“Masa e Pizza”, Alexander Andrade Guimbarda.

Alexander.jpgSanta Catalina, Santa Clara, 14 de febrero del 2014, (FCP).Tuvieron que pasar 35 años para descubrir que aquel inocente juego de policías y ladrones de mi niñez no era tan inocente y que no se trataba de dos sujetos: el virtuoso e incorruptible policía y el antisocial e inmundo delincuente, sino de uno solo, el corrupto y delincuente policía.

-Juanito, y lo mío qué-dijo una voz que entró a través de la ventana por la que, al mirar, pude observar sorprendido un uniforme de la Policía Nacional Revolucionaria en el que estaba metido un flaco feísimo con una enorme nariz.

-Acere, me tienes quemáo-replicó Juanito uno de los revendedores de dólares del área del céntrico parque Vidal, y que se hallaba sentado en el interior del local donde yo trabajo.

-Oye, lo mío-, repitió con tono entre suplicante y autoritario a la vez, aunque esto parezca contradictorio, aquella grotesca caricatura de policía que entonces me recordó a don Alonso Quijano el caballero de la triste figura, por su fisonomía. Aunque, por su comportamiento a este habría que llamarlo el caballero de la lamentable conducta.

-Jabao, hazme el favor, consorte, y cómprale una caja de cigarros y un jabón al tipo este-, dijo Juanito con irritación, a uno de sus socios al tiempo que le entregaba un billete de un CUC. Luego salió a la calle donde circulaban gran cantidad de peatones a esa hora del día.

El Jabao tomó el dinero y entró a la tienda contigua al local donde laboró y cumplió con el encargo de Juanito, quien retornó al poco rato, cuando se hubo marchado el execrable sujeto. Entonces se me ocurrió decirle en tono de broma:

-Óyeme, Juanito, yo no sabía que tu eras el encargado de suministros del Ministerio del Interior.

-Fíjate lo que te voy a decir, Roberto: Yo soy un hombre, y lo mío es que cuando me lleven detenido a la unidad, entre por una puerta y salga por otra, y eso no me hace un chivato. No te vallas a equivocar conmigo-, me dijo Juanito encabronado, pues no estaba para bromas en ese momento y terminando de decir esto volvió a salir para la calle como un zepelín. Mientras tanto yo me quedé pensando en la podredumbre en que se ha convertido nuestra sociedad.

Quizás los lectores piensen que lo que acabo de narrar se trata de algún relato de ficción, pero no, esto es una realidad fidedigna que me ha contado un amigo, lo único que he cambiado es el nombre de los implicados. En cuanto a “Masa e Pizza”, como se le conoce a este miembro de la policía por comerciantes, trabajadores y personas que practican actividades económicas informales en el área del centro de la ciudad, le agrega otro tanto más de desprestigio a la ya maltrecha reputación de la, nunca bien ponderada, Policía Nacional Revolucionaria.

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