Jesucristo, Nuestro Ejemplo (XV), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 17 de enero de 2014, (FCP). Hablamos acerca de Jesucristo, el primogénito de esta raza que habita debajo del sol, así que hablamos también de lo que lo seres humanos estamos llamados a ser, y de cómo este proceso tiene lugar en el individuo que ha sido redimido. Aquellos que hemos aceptado la misericordia y la gracia del Señor, no podemos cansarnos de testificar de las maravillas que Dios ha hecho.

El apóstol Pedro señaló: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1Pe.2.21). El sufrimiento formó parte inequívoca del legado dejado por Jesús, aunque muchos no desearían nunca hablar del tema, lo cierto es que indiscutiblemente estará en la vida de los cristianos.

Padecer por causa del evangelio es seguir el ejemplo de Cristo y de sus apóstoles, por lo que más bien es un gran privilegio para aquellos creyentes que poseen este conocimiento y están dispuestos tanto a la bendición como al sufrimiento. Bien que podemos decir que normalmente en la naturaleza humana no está el esperar tiempos malos.

En el caso de los cristianos no es diferente, aunque sí debemos entender que al poner nuestras vidas al servicio del Todopoderoso, no todo es color rosa y el sufrimiento formará parte en nuestros ministerios. El argumento es sencillo: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento” (1Pe.4.1).

Aquellos que sufren por causa de Cristo en este proceso de conformidad a Su imagen, encontrarán que es más fácil resistir el pecado y seguir los preceptos de Dios, debido a que se han unido a Jesús y han tomado Su cruz. El resultado de semejante experiencia es que el pecado pierde su atractivo y la voluntad del Altísimo adquiere suma importancia.

Podemos decir que toda la Escritura, dese Génesis hasta Apocalipsis, nos habla de la transición a la que el ser humano, hecho a imagen y semejanza del Creador, está llamado a entregarse para ponerse al alcance del propósito del cielo. Nicodemo quedó atónito al escuchar: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn.3.3).

Un importante punto a tener en cuenta es lo tocante a la posición e importancia dada a la Palabra de Dios, el primer Adán no se sujetó al precepto divino que establecía que: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Gn.2.16-17). Este solo demostró su abandono a su propia voluntad y terminó en un rotundo fracaso.

Rechazar los designios divinos lleva al hombre natural al mismo fracaso de la primera pareja humana, y al final solo cosechará la muerte eterna. Todos debemos entender que costó al Altísimo un alto precio el abrir un camino nuevo a Su presencia, y para que ocurra el milagro de la transformación, la Palabra de Dios debe ser plantada en nuestro espíritu.

Jesús comenzó Su ministerio terrenal después de ser bautizado con el Espíritu Santo, y es curioso que el primer evento registrado resultara ser la tentación de Satanás, quien usó la misma Escritura. No obstante, el Mesías demostró ser un hombre gobernado por Dios: “Jesús le dijo…, escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc.4.8).

El Maligno intentó, con un ataque frontal, despojar al Mesías de la vida celestial al intentar persuadirlo de ignorar algún precepto divino. Satanás no ha cambiado su propósito, así que de la misma forma que hizo con el Salvador, también intenta continuamente la caída de los cristianos al tentarnos a quebrantar o ignorar la Palabra de Dios.

Esta es la razón por la que tantos detractores intentan desvirtuar y ridiculizar las Sagradas Escrituras sin saber que luchan contra el mismo Dios. Pedro enseño que nosotros fuimos engendrados por esa Palabra: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1Pe.1.23).

Ejemplo nos dejó Cristo de ser gobernado constantemente por la Palabra divina, múltiples son las ocasiones en que podemos encontrar en sus palabras: “para que la Escritura se cumpliese“, y así satisfizo todas las profecías. Los creyentes, si en algo pretenden parecerse a Cristo, deben dejar que las Escrituras fluyan a través de sus vidas.

Pintura de Carlo Crivelli, representando de izquierda a derecha a Santiago, Bernardino de Siena y Nicodemo.

Pintura de Carlo Crivelli, representando de izquierda a derecha a Santiago, Bernardino de Siena y Nicodemo.

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