Frank Delgado a Guitarra Limpia, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 17 de enero de 2014, (FCP). La noche del pasado sábado 11 de enero no fue una más dentro del trovadoresco festival “Longina”. Y si en las demás jornadas que tuvo este encuentro de la nueva canción de autor no faltaron excelentes entregas musicales de varios artistas, la propuesta de Frank Delgado durante la 18va edición del evento merece algo más que este comentario.

Igual al 19 de octubre de 2009, fecha de su anterior visita a Santa Clara, el Teatro La Caridad sirvió de sede al singular concierto. Con la sola diferencia de que esta vez la presentación del fecundo cantautor fue a guitarra limpia casi hasta el final.

El primer acorde que se oyó en el bello recinto fue “Pata sucia”, rumba de matices rocanroleras a la que siguió “Cuando se vaya la luz mi negra” y su sonoridad blues distintiva. No obstante, los primeros aplausos al músico que quizá mejor aborde la realidad cubana llegaron con “El gorrión”, canto a un “gorrión cualquiera” que, con todos los provechos que esto entraña, tuvo “la buena suerte de viajar y llegar y anidar en el Comité Central“.

Por años la Revolución Cubana negó que existieran prostitutas, por ello “Embajadora del sexo” fue tan coreada, al igual que “Gallego”. Las meretrices, al ser “más rentables que algunas instituciones“, salieron mejor que los colonialistas iberos, pues ellas siempre dejan “un rosario de opiniones” por donde pasan, y a estos, que “en menos de dos siglos acabaron con los indios” y luego “nos vendieron a los yanquis como una fruta madura“, finalmente les advirtió que si “Maceo resucita y va a entrar al Sol Meliá” de seguro “se arma otro Baraguá“.

El afán de miles de cubanos por nacionalizarse español lo abordó en “Cubañolito”, canción que habla del porqué “ya nadie quiere ser cubano“, de las ventajas de tener “un bisabuelo vasco“, y de que “la voz de mando tiene acento gallego“. Y aunque el futuro cubano-español esté aún en papeles, pide ya que le traten de usted, pues es “tataratataratataratataranieto de Hernán Cortés“.

Con “Qué mala es la aduana” Frank criticó la corrupción y el papeleo reinante en dicha entidad, e hizo saber que por ello le”van a revisar con lupas” el día que pase por allí. Después cantó “Cuando te vi”, “Carta a Santa Claus” y “Harry Potter”, y pudiera decirse que las escribió todas para niños, pero al analizar sus letras se nota que fueron hechas para cualquier sector generacional.

Una canción, cuyo nombre ignoro, que aunó en una historia de amor a nuestra Cecilia Valdés, al amante universal Casanova y a La Bella Durmiente, fue la elegida para increpar el detestable tema del machismo. Mientras en “El búfalo y la moringa” se mofó del absurdo sugerido por Fidel Castro de suplir carnes y otros derivados de los animales, y apostar por el consumo de moringa.

“Trova-tur” fue de esas canciones que al oírla simpatizas con el fortuito guía de extranjeros que cobra en una moneda que “no cabía en ningún monedero“, y que “sorprendido en un hotel cuando imitaba un porteño” le advierten: “si te quieres perder vuélvete a hacer el turista“. Por su parte, “Utopía” versó sobre ciertos sacrificios que se han de hacer, como “empapelar la ciudad” o “aprender de memoria el libro de Simone de Beauvoir“, con tal poder amar.

Para la recta final del concierto Frank se auxilió del percusionista local Ariel Marrero, quien fue de precisa ayuda cuando en “La conga del barrio chino” se oía el siguiente estribillo: “me gusta la comida criolla, de la pizzería china, que sirven los negritos camareros, en el barrio chino de La Habana“. De igual modo fue de valiosa ayuda la actuación del lugareño en “Tu alma se perdió en la carretera”.

A esta altura de la noche, pasadas las once, la multitud clamó por clásicos como “Angola” o “La isla puta”, no obstante, Frank optó por “La otra orilla”. Canción que explica cómo por décadas hubo de hablar en voz baja sobre sus parientes exiliados, pues el régimen comunista de la Isla le dijo “que eran gusanos que habían abandonado a su pueblo”, y después les permitió regresar “sin amnistía, pues necesitamos su dinero, o su consuelo”.

Cerró el concierto con la pegadiza y cadenciosa “Orden del día”, tema que entre otras cosas nos insta a hacerle “un guiño a la muchacha de la esquina” o a reírnos de un calvo, que “eso un día no hace daño“. Y aunque el concierto merece algo más que este comentario, con esta inspiradora y sincera forma de alegarnos la vida concluyó Frank Delgado su espectáculo en la decimoctava edición del “Longina”.

Delgado durante su actuación en el Longina.
Delgado durante su actuación en el Longina.

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