La Inevitabilidad del Cambio, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 30 de enero del 2014, (FCP). En una de las categorías que estudia la filosofía, se plantea como axioma demostrable, que lo único eterno en el tiempo y en el espacio es el Cambio. Producto de las ineficiencias propias del sistema comunista, lateralmente agravadas por la crisis económica externa, los cubanos intuyen que se avecina un cambio total del modelo político y económico que les ha sido impuesto.

El Partido y el Estado, después del 6to Congreso de esa organización partidista y de su primera Conferencia Nacional, han lanzado una fórmula para ellos salvadora, la “Actualización del Modelo Económico Cubano”. Toda la dirección política del país y sus correas trasmisoras se han puesto al servicio de lo que debe resultar la última carta del régimen totalitario.

La oposición ya expuso en diferentes documentos y en varias intervenciones públicas de sus dirigentes en sus viajes al exterior, que los tibios y lentos cambios que el proyecto contempla no solucionan los graves problemas del país. El objetivo del poder totalitario con estas pequeñas transformaciones en el campo de la economía es perpetuarse indefinidamente en el poder.

Todos coinciden en que la era del dominio comunista en Cuba llegará pronto a su fin. Raúl Castro, prepara el escenario para la sucesión sin grandes conmociones que pongan en peligro la continuidad de la dinastía. La forma en que tendrá lugar el cambio aún no ha sido determinado, pero todos coinciden en que este será de forma pacífica.

Varios son los sectores de la oposición que ven con preocupación la forma brutal utilizada por las fuerzas represivas del régimen para combatir las actividades pacificas de la disidencia. En las últimas semanas las detenciones arbitrarias y golpizas se ha incrementado. Tal parece que ciertos sectores en el poder hacen todo lo posible para entorpecer los cambios o retardarlos.

Esquemáticos, dogmáticos y aberrantes defensores de un sistema que demostró su ineficiencia en la antigua Unión Soviética y en la Europa del Este, durante más de 70 años. Esta es la formación económica-social que pretende salvar la extrema izquierda y que les han impuesto a los cubanos por más de medio siglo.

Las acciones represivas contra los amantes de la libertad, la democracia, y el Estado de Derecho, llenan el camino de incertidumbres sobre el futuro de la nación. Muchos, ante la intransigencia de un gobierno y un sistema agonizante, pierden las perspectivas de un cambio pacífico. Aunque defienden el método de la lucha no violenta, consideran que lograrlo no será tarea fácil.

Muchos son los casos que registra la Historia, en que los dictadores no han abandonado el poder, sino mediante una fuerte lucha. El acontecer nacional indica que la resistencia que oponen a cualquier cambio por tibio y débil que resulte, evidencia que estas fuerzas que agrupan a la burocracia estatizada y centralizadora, presentará combate hasta el último momento.

Para combatir con mayor efectividad a los luchadores pacíficos que consideran que el cambio es inevitable, y justificar a la vez el terror desplegado contra los mismos, los acusan de ser “mercenarios de imperio”. Unido a ello, desarrollan todo una teoría en que señalan que los enemigos son los capitalistas y que los gringos son los principales explotadores.

“Salvar el Socialismo” se traduce en las medidas capitalistas que ensaya el gobierno y que expresa su decisión de resistir a la inevitabilidad de los cambios. Pretenden ignorar que el problema central que está en discusión no es el de la Actualización del Modelo Económico Social, sino el de su sustitución definitiva.

Cambiar los activos económicos en poder del Estado y transferirlo a manos de la sociedad es una tarea insoslayable. En lo político ampliar los márgenes de participación, para impedir que el Partido Comunista sea el rector de la sociedad de forma totalitaria y dictatorial. El pluralismo se impone y viene inevitablemente con los cambios que sucederán.

Nadie en sus cabales duda que esto sea algo que suceda tarde o temprano. Pero no resulta tan claro cómo sucederá. Mucho depende de la fuerza de una oposición unida que deje a un lado los intereses de grupos, el caciquismo político y el protagonismo individual. También de un gobierno en que venzan las fuerzas moderadas, tolerantes y partidarias de la apertura.

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