Tirarse con la Guagua Andando V, Guillermo Fariñas Hernández.

Coco.jpgLa Chirusa, Santa Clara, 14 de marzo del 2014, (FCP). En aquella cárcel cubana, como en todas las de la Isla, existían los reclusos “Mandantes”, una especie de matones tolerados por los carceleros. Estos son reconocidos entre la población penal como “Guapos” y se caracterizan por usar el “Matonismo”, cual modo de mantener la disciplina en las ergástulas.

La agresividad innata, familiar y social de Caja Quinta desde niño, ahora unida al furioso odio dentro de él, tras haber perdido el amor y el respeto de su única hija, sirvió de catalizador para que hasta los “Mandantes” le temieran. Dentro de aquel reclusorio se comentaba: “Él estaba sin cabeza”, frase marginal que significa su falta de miedo a las consecuencias y una temeridad cercana a la locura.

Durante varios años, se hizo algo constante sus peleas, heridas infligidas a sus contendientes de turno y los recurrentes castigos del sistema penitenciario por lesionar reclusos se transformaron en algo proverbial. Caja Quinta sin ser un Guapo típico en aquella cárcel, se impuso por no tener escrúpulos de ningún tipo al lesionar a sus compañeros de infortunio.

Los oficiales que dirigían aquel predio carcelario se percataron, que de él proseguir en aquel lugar sobrevendría inexorablemente una muerte, o a Caja Quinta finalmente lo mataban, o por el contrario, él terminaba con la vida de uno de los tantos presos con que se peleaba. Ninguna de las dos opciones le convenía a estos uniformados, pues cuando existen muertes, alguna cabeza cae.

Esta postura logró que las propias autoridades de aquella penitenciaria decidieran, por conveniencia, sacarlo de allí, pero para no exacerbarlo o alertarlo, comenzaron a realizar las maquinaciones calladamente. Con inteligencia usaron al enfermo y anciano padre de Caja Quinta, la única persona de su familia que lo venía a visitar aún y le preguntaron: ¿Para donde se lo trasladamos?

A los cuatro años de permanecer en La Paula, entre los recuerdos de su pequeña vástaga bien y el rencor frio por haberla perdido, un inesperado día fue trasladado hacia una prisión en Santa Clara. Hasta el propio Caja Quinta se sorprendió de haber estado hasta hacia unas pocas horas en otra prisión y en otra provincia.

Se encontró en la cárcel “La Pendiente”, en las afueras de Santa Clara, donde pudo compartir con coterráneos de su querida y marginal barriada Dobarganes. Cierto era que su generación pudo ver a unos pocos, pero a los descendientes de estos, los conoció por fuera o sea en apariencias, pero por dentro, como se debe conocer a los hombres que están presos con uno.

También en ese mismo sitio se vino a enterar, que varios de sus sobrinos-nietos cumplían largas sanciones allí por delitos de Asesinato en Grado Tentativa, Lesiones Graves con Peligro para la Vida, Hurto y Sacrificio de Ganado Mayor, Robo con Fuerza en las Cosas y Robo con Violencia. Tuvo la osadía de reírse de su desgracia y de la tendencia que poseía su familia a la marginalidad.

Allí pudo percatarse, en lo más profundo de su ser, que la bestialidad a él atribuida era una cuestión de infantes, ante la crueldad de todos aquellos jóvenes que permanecían encerrados junto a él. Todos aquellos delincuentes menores de 30 años, bajo ningún concepto se arrepentían del mal que habían hecho a otras personas o la sociedad en general.

Se puso a realizar un análisis filosófico de las motivaciones, proyecciones y aspiraciones de aquella representación de la juventud cubana; y se dio cuenta que la Revolución estaba perdida.

El malsano cinismo, con que todos aquellos mozalbetes se vanagloriaban de los delitos más violentos cometidos por ellos, era una clara señal, que El Hombre Nuevo había quedado en una utopía.

Su mala fama debido a su agresividad y crueldad, mientras estuvo encarcelado en La Paula, lo había precedido al arribar a la provincia de Villa Clara. Y su muy abultado expediente de recluso, que detallaba con pormenores el alto nivel de peligrosidad carcelaria alcanzado por Caja Quinta en la ergástula matancera, resultó una cuestión que preocupó a la Dirección del penal.

Si le añadimos, que contaba con toda un “Pelotón Familiar” junto a él, Caja Quinta se transformó en un peligro latente para mantener la disciplina y estabilidad en aquella prisión. Razón por la cual, El Consejo de Dirección de La Pendiente se propuso la tarea, de sacarlo con brevedad del Régimen de Mayor Severidad, única manera de evitar un motín carcelario.

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