Las Razones de Céspedes, Alexander Andrade Guimbarda.

Alexander.jpgSanta Catalina, Santa Clara, 7 de marzo de 2014 (FCP). “Dígale al general Caballero de Rodas que Oscar no es mi único hijo, yo soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la libertad de Cuba”. Fue la respuesta que dio Carlos Manuel De Céspedes al oficial español que le ofrecía la libertad de su hijo prisionero, a cambio de que renunciara a la lucha por la independencia de Cuba. Este hecho le ganó el epíteto de El Padre de la Patria.

Nació el 18 de abril de 1819 en Bayamo. El 22 de marzo de 1838, en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, obtuvo el grado de Bachiller en Derecho Civil.

Estaba en España en 1843 y participó en la sublevación del General Juan Prim. Luego salió de la península como exiliado político hacia Francia. Después, recorrió varios países para regresar a Cuba en 1844 convertido en un poliglota, pues ya dominaba varios idiomas, como el inglés, francés, italiano, además, del latín y el griego que ya conocía desde pequeño.

En 1867 compra el ingenio La Demajagua, en manzanillo, por la suma de 81 000 dólares. Allí desarrolló la mayor parte de sus actividades conspirativas.

Los conspiradores fijaron el 24 de diciembre como fecha para iniciar la rebelión. Sin Embargo, al ser descubierta la conspiración, Céspedes decide adelantarse y se alza en armas por la independencia de Cuba el 10 de octubre de 1868, en su ingenio Demajagua.

El 20 de octubre de ese año toma la ciudad de Bayamo donde se hace nombrar Capitán General de Cuba Libre. Esto es algo que no le perdonaron nunca los camagüeyanos, encabezados por el marqués de Santa Lucía, Salvador Cisneros Betancourt. Poco después los españoles atacaron Bayamo, la cual fue incendiada por los patriotas cubanos que no aceptaron pactar la rendición.

El 10 de abril de 1869, en Guáimaro se proclama la Constitución de la República de Cuba en Armas, redactada por los abogados Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana. Aparentemente en esta asamblea, fueron zanjadas las diferencias entre los patriotas del Camagüey, Bayamo y Manzanillo, y Céspedes fue elegido Presidente de las República en Armas.

Sin embrago, Cisneros Betancourt asumió el cargo de presidente de la Cámara de representantes, la cual contaba con poderes para destituir al jefe militar y al Presidente, algo que, el tiempo demostró, sería funesto para el movimiento independentista.

En 1870, la Cámara de representantes entra en contradicciones con el jefe del ejército, el general Manuel de Quesada y este resulta destituido de su cargo. Céspedes lo envía a Nueva York para organizar una expedición que trajera armas y pertrechos a los independentistas.

Tras la caída en combate del mayor general Ignacio Agramonte en Jimaguayú, Céspedes es depuesto de la Presidencia de la República en Armas el 28 de octubre de 1873. El cargo fue ocupado por Salvador Cisneros Betancourt. Aceptó este hecho con dignidad y sin oponer resistencia. Refiriéndose a su deposición, manifestó:

“(…) Me he inmolado en el altar de mi Patria, en el templo de la ley. Por mí no se derramará sangre en Cuba. Mi conciencia esta muy tranquila y espera el fallo de la Historia. Pongamos aquí punto final a la política”.

Abandonado por sus compatriotas, se internó en la Sierra Maestra en un lugar llamado San Lorenzo. El 27 de febrero de 1874, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo es sorprendido por soldados del Batallón de San Quintín. En desigual combate perdió la vida ese día aquel ilustre bayamés, iniciador de la lucha por la independencia nacional.

En su Manifiesto Del 10 de Octubre, Céspedes expuso las razones que motivaron el inicio de la gesta independentista:

“(…) España gobierna a Cuba con brazo de hierro ensangrentado… que teniéndola privada de toda libertad política, civil y religiosa, sus desgraciados hijos se ven expulsados de su suelo a remotos climas o ejecutados sin formación de proceso por comisiones militares en plena paz (…), la tienen privada del derecho a reunión como no sea bajo la presencia de un jefe militar, no puede pedir remedio a sus males sin que se la trate de rebelde y no se le concede otro recurso que callar y obedecer”.

La realidad de la Cuba de hoy es muy similar a la que el Padre de la Patria describiera en este documento, ya que a 146 años del comienzo de las luchas por zafarse del yugo de aquella tiranía, el pueblo cubano aún no acaba de ver la luz de la libertad. A 140 años de su muerte “Las razones de Céspedes” siguen vigentes para luchar contra una de las peores tiranías de la Historia, el castrocomunismo.

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