Tirarse con la Guagua Andando (II), Guillermo Fariñas Hernández.

Coco.jpgLa Chirusa, Santa Clara, 21 de febrero del 2014, (FCP). Dentro de las unidades del MINFAR comenzó un período de inquietud e insatisfacciones, que era monitoreado constantemente por Grupos de Tareas Conjuntos de la Dirección Política y la Contra Inteligencia Militar. Nadie confiaba en nadie y los vigilantes inquisidores usaban a oficiales delatores y provocadores, cual manera de saber lo que pensaba la oficialidad.

Pero Caja Quinta no cayó en aquellas trampas, pues él desde que pasó por Los Camilitos había aprendido a no confiar en nadie y le parecía ver un chivato en cualquier parte. Razón por la cual no fue sacado del MINFAR en las depuraciones denominadas Alejandro I y Alejandro II, donde miles de oficiales fueron cesados de las unidades de combate, por temor a sus ideas de cambio.

Finalmente se mantuvo dentro del MINFAR hasta el año 1995, cuando pasó a trabajar como Trabajador Civil de las FAR a su tierra natal Villa Clara. Fue ubicado en una unidad de la Unión Agropecuaria Militar (UAM), donde cebaban cerdos o vacas y después se construyó una fábrica para hacer embutidos y hasta productos lácteos.

Claro, aquella Granja Agropecuaria subordinada al MINFAR era un último salvavidas, para que las familias de los oficiales de esa institución castrense no sintieran en carne propia el hambre, que padeció el ciudadano común en los años 90. También constituía una aberrante fuente de privilegios y prebendas materiales, que manejaban en aquellos críticos tiempos los jefes militares.

Fue precisamente en los referidos instantes, cuando empezó a cambiar su cosmovisión político-social respecto a lo que ocurría en Cuba. Caja Quinta pudo palpar, que en los tiempos que discurrían a su alrededor, en aquel espacio de su Cuba, la corrupción político-administrativa se apropiaba aceleradamente de la sociedad cubana y en primer lugar de los altos jefes.

Con lacerante dolor sufrió y pudo ver, a veces con asombro y a veces con impotencia, que sus méritos militares en combate eran vistos burlescamente por los tecnócratas oportunistas que laboraban junto a él en todas partes del MINFAR. De pronto, el haber combatido por la Revolución Cubana en el exterior se transformaba en algo inoportuno y fuera de lugar.

Lo esencial al interior del Sistema Empresarial de las FAR era poseer posgrados en Economía, Marketing, Selección de Personal, Gerencia, Contabilidad e Inglés. Caja Quinta se transformó en un impedimento ante todos aquellos tecnócratas llegados a última hora al MINFAR, su ahora obsoleta Ingeniería en Mando de Tropas Blindadas solo les servía para hacerlos sonreír con picardía.

Sin embargo, Caja Quinta se tragaba todos los buches amargos en el ámbito laboral, debido a que después de su segunda misión en Angola, esta vez al frente de una compañía de tanques, una joven médica que conoció allá lo había convertido en padre. Y se juró para sí mismo, que su hija no podía pasar el hambre, que padeció en esos años la inmensa mayoría de la población cubana.

Pero al iniciarse el año 2001, se realizaron unos reajustes laborales en aquella Unidad Militar Agropecuaria y quedó subordinado a una bella y joven mujer, que no sabía un carajo de aquel trabajo. Donde con perseverancia él había logrado obtener excelentes resultados productivos, incluso varios jefes de secciones lo había propuesto para que fuese él quien ocupase el cargo.

Su nueva jefa, era la amante de un coronel jerárquicamente bien ubicado y como dice el viejo refrán: “Donde manda General, no manda Comandante”. Razón por la cual, ni las recomendaciones de la Dirección Política y mucho menos las de la Administración de Trabajadores Civiles de la FAR que regenteaba aquella granja, pudieron lograr que ocupase el cargo.

Ella lo humillaba sistemáticamente y Caja Quinta lo soportaba con estoicismo, él se contenía, porque ya estaba divorciado, pero era padre de una adolescente necesitada de objetos materiales. Porque existió un momento, donde él mismo se llamó a capítulo y se exhortó a sacar comestibles de la granja y venderlos a altos precios en el “mercado negro” de Santa Clara.

No obstante, Caja Quinta no se engañaba en cuanto al desenlace que tendrían los encontronazos entre su jefa y él, como asegura otro viejo refrán: “Siempre el pez grande se come al chiquito”. Además la amante del coronel deseaba traer para el puesto suyo a su hermano, laboralmente sería nepotismo, pero la joven jefa podría robar mucho mejor y sobre todo sin susto.

Edificio del MINFAR, Habana.jpg

Edificio del MINFAR, Habana.

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