Tirarse con la Guagua Andando (IV), Guillermo Fariñas Hernández.

Coco.jpgLa Chirusa, Santa Clara, 7 de marzo del 2014, (FCP). Durante casi cinco meses Caja Quinta permaneció en la Unidad de Instrucción Penal de la Contra Inteligencia Militar de Villa Clara. Allí ya no había que presionarlo para nada durante los interrogatorios, pues él con cinismo y crueldad reconocía su intento de asesinar a otro ser humano, como la más simple de las cosas.

Un antiguo compañero de estudios y vicisitudes en Los Camilitos de Santa Clara, resultó ser el Fiscal Militar actuante en su caso judicial, quien inicialmente intentó ser condescendiente con él. Pero este no pudo, porque estuvo presionado todo tiempo desde las oficinas del General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, Jefe del Estado Mayor General del MINFAR.

Debido a que un Coronel, y amante de su antigua jefa, se deshizo en esfuerzos para castigar el atrevimiento con su fornicante hembra de otro oficial desfasado y obsoleto. Aquel procedimiento de Instrucción Penal se transformó en toda una venganza personal, al punto que a pesar de ser el acusado un civil, finalmente fue procesado como militar y por un tribunal militar.

Su excondiscípulo se lo confesó abiertamente, en el curso de uno de los tantos interrogatorios, le dijo: “Caja Quinta… como Fiscal he recibido orientaciones expresas del Mando de pedirte la máxima condena posible”. El procurador castrense aunque se nombraba Alfredo, en su ciclo de vida juvenil todos lo apodaban “El Pillo”, no contradijo las ordenes de arriba y se ensañó con el procesado.

Al Fiscal le curioseó y preocupó, como ser humano, la frialdad unida a la crueldad que mostraba el ex-Teniente Coronel al confesar los hechos de extrema violencia en que había incurrido. Aquella actitud desafiante de jamás arrepentirse ante su víctima, aterrorizó al acusador de oficio, puesto que intuyó que se había despertado un monstruo.

Sin embargo, a Caja Quinta, encerrado en su celda, solo le preocupaban dos cuestiones, para él fundamentales, pues tenían que ver con lo que más amaba en el mundo, su hija adolescente. Y estas eran: 1ra ¿Cómo su niña sobreviviría dentro del mar de hambre y necesidades básicas en que se vivía? y 2da ¿Quién le daría a su pequeña los recursos para celebrar su cercana Fiesta de 15 Años?

Pasados los cuatro meses fue trasladado repentinamente ante un quinteto de jueces militares, quienes escucharon con desidia y cansancio los argumentos del abogado defensor. Mientras que se despertaban y atendían con una mezcla de respeto y oportunismo las deposiciones del Fiscal, en un final la jugada estaba ya cantada y los ramos con estrellas querían para él una larga sanción.

Cuando finalmente terminó el juicio a los tres días, quedó concluso para sentencia y estuvo a la espera de que emitieran el fallo definitivo, durante algo más de 21 días. Al finalizar ese período de tiempo le comunicaron que había sido condenado a 10 años de privación de libertad en una rigurosa cárcel militar del Ejército Central.

La prisión para militares La Paula en la provincia de Matanzas, es considerada de Alta Seguridad en el Sistema Penitenciario de la Isla, además a los reclusos allí se les exigen ordenanzas y procedimientos como en cualquier unidad de combate del MINFAR. Pero para Caja Quinta tener que marchar o saludar a los oficiales marcialmente, no era una gran preocupación, a él le inquietaba otra cosa.

Esta cuestión que lo laceraba en su fuero interno y no lo dejaba dormir, pues se culpabilizaba constantemente de no haber podido celebrarle su Fiesta de 15 años a su hijita. Con este peso en su alma, si todavía le quedaba alma y sentimientos, los días, meses y años comenzaron a pasar sobre el cuerpo del veterano de la guerra de Angola.

Allí en La Paula, él empezó a recibir malas noticias respecto a su vástaga, porque esta tras cumplir los 16 años de edad dejó de estudiar y se inició en el ejercicio de la prostitución. Su descendiente se transformó en una agresiva “jinetera” que asediaba a los turistas extranjeros fundamentalmente en el balneario de Varadero y los hoteles de La Habana.

Caja Quinta la mandó a buscar con su anciano padre, que era quien único lo visitaba, a una de sus Visitas Reglamentarias y su otrora pequeñita lo vino a ver, pero cuando el progenitor le reprochó ejercer como meretriz ¡Entonces, sí ardió Troya! Su hija le echó en cara su abandono por estar encerrado y que no había pensado en ella, a la hora de casi matar a otra persona.

Aquel desencuentro marcó a Caja Quinta para toda su vida, sin quererlo había perdido el respeto de su hija definitivamente, pues ella se levantó y se retiró de la Visita Reglamentaria. Al regresar a su destacamento penitenciario él mismo se asustó, del alto nivel de odio que ya pasaba por su mente, ese día se juró con los dientes apretados por la impotencia: “Soy yo contra el mundo…”.

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