Unidad con Pies de Barro (I), Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon.jpgEl Condado, Santa Clara, Villa Clara, 8 de marzo del 2014, (FCP). A pesar de los insistentes llamados a la unidad hechos por el eje Cuba, Ecuador y Venezuela, en la Cumbre de los jefes de Estado y de Gobiernos de América Latina y el Caribe (CELAC), persisten agudas diferencias entre ellos, que las hacen irreconciliables. Es lógico que suceda, la CELAC no es un bloque monolítico, ni tampoco una coordinación de intereses políticos homogéneos.

La prensa acreditada al evento, no tuvo acceso a los debates registrados a puerta cerrada. Aún se desconoce la forma en que fueron abordados innumerables y complejos problemas de carácter fronterizos, que están en la mesa de negociaciones y que en ese amplio marco de intereses nacionales no encontraron solución.

Muchos fueron los discursos pronunciados por los jefes de Estado, cargados de una retórica populista y demagógica. Pocos fueron francos a la hora de hablar sobre las causas que generan la pobreza, el atraso y el subdesarrollo de la mayoría de los países que integran la región. Algunos para evitarse problemas soslayaron hablar sobre las nuevas corrientes nacionalistas en boga.

Nacionalistas y Socialistas, se unieron en esta Cumbre en una comunión de intereses antioccidentales y antinorteamericanos. Era lógico esperar que no se levantara una voz para denunciar al gobierno cubano, por las sistemáticas violaciones de los derechos humanos y por la falta de libertades presentes en este país.

Un gran silencio cómplice se dejó sentir durante los dos días de sesiones. En el lugar donde se reunían los mandatarios solo se escuchaban loas y alabanzas al octogenario Comandante, por ser junto al desaparecido presidente Hugo Chávez los creadores de esta organización, cuyo objetivo principal es poner a los pueblos y gobiernos latinoamericanos contra los Estados Unidos.

Llamados a la unidad hicieron con énfasis los presidentes integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).Es evidente que este grupo de países busca desafiar las relaciones comerciales con Estados Unidos. Nicolás Maduro, como Chávez en vida, se dedica a regar petrodólares con el fin de ampliar su clientela política en la región.

Innegable es el hecho de que en este cónclave, hubo ausencia total de la unidad a la que aspiran los líderes cubanos y venezolanos para lograr consolidar un fuerte movimiento, expresión de esta izquierda extremista. No abordaron muchos problemas complejos que subsisten en esta parte del universo, y que de plantearse, daría al traste con el desarrollo de la Cumbre.

En aras de consolidar la unidad de esta organización latinoamericana y caribeña, sus promotores pasaron por alto la lucha armada en Colombia, que se mantiene como una anacrónica y sangrienta representación de los delirios revolucionarios. En ello está estampado el sello de Fidel y del Che, empeñados en llenar de guerrillas el continente.

Como se ha recordado, a pesar de los esfuerzos realizados por los presidentes integrantes del ALBA, bajo la batuta de Nicolás Maduro, para lograr presentar un frente unido contra la política estadounidense, estos no han logrado resultados. El modelo de Cuba no se puede tomar como ejemplo, ya este tuvo un tránsito macabro en la historia del siglo XX y comienzos del XXI.

Una gran división se da hoy en América Latina, y no es entre gobiernos pro-estadounidense y antiestadounidense. La división no es entre los partidarios del ultraliberalismo y los socialistas. La contienda enfrenta a la izquierda más extremista, de la izquierda moderada y estas posiciones se reflejaron en la II Cumbre Latinoamericana y Caribeña.

Raúl Castro, Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega, lanzaron como siempre furiosos ataques contra los países desarrollados, acompañada del “fuetazo” contra el “imperialismo”. Todos los populistas arremeten a latigazos contra el dorso del imperio. El “imperio” es casi siempre el gobierno de los Estados Unidos.

Imposible lograr la unidad latinoamericana, asentada en apoyo a gobiernos totalitarios y antidemocráticos. La unión de muchos de estos gobiernos se levanta sobre cimientos de barro. Son muchos los factores que enfrentan unos a otros, y más cuando la izquierda que ellos representan, quiere extender sus mandatos en el poder. Caso Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

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