Apuntes sobre el Congreso de la CTC (I), Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon.jpgEl Condado, Santa Clara, Villa Clara, 21 de febrero del 2014, (FCP). Es interesante referirse al XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, en el contexto histórico, político y social en que tiene lugar su celebración. En este evento los acuerdos y conclusiones son conocidos con antelación, los líderes que dirigirán en los niveles superiores a los organismos sindicales, no han sido elegidos por los trabajadores, sino seleccionados por el Partido Único.

Someter al movimiento obrero, convertirlo en una masa obediente y esclavizada, sin independencia de clase, fue la tarea de primer orden que implementó el régimen de los hermanos Castro. Seducirla durante los primeros años de múltiples maneras, con aumentos de salarios y dándole ayuda al sindicato en la solución de los conflictos laborales.

Especial empeño se tuvo en alagar a la clase obrera, haciéndole ver que ella había desempeñado un papel protagónico en la lucha contra Batista. Fueron las clases medias, los estudiantes y los profesionales los que en las ciudades llevaron el peso de la lucha. El esquema marxista de la lucha de clases que atribuía al proletariado el papel de vanguardia no se cumplió en Cuba.

Era necesario exaltar la contribución de los obreros a la caída de la dictadura, por eso se describió con tintes heroicos la huelga general decretada el 1ro de enero de 1959. Resulta significativo que esta huelga se produjo después de la huida de Batista, convirtiéndose en un movimiento general de la ciudadanía.

Efrén Córdova, historiador del movimiento obrero escribe: ” Adepto a la lectura de la vida y obra de Stalin, Hitler, Mussoline, Franco, Perón y demás, Castro sabía que todos esos regímenes tenían en común el haber hecho a la clase trabajadora la base y supuesta beneficiaria del poder político. La Unión Soviética, ya se sabe, se decía encarnar la dictadura del proletariado”.

150px-NSDAP-Logo.svg.pngProsigue: “El partido de Hitler se llamó primero Partido Obrero Alemán y luego Partido Nacional Socialista Obrero, Italia procuró reestructurar toda la sociedad y el Estado alrededor del concepto de las corporaciones de productores que incluían en primer lugar a los sindicatos. Algo parecido hizo Franco en España con los sindicatos verticales (…)”.

“(…) No hay que olvidar además que la Falange llevaba también en su nombre oficial las palabras Junta Obreras Nacional Sindicalistas. Castro siguió así un camino trillado en su afán de detentar todos los poderes en nombre de la clase trabajadora. Él no había mostrado interés por los trabajadores antes de la revolución pero se había percatado del valor que tenía”.

Continúa, “Para llevar adelante su proyecto, Castro necesitaba además controlar al movimiento sindical. Contar con las simpatías de las masas laborantes en extremo útil pero no suficiente. Tanto desde el punto de vista instrumental como por sus implicaciones sociopolíticas, le hacía falta tener el aval del obrerismo organizado (…)”.

“(…) Lo que este representaba en 1959 era en verdad impresionante sólidamente estructurada e investida de una larga tradición de luchas clasistas, la Confederación de Trabajadores de Cuba contaba con 33 federaciones de industria, más de 2 000 sindicatos y una afiliación de alrededor de un millón de asalariados”.

En el largo camino por subyugar al movimiento sindical, Fidel encontró una gran resistencia, en el X Congreso que constituye una de las páginas más triste de la historia del sindicalismo. Cuentan los que asistieron como delegados al mismo, que un Castro enfurecido arremetió contra cuantos sindicalistas legítimamente electo se habían opuesto a él.

Utilizó el gobierno procedimientos irregulares, y acudió a veces a la coacción o a la intervención inmediata de sus opositores en el campo sindical. Privado de su dirigencia, el movimiento obrero resultó ser presa fácil para el régimen. En poco más de cinco meses, un sindicalismo antaño militante y a ratos insumiso se convirtió en una masa amorfa.

La subyugación del movimiento sindical culminó en noviembre de 1961 con la celebración del XI Congreso de la CTC. Más de 9 000 delegados convenientemente seleccionados y por ende incondicionales y sumisos dieron su respaldo a los planes de Castro quien orientó la elección de un Comité Ejecutivo enteramente comunista.

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