La Libertad, sus Amigos y sus Enemigos. Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 17 de enero del 2014. (FCP). Para los próximos días está señalada la celebración en la capital cubana de la II Cumbre de la Comunidad Económica de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). Todos los medios oficiales de difusión masiva, los miles de funcionarios que forman parte de la nomenclatura gubernamental y los dispositivos de seguridad necesarios están movilizados para garantizar este evento.

Desde su fundación esta organización regional, creada bajo los auspicios de Fidel Castro y el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez, se hizo con el objetivo de torpedear los esfuerzos integracionistas que realizaba la nación norteamericana. Estos dos líderes populistas impulsaron la lucha contra los Tratados de Libre Comercio en América Latina.

Unir a este grupo de países con antecedentes históricos similares, pero con una gran diversidad en su desarrollo económico, político y social, no sería tarea fácil. Sus promotores enarbolaron como siempre los consabidos y agotados argumentos, rebatidos por el tiempo y por las realidades históricas, de que había un enemigo común y de que contra él tenían que unirse.

Este grupo de mandatarios que se reúne en La Habana se caracteriza por la diversidad de opiniones y posiciones políticas que mantienen. Las contradicciones afloran a cada paso y resulta difícil mantener unidos por mucho tiempo a los que son amantes de la libertad y a quienes son sus enemigos.

El comando político de la CELAC lo integran los gobiernos latinoamericanos de la izquierda más extremista del continente, ellos forman la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Su objetivo ha sido definido desde la Cumbre fundacional: sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA).

Fidel Castro y el difunto presidente venezolano Hugo Chávez proyectaron esta integración latinoamericana con el objetivo de crear una concertación de naciones que se opusieran a la política de los Estados Unidos. Es por eso que desarrollan una campaña de descrédito contra la OEA, a la cual le impusieron la entrada de Cuba, después de ser expulsada.

Después de la desaparición de la URSS y la caída del Socialismo en la Europa del Este, Fidel y Chávez se dieron a la tarea, en nombre de la izquierda internacional, de salvar lo que quedaba en teoría de aquel nefasto régimen. Crearon el Foro de Sao Paulo en Brasil, el cual reunió a los Partidos Comunistas y a los acólitos de los sistemas estatistas y enemigos del mercado de todo el continente.

Apoyan a los gobiernos que se enfrentan a la política que aplican los Estados Unidos en la arena internacional. Esta política ciega los ha llevado a concertar acuerdos con gobiernos patrocinadores del terrorismo, a defender sus posiciones en la ONU y a darles ayuda diplomática, logística y financiera a grupos que conspiran constantemente contra la democracia.

De antemano se conocen las proyecciones de la izquierda más extremista y populista en el seno de esta II Cumbre. El cocalero Evo Morales, quien ha devenido en portavoz de los enemigos de los países desarrollados y del sistema capitalista, en sus discursos destilará odio hacia las transnacionales, a las que acusa de ser responsables del atraso y la miseria de estas naciones.

Falso es repetir hasta el cansancio, y seguro será el lenguaje usado por los presidentes de los países en manos de la izquierda más extremista, de que la América Latina y el Caribe, deberán unirse contra el poder de las naciones desarrolladas. Volverán a lanzar en este foro las teorías más exitosas para explicar el subdesarrollo y la pobreza de nuestros pueblos.

No vale la pena dedicar esfuerzos a desmontar las causas del atraso y el subdesarrollo que sufren nuestras naciones. La realidad histórica y la experiencia se han encargado de desmentir esas afirmaciones. Por otra parte, la conducta observada por los países desarrollados dista mucho de parecerse a la caricatura del capitalismo que pintan Evo Morales y Nicolás Maduro.

Con tristeza observamos los que vivimos más de medio siglo en un régimen totalitario, que muchos presidentes en esta Cumbre, electos democráticamente, apoyan al gobierno que nos priva de ese derecho. En sus deliberaciones no podrán cerrar los ojos ante el drama que vive el pueblo cubano, donde se enfrentan los defensores de la libertad y sus enemigos.

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