El Verdadero Pueblo Indignado. Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 24 enero del 2014. (FCP). Durante muchos años los dirigentes de la revolución, como antes lo proclamaron Hitler y Mussolini, “el pueblo enardecido e indignado apoyaba las barbaries por ellos cometidas”. Tremenda falsedad, a pesar del terror implantado, de la censura y del acoso de que son víctimas los opositores pacíficos, la historia se ha encargado de desmentir estos falsos conceptos.

En los primeros años de la revolución Fidel aplicó una serie de medidas, que eliminaban o limitaban la propiedad individual, con un solo y único objetivo, ganarse el apoyo de los trabajadores. La demagogia y el populismo tan en boga hoy por sus seguidores en Latinoamérica, fue aplicado por el máximo líder al pie de la letra.

Ganarse a las masas, para ejecutar el triste designio de esclavizarlas espiritualmente, ese fue La idea central del pensamiento castrista. Al compás de esas notas musicales bailaron todos los que entraron en la nomenclatura oficial, beneficiados por las nuevas formas de propiedad, concentradas fundamentalmente en manos del Estado.

Mucho antes de la caída del Campo Socialista, ya Fidel había instrumentado los actos de repudio, contra los disidentes pacíficos. En su afán de poder y su enorme espíritu totalitario y antidemocrático, no admitía la vigencia del el pensamiento ajeno. Quien no actuara igual que él era estigmatizado y destruido moral, política y físicamente.

Los abusos, los atropellos, los encarcelamientos y hasta los asesinatos, fueron institucionalizados con el inocente pretexto de que se hacían para defender el poder de los obreros y de los campesinos. Cuantas arbitrariedades y violaciones se cometieron en nombre del poder de los humildes como demagógicamente proclamaban, por los humildes y para los humildes.

Todos los medios de difusión masiva al servicio del régimen, se puso en función de adormecer al pueblo cubano. La cultura, la enseñanza, las artes y la ciencia, entraron en un proceso de adocenamiento, la investigación científica en la esfera de las ciencias sociales y económicas, dejó de tener un carácter objetivo, adopto una posición partidista y subjetiva.

Para paralizar el creciente descontento de la población, ante la nefasta política económica que aplica el régimen y la falta de libertades públicas, el líder totalitario, volcó a simpatizantes ciegos y fanáticos, contra la oposición. Como en los tiempos del fascismo y del nazismo la cruzada era contra todo pensamiento democrático, liberal y progresista.

Cuanta gente inocente por enfrentarse al partido único y a la mal llamada dictadura del proletariado, fueron vilipendiados, agredidos y hasta asesinados por estas turbas, herederas de lo más nefasto del fascismo. Páginas enteras recogen la triste historia de los actos de repudio, arma utilizada por los enemigos de la libertad contra los luchadores pacíficos.

Es evidente que la crisis económica, política y social, que abate al pueblo cubano hace más de medio siglo, ha determinado cambios en el comportamiento de algunos sectores de la población. Los acontecimientos pasados y recientes han enseñado hasta las personas más comprometidas con el sistema, que no existe posibilidad de progresar bajo esta cruel tiranía.

No existe hoy en este país, ningún núcleo poblacional que se mueva por la conciencia. Para combatir a la oposición pacífica, y llevar a algunos sectores a participar en los actos de repudio, apelan al estímulo, a las promesas y a las amenazas. Hasta han llegado las autoridades a establecer convenios con e incluir en sus nóminas a los peores delincuentes.

Hay un ejemplo reciente que indica como la correlación de fuerzas cambia y no es a favor del totalitarismo, sino de los que luchan contra la dictadura y en favor de la democracia. El día 20 de enero quedará recogido en la historia, como el inicio de la derrota de los actos de repudio, y la victoria de la acción popular contra la política de terror coacción que aplica el régimen.

Victoria de las ideas fue la del lunes, el pueblo se solidarizó con la oposición pacífica y repudio a las turbas parapoliciales, a la Brigada Especial de la Policía Nacional Revolucionaria y a la Policía Política. Una vez más se confirma, que este es el verdadero pueblo indignado, el que se coloca al lado de las ideas honestas y democráticas.

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