¿De dónde son los cantantes…?, Héctor Darío Reyes.

hector dario.jpgVigía Sur, Santa Clara, Villa Clara, 21 de marzo de 2014, (FCP). A veces me pasan en la radio, a veces nada más. A veces…y a veces…no…”. Me permitiré la licencia de comenzar mi comentario con este verso de la canción Memorias… de Carlos Varela, donde el cantautor acusa un problema evidente que siempre ha tenido la producción mediática cubana. El asunto de la difusión musical.

¿A quiénes pasan por la radio y la televisión? ¿Qué géneros musicales son privilegiados y cuales marginados en los espacios dedicados a la música?

Los medios son capaces de atiborrarnos con subproductos comunicativos, creadores de un andamiaje publicitario que impone subculturas vanas y elitistas, lo cual conlleva una pérdida de identidad. A un consumo de aquello que, por estar de moda, no siempre cumple parámetros de calidad.

Mucho se difunde el pop latino más superficial, del cual está recorteando la nueva vanguardia kich cubana. Mientras, el reguetón y el rap, hechos en casa con sonoridades propias que rescatan ritmos regionales y los fusionan con backgrounds musicales, incluso cuando se realiza desde patrones propiamente cubanos, a veces se producen como mala copia de productos extranjeros.

Lo mismo puede suceder con el rock nacional, territorial y villaclareño. Mientras temas musicales insustanciales y “de moda” campean por su respeto en la TV, la radio nacional y provincial, el rock y otros ritmos, digamos de “contracultura”, sigue subdifundido. ¿A qué se debe esto?

Según me afirmó Ela Pérez, analista musical de la CMHW, emisora radial de Santa Clara, se graban y promocionan todos los temas que cumplan los parámetros en cuanto a letras y música. “Estos parámetros no son tan rigurosos, lo que sucede es que el rock, por ejemplo, no es muy radiable que digamos, no se oye bien”.

Una regla establecida por el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) plantea que en las emisoras y canales televisivos es obligatorio difundir un 80% de música nacional. Esto se realiza con el objetivo de promocionar nuestros autores e intérpretes, y dejar el resto para la música foránea.

Radiables o no, se olvidan de que el 20% restante debe ser para todo tipo de géneros musicales. Parece que los musicólogos y realizadores de la radio y la televisión nacional no se han percatado de leer ese epígrafe. El rock y los subgéneros asociados a este, a veces no son admitidos por factores de identidad e idiosincrasia.

Los medios aún no promueven lo necesario. Aunque, hay que reconocer que gracias a programas nacionales de la TV como “Lucas” o “Cuerda Viva”; o locales de la radio como “Al Lado del Camino” o “Juventud 2000”, se hace una importantísima labor en cuanto a divulgación y presentación de la música del patio.

Realmente hay organismos fuertes que están interesados y comprometidos. La Agencia Cubana de Rock, La Agencia Cubana de Rap, la Asociación Hermanos Saiz (AHS) deben encargarse de promocionar a sus propios exponentes de la capital y de provincia.

Ninguna de estas instituciones tiene potestad real para exigir que se divulguen estos grupos por las emisoras locales. No obstante, se logra gracias a directores y realizadores con intereses personales en estos géneros. Y aunque se hace, queda corto en cuanto a seriedad, programación y cantidad que exige la creación musical en sí.

Una opción del público seguidor de estos ritmos siempre ha sido reunirse en los distintos festivales, que por suerte, del tiempo a la fecha se celebran ya en casi todas las provincias. O como alternativa, pasarse las maquetas y singles de los grupos preferidos, grabados en condiciones “admirables” y “de garaje”; pero que pasean la Isla y un poco más allá, de manera underground. Algo así como un “hechoencasa record”

Nos sólo el dúo de hip-hop “Los Aldeanos”crearonsu propia industria y mercadeo de su música. La gran mayoría de los raperos, roqueros y trovadores producen sus discos de manera artesanal. Muchos de estos “demos” tienen suficiente calidad para ser incluidos en el repertorio musical de algunos programas, o insertar en la programación espacios especializados en estos temas.

Los medios no promueven a estos músicos “alternativos” alegando un par de razones. Para esto exigen motivos que tienen que ver con la calidad, la distribución legal de los fonogramas, las patentes de producción, y los análisis por parte de “asesores” del discurso temático que va a ser difundido.

Otro punto es el asunto del 80% de música cubana. Y la pregunta es… ¿Quienes hacen estos géneros en Cuba son músicos rusos, serbios o croatas? ¿De dónde son los cantantes? dice ese tradicional son del Trío Matamoros.

Hay que observar ciertamente que el bolero y la salsa, cubanos por excelencia, gustan más a las masas, y en los últimos tiempos el reguetón se ha impuesto, más por una política mercantilista que por una razón cualitativa.

Pero… ¿Por eso se va a marginar a todo un grupo sociocultural que, quiéranlo o no, trae aparejado tras de sí importantes géneros de la historia universal de la música? Imagínense si le dijéramos a Frank Fernández que no puede grabar un CD de música sacra austriaca porque no está contemplado en las raíces musicales autóctonas.

O como me dijo mi socio “El Ciro”, líder de “Porno para Ricardo”, una de las bandas más polémicas y consecuentes del panorama del punk cubano: “Nadie critica a Leo Brower cuando interpreta una suite alemana; incluso lo ovacionan”.

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