Jesucristo, Nuestro Ejemplo (XVIII), Antonio Raúl Machado García.

Antonio.jpgSanta Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 7 de febrero de 2014, (FCP). Dios ha dispuesto en Su corazón que los redimidos por la sangre de Cristo, se muevan en la santificación hacia la imagen del Hombre celestial, término que se refiere al Mesías como hombre, cuyo ejemplo nos ha sido dado. Esta es la norma del Todopoderoso, quien se ha propuesto que aquello que se parezca a Cristo en el ser humano, es lo que perdurará para la eternidad.

Todo lo que el Todopoderoso necesita para llevar a buen término Su propósito con la Creación, se encuentra expresado en la persona de Jesucristo. Esto significa que Dios usará todo aquello que lleva el sello de pertenencia de Su Hijo, y cualquier cosa que no sea de Cristo, no será aceptado por la Divinidad para Su obra.

Pablo alabó a Dios porque nos dió “a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef.1.9-10). Podemos decir que Cristo es el punto de referencia de Jehová Dios.

Cuando el Creador mira a Su Iglesia corporativamente, o a alguien de ese mismo cuerpo individualmente, Él busca solo una cosa: Cuánto se refleja y existe de Cristo ahí. Después que un individuo ha experimentado el nuevo nacimiento, la obra de Dios en esa persona estará dirigida a deshacer todo aquello que no es de Cristo en su carácter y comportamiento.

Aunque suene un tanto radical, Dios ha declarado que todo fuera de Cristo está muerto para Él, por tanto, la función principal de la Iglesia en este planeta es de tipo evangélica, para que muchos puedan llegar a conocer al autor de la vida y experimentar la salvación. Nada hay más sublime para un ser humano que encontrarse nuevamente con su Creador.

Para poder ser el instrumento idóneo, la Iglesia tiene que llegar a ser lo mismo que Cristo fue y nunca estar por debajo de ese ejemplo. Es por esta causa que Dios opera progresivamente en todos Sus discípulos para pulir toda aspereza que no armonice con el carácter de Cristo, y así llegar a ser como el Hombre celestial.

Necesario es que los predicadores, y la Iglesia toda, enfaticen en sus mensajes este punto, puesto que el propósito final del Altísimo con Sus hijos es conformarnos a la imagen de Cristo, para que se deje ver en las congregaciones el mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús. El Hijo de Dios se hizo “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil.2.8).

Pablo, el apóstol, expresó la manera de como Cristo dejó la gloria incomparable del cielo, para tomar la condición humillante de un siervo, quien con Su obediencia, llegó hasta la muerte y todo este peregrinar para beneficiar a otros (cf. Fil.2.1-10). Este mismo ejemplo de darse para favorecer a otros, debe caracterizar a Sus seguidores.

El discurso es el que se sobra, las palabras de tantos “maestros” de la Biblia sobreabundan y los shows en los Templos para entretener a los visitantes se sobran, no obstante, las personas continúan sus tristes vidas. Es que no es suficiente hablarle a la gente acerca de Dios, debemos dar un paso más allá y mostrarle a Cristo, si en verdad Él habita en nosotros.

Esto es posible porque simplemente lo que era y es verdad en Cristo, en cuanto a las leyes de Su vida, en cuanto a Su ministerio y misión, debe ser verdad para Su Iglesia, si en algún grupo llamado cristiano esto no es real, entonces eso no es más que un club social. Para esto Dios nos envió, desde Pentecostés, Su Espíritu Santo para darnos poder (cf. Hch.1.8).

Jesús, para enseñar a orar a Sus discípulos, les dio lo que conocemos como “Oración Modelo”, y entre otras cosas dice: “Venga tu reino, Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt.6.10). Lo que Dios ha decretado para Su Iglesia en el cielo, debe ser real para aquellos que nos llamamos creyentes.

Hay muchas cosas que podemos hacer como grupo de creyentes: Nos alegramos en actividades recreativas, disfrutamos de cultos especiales y en programas sociales, pero el propósito de todo esto es hacer que Cristo sea real en Su Iglesia. Estamos llamados a reflejar y dar a conocer al Hombre celestial, en el único en quien hay redención.

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