estas hacia mí prosigue hoy día.

Tanto es así, que ya casi una decena de la siguiente generación en la familia marginal Los Jamaiquinos forma parte de la concertación política Foro Antitotalitario Unido adjunta a la Unión Patriótica de Cuba (FANTU-UNPACU) y se proyectan como disidentes públicos o no públicos. Los que más se ven son un trio de mujeres jóvenes que pertenecen a Las Damas de Blanco.

En ambas barriadas predominaban y predominan las actitudes de matonismo violento, muy reforzado con un leguaje obsceno y sumamente agresivo, actitudes a las que había que adaptarse cual modo de sobrevivir comunitariamente. Todo esto conformó los rasgos de la personalidad que yo poseía a los 12 años de edad, fecha en la que entré a estudiar en Los Camilitos.

El cronista durante una huelga de hambre en 2006.

El cronista durante una huelga de hambre, en 2006.

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