Tirarse con la Guagua Andando I, Guillermo Fariñas Hernández.

Coco.jpgLa Chirusa, Santa Clara, 14 de febrero del 2014, (FCP). En la Escuela Militar de Pre-Cadetes “Los Camilitos” a él sus amigos más íntimos le apodaban “Caja Quinta”, por aquello de que siempre andaba acelerado, como un automóvil con ese alto nivel de motorización. Durante su adolescencia fue uno de los educandos de mayor nivel de agresividad física contra sus coetáneos.

Caja Quinta, provenía de una mezcla familiar y social altamente peligrosa, donde su padre era un trabajador ferroviario, ahora jubilado, nacido en el marginal barrio santaclareño “Dobarganes”. Él contaba con tres tíos paternos que solo salían de las cárceles por periodos vacacionales, pues al corto tiempo regresaban como si siempre hubieran vivido en los predios penitenciarios.

Mientras, su ahora difunta progenitora vino a este mundo en la no menos delincuencial barriada de la capital villaclareña “El Condado”, con otra carga de consanguíneos con un pie en la cárcel y otro en la calle. Por suerte la madre de Caja Quinta estudió enfermería y trabajó hasta que un infarto la sacó de esta perra vida, tras encolerizarse con un apagón eléctrico en 1993.

Por puro embullo de amigos vecinos, se enroló a finales de los años 70 del pasado Siglo XX en la vida castrense y se hizo alumno de la Escuela Militar Vocacional “Camilo Cienfuegos” de Villa Clara. En ese sitio comenzó a practicar deportes de combate como judo, lucha y karate, cual modo civilizado de proyectar aquella agresividad que lo carcomía por dentro.

En el año 1980, descubrió que uno de sus compañeros y supuesto amigo era informante de la Contra Inteligencia Militar (CIM) y ponía al tanto a esos inquisidores de todo lo negativo que hacía o hablaba, su reacción resultó altamente belicosa. Caja Quinta le propinó una golpiza de tal magnitud, que su traidor “amigo” hubo de ser ingresado en el Hospital Militar de Santa Clara.

Debido a esto fue expulsado por indisciplina de Los Camilitos y se vio obligado a terminar el último semestre del 12 grado en el Instituto Preuniversitario “Osvaldo Herrera”. Al concluir el bachillerato la única opción que le quedó, era aprestarse a ir a cumplir el Servicio Militar General (Obligatorio), pues había perdido su carrera militar como Ingeniero en Lucha Radioelectrónica.

Entonces, Dios o el oricha sincrético cubano-africano Oggún, su santo de resguardo, o ambos, le abrieron el camino, ya estaba reclutado para comenzar el Servicio Militar General. Le propusieron un Curso para Sub-Oficiales Exploradores-Zapadores de seis meses, que terminó con las más altas calificaciones en una unidad de combate en la provincia de Matanzas.

Tras unos 25 días de vacaciones, le plantearon partir hacia la República Popular de Angola, con el incentivo de estar en el escenario de guerra solo por 12 meses y después podría comenzar a estudiar en una academia militar cubana y para hacerse oficial. Tomó aquella propuesta como una venganza personal contra aquellos que le expulsaron de Los Camilitos por dar la paliza al chivato.

Estuvo batido bajo los tiros en la Caravana “Camilo Cienfuegos” durante unos nueve meses y no pudo terminar el año acordado, porque resultó herido en su pierna derecha. No obstante, fue evacuado para un hospital militar en La Habana, Cuba y la Dirección Política del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) le consideró su status Misión por Cumplimiento.

Finalmente, se inició en la Escuela Militar Interarmas “Antonio Maceo” de Ceiba del Agua, municipio Caimito, en Ingeniería en Mando Táctico de Tropas Blindadas. Y a los cuatro años la culminó con calificaciones excelentes, incluso, le otorgaron el grado de primer teniente por ser el mejor expediente académico de su curso.

Lo ubicaron en el Ejército Central y dentro de una gran unidad de tanques cercana a la ciudad matancera de Cárdenas, que es conocida como “Fines”. En esa gran brigada blindada numerada militarmente como la UM-1410, pudo recibir las últimas prebendas materiales a la casta castrense, que aún enviaba el pronto por desaparecer “Campo Socialista Europeo”.

Era 1990, y casi todo estaba derrumbado en los países del Este de Europa y finalmente en 1991, también dejó de existir la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), este último estado constituía La Gran Hada Madrina de los militares cubanos. Ya desde 1989, habían sido retiradas las tropas cubanas en todos los países africanos, léase Angola, Congo Francés, Etiopia y Mozambique.

Ahora los uniformados del MINFAR que siempre lo tuvieron todo, de pronto se transformaron de la noche a la mañana en los hijos bastardos de la Revolución Cubana. Nadie sabía a ciencia cierta, que iba a ocurrir con ellos y al derrumbarse la URSS, todos comprendieron, incluido Caja Quinta, que la obsolescencia del armamento del MINFAR sobrevendría de tres a cinco años.

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