Lucha No Violenta: Garantía de Reconciliación (II), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 13 de diciembre del 2013, (FCP). Mis excondiscípulos me aseguran que ellos entienden ahora el porqué de la exacerbación de los métodos de fuerza por parte de los oficiales del MINFAR para con nosotros, unos adolescentes aspirantes a militares. Nuestras mentes, conciencias y cuerpos eran meros polígonos de prueba dentro de la Cuba totalitaria.

Me recuerdan, y no sin razón, que todos nosotros como Camilitos estábamos obligados a entrenar deportes de combate. Que formaba parte de toda una planificada política para lograr despertar en nosotros, unos ingenuos adolescentes, ser transformados en seres humanos sumamente belicosos, los necesarios para matar a sus semejantes en las futuras guerras del fidelismo.

Toda una serie de conductas que han rebasado el siempre estrecho marco castrense y en muchos casos se transformaron en modos de vivir, pues nos condicionaban un grupo de posturas reflejas altamente agresivas hacia el medio que nos rodeaba y aún rodea. La inmensa mayoría de quienes pasaron por Los Camilitos en aquella etapa aplicaron o aplican la violencia en el hogar.

Claro que con el paso del tiempo esto no ha sido en blanco y negro, pues algunos de mis compañeros de estudio se han sabido moderar y se convirtieron en apaciguadores de su propio odio interior. Mientras, otros de estos antiguos Camilitos desgraciadamente nunca lo han logrado y tuvieron que ir a parar con sus huesos a la cárcel, donde aún permanecen algunos.

Algunos de ellos ya comprendieron, y por sus conversaciones me doy cuenta, que estos métodos constituían toda una preconcebida astucia de adiestramiento a la agresividad que todo ser humano carga en su interior. Se valora lo preconizado por la filosofía marxista-leninista, en la cual se afirma: “ …el odio al enemigo es el que mantiene activo nuestro espíritu de combate… “.

Como aseverara el insigne psicoterapeuta austriaco Sigmund Freud, el máximo exponente de una importante y esencial Escuela Psicológica denominada Psicoanálisis: “… todo sujeto lleva dentro un ser diabólico y otro angelical, pero cómo este será y se manifestará hacia sus semejantes lo impondrá el medio social …”.

A la misma vez, era una característica muy necesaria para sobrevivir en las futuras contiendas bélicas por venir y que nosotros todavía no avizorábamos, pero los líderes castristas sí conocían que pronto guerrearíamos. No por gusto algunas de las escuelas castrenses del totalitarismo cubano fueron enviadas hacia Angola cuando no había nada decidido.

Actuábamos cuales unos niños con juguetes nuevos y solamente jugábamos en nuestros cerebros a llegar a ser un buen día generales del MINFAR. No conocíamos que pronto sería en la praxis donde se demostraría si éramos posesores o no del cinismo necesario para ser gobernantes en esta Isla sin suerte para la democracia.

Ya en aquellos años 60 y 70 del pasado Siglo XX Fidel y Raúl Castro tenían en mente la formación del personal para el African Corps y nosotros simplemente seríamos sus soldados. Sobre todo la proyección muy personal del hermano mayor, quien usó el sentimiento internacionalista de la ciudadanía nacional para elevar el nivel de orientación.

Pensaba en un cuerpo de guerreros que actuarían, y actuaron, como tropas de ocupación en países del Tercer Mundo, donde el totalitarismo cubano podía y puede introducirse en los asuntos internos de cada uno de los países. Por eso, de una manera moral quisiera seguir al lado de aquellos que un día nos felicitaron y respetaron.

Mis compañeros de estudio o de armas me confiesan que arribaron a la madurez como Sujetos Psicológicos y que saben a nivel ideal que el uso de la violencia en cualquier circunstancia sería nefasta para ellos o sus familias. Sin embargo, siempre tienden a buscar los métodos de fuerza que un día bien aprendieron como forma de solución a sus conflictos personales.

Por supuesto que esto no es su culpa y sí es yerro de la Revolución, entendida esta como una transformación social radical mediante el uso de la violencia y donde solo se glorificaron las metodologías de fuerza para alcanzar el poder político. Según la filosofía castrista, todo cambio que no acarreara el uso de la violencia no era puro y debía ser mirado con sospecha.

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