El Falso Poder de los Trabajadores. Ramón Jiménez Arencibia

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 10 de enero del 2014, (FCP). Durante decenios se ha propalado con insistencia que el Estado cubano representa los genuinos intereses de los trabajadores. Miles de artículos periodísticos y cientos de libros se han escrito al respecto. La Clase Obrera nunca ha ostentado el poder, y mucho menos en alianza con los campesinos, como reza el eslogan de los comunistas del patio.

Mucho se habló y recogió en manuales de obligatorio estudio en las escuelas y universidades cubanas de las verdades de la teoría marxista-leninista, que postulaba el poder de la Clase Obrera y la instauración de la Dictadura del Proletariado. El curso de los acontecimientos en los últimos años ha desvanecido los axiomas de esta doctrina.

Ninguno de los dirigentes actuales de esta revolución procede de las filas del proletariado. Es un engaño al intelecto humano plantear que este es el poder de los trabajadores en alianza con los campesinos. Cada una de las medidas posteriores adoptada por el gobierno castrista ha estado dirigida a disminuir el papel de estos sectores en la vida nacional.

En el año 1959 el nuevo gobierno expropió tierras a sus antiguos dueños y se las entregó a los campesinos. Años más tarde esas mismas tierras les fueron arrebatadas a los hombres del campo para dar inicio a los Planes Agrícolas Especiales. Muchos que se resistieron a esas medidas fueron expulsados del lugar, y otros murieron en las guerrillas campesinas.

Los campesinos tenían pequeñas parcelas de tierra de la cual eran propietarios, y otros muchos las explotaban en la condición de arrendatarios de las mismas. Con los planes agrícolas implantados por el Estado, en busca según ellos de mayor productividad, los hombres del campo perdían su condición de campesinos libres y se convertían en asalariados del gobierno.

No había intereses comunes entre los campesinos y los obreros, como plantea la doctrina marxista de la lucha de clases, como tampoco el hecho de estar desprovista la clase obrera de la propiedad sobre los medios de producción la hace ser más revolucionaria. En el siglo XX no fueron los trabajadores ni sus representantes los que encabezaron las transformaciones políticas.

En Cuba no fue el movimiento obrero ni el partido de los comunistas cubanos los que dirigieron la lucha contra la tiranía de Batista. El papel más relevante lo jugaron los estudiantes y la clase media cubana. Esta nunca fue la revolución de los humildes y para los humildes que demagógicamente proclaman los líderes de la revolución.

Varias leyes de sentido popular fueron aplicadas por el gobierno de Fidel Castro en sus inicios para granjearse el apoyo popular. Fueron medidas demagógicas que no guardaban relación con la real situación de la economía cubana, heredada de la administración anterior. El populismo echó raíces a partir de aquella fecha, y se expresó a través de las decisiones de la burocracia partidista.

Hoy el movimiento obrero es una masa amorfa sin posibilidad de actuar de forma independiente, mal dirigida por un partido burocratizado, que ya no es llamado “el de la clase obrera” sino “el de todo el pueblo”. Quien haya estudiado a fondo la génesis del surgimiento de los partidos comunistas llega a la conclusión de que los ortodoxos de esa tendencia llamarían revisionistas a los hermanos Castro.

Todo lo que se afirma es mentira. Entran en evidente contradicción con el programa doctrinario del movimiento comunista internacional. Estos partidos, después de la desaparición de la antigua Unión Soviética, han adulterado su esencia ideológica, y forman parte de la resaca dejada por el fascismo y el totalitarismo.

Constituye una falsedad afirmar que los trabajadores dirigen el poder del Estado en Cuba. Para nadie es un secreto que el poder hegemónico es dirigido por una dinastía que ha condenado a la población de este país a sufrir los efectos de una hecatombe económica. La burocracia gobernante no tiene ya argumentos para justificar sus errores doctrinarios y políticos.

Mentira teórica es afirmar que el proletariado cubano construye en Cuba, junto a los campesinos, el mal llamado socialismo. Ni los trabajadores ni los campesinos defenderán jamás un régimen social que viola los más elementales derechos del ser humano. La Dictadura del Proletariado quedará en el tiempo como una simple aberración histórica.

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