Falsas Ilusiones y Vanas Esperanzas. Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 3 de enero del 2014, (FCP). Durante más de medio siglo, los ideólogos del marxismo-leninismo se han empeñado en demostrar que la crisis económico-financiera actual que afecta a muchos países europeos es el colapso inevitable del Capitalismo. Cientos de libros, revistas y otra literatura, han tocado el tema con el objetivo de revivir lo que la propia historia se ha encargado de enterrar, el Sistema Comunista.

La izquierda mundial, y particularmente la latinoamericana después de alcanzar algunos triunfos electorales en varios países de este hemisferio, se dispone a dar la batalla contra las posiciones democráticas y liberales. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador y Raúl Castro de Cuba, dirigen esta porfiada lucha.

Con el visto bueno de Fidel Castro y del difunto presidente Venezolano Hugo Chávez, surgió la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Con anterioridad ambos mandatarios, ideológicamente unidos, crearon la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Estos organismos regionales buscan el aislamiento de los Estados Unidos.

En la proyección inicial de estos antimperialistas estaba presente enfrentar a estas naciones a las posiciones que mantiene el gigante norteamericano en todos los campos de la actividad política, económica, científica y diplomática. Frente al país que es exponente de la Democracia y baluarte de la libertad de expresión, se levantaban los enemigos de la misma.

Durante el largo recorrido por la historia de estas decenas de años, el tiempo se ha encargado de demostrar que la política recomendada por la izquierda no ha dado buenos resultados. Dogmáticos y antidialécticos, enemigos de todo cambio sustancial que conlleve mayores libertades individuales y políticas, persisten en cometer errores teóricos y prácticos.

Estos trasnochados defensores del totalitarismo comunista aún repiten que el sistema capitalista está destinado inevitablemente a ser sustituido por el socialismo. Así se expresa el cocalero Evo Morales, presidente boliviano, y es el lema que une los pensamientos y las esperanzas de aquellos que lloran permanentemente la desaparición de la Unión Soviética.

Cada discurso de estos paladines del Socialismo del Siglo XXI viene cargado de las falsas ilusiones y vanas esperanzas que quieren sembrar en sus pueblos. Hasta ahora, el socialismo no ha mostrado ni el milagro de la producción ni el de la transformación psicológica. Tampoco ha colocado los indicadores que señalan el camino de la revolución en la naturaleza humana.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela gracias al fraude electoral, repite lo que en su tiempo hizo el octogenario Fidel Castro, crear enemigos donde no los hay. Constantemente inventa conspiraciones contra su gobierno y planes de desestabilización por parte de la oposición en contubernio con los Estados Unidos.

Lo mismo plantean Correa, Evo Morales, y Raúl Castro, y de forma general todos los presidentes integrantes del ALBA. Las intrigas y maquinaciones integran el arsenal de falsas acusaciones y calumnias que desarrollan estos mandatarios, con el fin de desviar la atención de la opinión pública internacional sobre las constantes violaciones de los derechos humanos que cometen.

Las falsas esperanzas y las vanas ilusiones que han alimentado estos cabecillas de la izquierda latinoamericana se desvanecen ante cada acontecimiento. Existe una enorme incertidumbre en las esferas oficiales sobre el futuro desenlace de la situación en Venezuela, nación que ha venido a sustituir a la antigua Unión Soviética en cuanto al otorgamiento de subsidios a Cuba.

Aceptar que el Capitalismo es relativamente superior al Socialismo es difícil para estos promotores de las políticas de izquierda. Este sistema tiene los mismos o parecidos defectos que el Capitalismo, pero los agrava elevándolos al cuadrado, al ocultar o disfrazar sus síntomas y suprimir sus pruebas.

Reconocemos hoy, y cada vez se hace más evidente, la incapacidad del socialismo de proporcionar mejores niveles de vida que el capitalismo. Solo se resisten aceptar como verdadero este axioma los que en las cerradas filas del partido y del Estado se empeñan en ser ciegos. Es lamentable que sigan con sus falsas ilusiones y vanas esperanzas.

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