Jesucristo, Nuestro Ejemplo (XVII), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 31 de enero de 2014, (FCP). Si es que en alguna medida, aquellos que nos llamamos cristianos, vamos a ser imitadores de Cristo, debemos entender que la Palabra de Dios es en realidad los pensamientos del Todopoderoso que han sido allí plasmados por el Espíritu Santo. Es por esta razón que Jesús, el Mesías, dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Jn.6.63).

Dicha característica hace peculiar a la Biblia, que ha sido muy efectiva para producir un cambio profundo en la vida de todos aquellos que se han acercado a ella por medio de la fe. Sin embargo, los que la ven solo como un libro de historia, de poesía, de profecías o solo como un libro mas, no pueden percibir la vida que Dios transmite a través de esas palabras.

He aquí una angosta situación, de la cual muy pocos ministros de la Palabra desearían abordar en cualquier forma. No pocas iglesias han surgido mediante hombres que, con solo usar algunas palabras de las Escrituras, han puesto un “fundamento” suficientemente “inspirado” para considerarse verdaderos, y así tenemos una gran gama de denominaciones y grupos religiosos.

Es verdad, son muchos los diferentes grupos que se autoproclaman como seguidores del Creador porque usan la Biblia, aunque algunos lo hacen como pretexto, pero en ellos no se puede encontrar el fluir de la vida divina. Las Escrituras nos enseñan que la Iglesia de Jesucristo solo puede integrarla el hombre celestial, el hombre nuevo en Cristo.

Lo que Jehová Dios tiene en mente para formar la congregación de los redimidos, es un hombre celestial viviente en el cual fluya la vida del mismo Dios. Para Él lograr esto, el Espíritu Santo usa la Palabra como instrumento para obrar en el ser humano caído. Recordemos a Jesús: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida“.

Pedro, el apóstol, entendió la revelación divina en un momento en el que algunos titubearon y se volvieron atrás: “Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna” (Jn.6.67-68). Necesaria es la Palabra revelada para producir el cambio.

Los escribas y fariseos del tiempo de Jesús, aunque muy conocedores de los Textos Sagrados, se concentraron solo en la letra y no en el espíritu de revelación, y nunca la tuvieron como vida eterna. Pedro conocía a estos intelectuales de la Palabra, que tenían mucho conocimiento y nada más, pero eso no es suficiente para producir fruto para el Altísimo.

Hoy no es diferente como aquel entonces, tenemos por todos lados seminarios y escuelas, católicas o evangélicas, y son tantos los que se afanan, aunque el estudio no es malo, por adquirir un título porque creen que al lograr eso pueden ser mejores cristianos. La vida está en el Hijo de Dios, y es una relación viviente con el Señor lo que hace que las Escrituras sean efectivas.

El verdadero predicador, llamado y capacitado por Dios, expondrá la Palabra tal y como está escrita, y confiará para que esta sea revelada a los oyentes para salvación, y así abandonarse a la soberanía del Todopoderoso. El impostor teme a la intervención de Dios porque no quiere que las cosas se salgan de su férreo control a sus semejantes.

Se equivoca aquel predicador de la Biblia, o líder cristiano, que piense que la Palabra es solo escritura, ella es más que simples letras escritas por hombres inspirados por el Santo de Israel, ella es Espíritu y es vida. Jehová el Altísimo solo se ha comprometido con la Palabra fielmente predicada, y esa es la que va a confirmar con señales sobrenaturales (cf. Mr.16.20).

La verdadera iglesia estará comprometida en predicar el mensaje a toda criatura y confiar, por medio de la fe, que Dios, con su poder extraordinario, vendrá y tocará alguna vida para bendición y crecimiento en la conformación a la imagen de Cristo. Muchos, por permanecer en incredulidad, continuarán su camino sin ser impactados por la obra del Creador.

Una vez que la Palabra ha sido implantada en aquellos oyentes que creyeron, comenzará a operarse un cambio visible debido al fluir de la vida eterna. Pablo, el apóstol, dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios” (2Co.5.17).

Simón Pedro.
Simón Pedro.

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