Maduro no es tan Maduro, Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon.jpgEl Condado, Santa Clara, Villa Clara, 14 de marzo del 2014, (FCP), Los medios informativos, tanto nacionales como internacionales, recogen las denuncias y declaraciones que diariamente formula el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Este con un comportamiento paranoico que lo identifica con su maestro y líder histórico de la decadente insurgencia latinoamericana, Fidel Castro, insiste en acusar a los Estados Unidos, de desestabilizar al país.

Para éste inmaduro presidente, electo en un proceso eleccionario fraudulento, las protestas de estudiantes y trabajadores que sacudieron los cimientos de la sociedad venezolana, fue el producto de una conspiración extranjera. Al igual que sus capitanes ideológicos y políticos, buscan justificar la represión contra la oposición, con mentiras y calumnias.

El pueblo venezolano no quiere que se implante en el país un régimen a la imagen y semejanza del comunismo cubano. Las barricadas en las calles, las manifestaciones estudiantiles, los paros obreros y el boicot en los abastecimientos solo expresaban ese sentimiento antitotalitario y antidictatorial, que late en ese heroico pueblo, al cual pretenden doblegar indefinidamente.

Durante varios días Venezuela vivió momentos gloriosos, el pueblo insobornable era dueño de sus calles. Los Chavistas y Castro-comunistas venezolanos apelaban a los métodos represivos aprendidos en las escuelas cubanas. Había que sofocar a toda costa el movimiento de protesta, y como se orientaba desde La Habana, acusar a terceros de preparar un golpe de Estado.

Lecciones estas muy bien asimiladas, primero por el desaparecido presidente Chávez, y después por el actual mandatario Nicolás Maduro. Desde que este llegó al poder, inició una fuerte campaña contra los medios de difusión privados, contra la libre empresa y países desarrollados, pero con énfasis en Estados Unidos.

No hay una sola intervención pública de Nicolás Maduro en que no exprese su odio hacia la nación estadunidense. Llegó a cometer el torpe error en la Cumbre de los Países Latinoamericanos y Caribeños, de proponer a Puerto Rico como un miembro más de esa organización, sin respetar el criterio de ese pueblo expresado en distintos referéndum.

Maduro siempre mira hacia La Habana, al igual que su desaparecido jefe, porque ve en Fidel al padre de todos los revolucionarios de América, quien los guía y los orienta. Por indicaciones de él, ha dado pasos para acabar con la libertad de expresión, condena la globalización, estigmatiza el mercado y desata una gran campaña contra el consumismo.

Como en tiempos de Chávez, Maduro, aunque intente mantener la fachada de una democracia, controla todos los poderes de su república bolivariana: suya es la Asamblea Nacional, el Sistema Judicial, la Fiscalía, la Contraloría y los organismos electorales. Ha llenado de opulentas prebendas a los altos mandos militares, para tenerlos incondicionalmente de su lado.

Es cierto y esto ha sido comprobado por la historia, que las ideologías sobreviven a sus propios fracasos. Hubo un congreso celebrado en Caracas hace algunos años, que reunió la más vistosa galería de movimientos políticos y sindicales de la extrema izquierda latinoamericana, esto incluía a comunistas, sandinistas y tupamaros.

Estos eventos como el Foro Social Mundial, creado por Fidel y Chávez, terminaban con una declaración final, la cual recogía toda la verborrea revolucionaria de los años 60. Espectáculos similares tienen lugar en países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, donde Maduro proclama el Socialismo del Siglo XXI.

Lo único que se conoce del Socialismo del Siglo XXI, son los pasos dados por los chavistas desde que tomaron el poder, los desastres que ha ocasionado en su país y la manera como ha buscado extender su confuso modelo a toda la región latinoamericana. Buscan liquidar mediante maniobras y Petrodólares, la libertad política y económica del continente.

Maduro que no es tan maduro, recibió como su antecesor los deshechos radioactivos del marxismo, unido a un primario nacionalismo tricolor. Hace gala de sus alardes antiimperialistas y enseñanzas recibidas de Fidel, de Chávez y de otros reconocidos populistas. Sus errores consisten en querer encaminar a Venezuela por el camino totalitario de Cuba.

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