Jesucristo, Nuestro Ejemplo (XVI), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 24 de enero de 2014, (FCP). Jesucristo, el primogénito de la nueva creación y el hombre celestial, fue engendrado por la Palabra de Dios, luego fue probado por esa misma Escritura, la cual gobernó todo Su ministerio terrenal hasta que regresó a la diestra de Dios. Semejante demostración fue solo posible por medio de la obra del Espíritu Santo, con quien se encontraba en comunión (cf. Hch.10.38).

Toda la actividad del Salvador durante el tiempo en que estuvo en Palestina, vino a ser el paradigma a seguir por la Iglesia llamada cristiana, la cual se supone que esté integrada, según las Escrituras, por todos los redimidos que constituyen la nueva creación. Los que hemos nacido de nuevo estamos llamados a vivir verdaderamente por la Palabra.

No quedó lugar a dudas en cuanto a que Cristo, durante su participación de la naturaleza humana, fue un hombre completamente gobernado por la Santa Palabra de Dios. A un grupo de judíos los reprendió en una ocasión y les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn.5.39).

La imagen de Cristo estampada en el creyente abarca precisamente esto, la Palabra debe gobernar cada área de la vida de los redimidos, porque estamos llenos del Espíritu Santo quien puede ayudarnos y socorrernos en cualquier situación. El centro del propósito final del Altísimo con el ser humano es este: Conformarnos a Su imagen.

En esta empresa, la Palabra de Dios no puede ser ni menospreciada, ni manipulada al antojo de nadie con propósitos mezquinos para beneficiar a un grupo de personas, o a un sistema de gobierno, Dios nunca dará Su aprobación a tal comportamiento. No podemos decir que andamos en el Espíritu, y al mismo tiempo descuidar los preceptos divinos.

Constantemente el individuo redimido participará del estudio y la lectura de la Biblia, y esta meditación la desarrollará acompañada de la oración, para que la Palabra se aloje en lo más profundo de su ser. Cuando un individuo nacido de nuevo puede dar testimonio de esto, entonces todos sus pensamientos, palabras y acciones estarán bajo la influencia de Cristo.

Para no ser negligentes con las Escrituras, Pablo amonestó: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Col.3.16). Este va a ser el instrumento del Espíritu para el cambio.

Erróneamente algunos grupos llamados cristianos usan en sus mensajes muchos elementos de historia, política, ecología, filosofía, etc., y no decimos que este del todo mal, pero sí planteamos categóricamente que lo que transforma al ser humano es la revelación de la Palabra de Dios. Es lo único que el Espíritu va a usar para redargüir de pecado, de justicia y de juicio a un individuo.

Hay otro extremo igualmente peligroso que abunda más dentro de los círculos un poco más carismáticos, es el hecho de que algunos individuos sostienen que han recibido ciertos mensajes revelados por Dios, aunque estos no tienen ningún apoyo en la Escrituras. Contradictorio resulta esto, puesto que el Espíritu Santo nunca se va a apartar de la Biblia.

Si Cristo nos dio ejemplo de ser completamente gobernado por la Palabra de Dios, entonces los que nos llamamos cristianos debemos seguir Sus pisadas, porque “como él es, así somos nosotros en este mundo” (1Jn.4.17). La oración de cada hijo del Altísimo debe estar dirigida al hecho de que en cada denominación las personas puedan ver a Cristo en sus representantes.

Si en verdad creemos a las Escrituras, entonces creemos que estamos unidos al Hombre celestial y lo que es verdad para Él, lo es también para los que han nacido de nuevo, por tanto, la misma vida de Cristo debe estar en los cristianos. Solo entonces seremos gobernados por Su Palabra a través de la obra del Espíritu Santo.

¿Por qué algunas oraciones son contestadas y otras no? Juan expuso que la vida de oración eficaz está estrechamente relacionada con la actitud que tengamos hacia Sus mandamientos. “Y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1Jn.4.22).

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