Penurias (IV), Rolando Ferrer Espinosa.

Ferrer.jpgCamino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 21 de marzo de 2014, (FCP). Las tantas penurias en que vive el pueblo cubano denotan el desinterés gubernamental por su bienestar. En la extensa gama de manifestaciones de pobreza que muestra el cubano de a pie, está, desde el que no tiene nada, hasta el que por sacar adelante a su familia, expone a diario su vida con enfermedades o con la prisión.

Estos pobres marginados pasan como si no existieran. Nunca alguien los menciona, no se hace referencia por los medios de prensa de que en tal o mas cual barrio -marginal o marginado- sucede cosa alguna, a no ser “el buen desenvolvimiento de los procesos electorales de base y los hechos políticos donde participaron con entusiasmo todos los vecinos”.

Cuanta hipocresía genera este sistema político que se la pasa de mentira en mentira. A los gobernantes tiranos no les importan los individuos, mucho menos los desposeídos, lo único que les interesa es mantenerse en el poder y motivar a prospectos a tiranos, con “el modelo político ideal para la democracia socialista y el futuro de la humanidad”.

Cuba es un ejemplo destacado de pasarela política. El régimen se ocupa de presentar la imagen de la solución de los males para, principalmente, América Latina y el Caribe, porque se está dispuesto además a exportar a otros rincones del mundo, siempre y cuando se pueda obtener ganancias económicas que suplan la producción inexistente de bienes materiales y de consumo.

Decía el apóstol: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar“. Honrar a Martí, es debelar ante la humanidad la naturaleza del sistema en sus entrañas, e invitar a los cubanos a despertar del letargo en que “viven”.

En el Camino a Vegas Nuevas, por desgracia, podemos encontrar todo tipo de penurias. En una pequeña “casa”, la 36-A, construida muy poco a poco, de mampostería y de madera, con el techo variado, reside un matrimonio de jóvenes con dos niñas de 4 y 2 años respectivamente. Ellos “están graduados de nivel superior en supervivencia sin recursos”, son verdaderos héroes.

Yanisleidys Ramos Sarduys, con sus dos pequeñas, Anabelis Melias Ramos y Cintia de la Caridad Alejo Ramos, y el esposo, Ramón Alejo Reyes, son los protagonistas de este drama. Ella tiene 23 años de edad y en su vida solo ha conocido del sufrimiento y las necesidades, es huérfana de madre desde muy pequeña y le faltó la presencia paterna.

Ramos Sarduys fue criada por la Casa de Amparo Filial hasta arribar a los 17 años. Al salir de la tutela estatal, le prometieron un módulo de vivienda para que tuviera su propio hogar y formara su familia, que le asegurarían todos los materiales, así como lo imprescindible para el interior de la casa, muebles, camas y otros. ¡Muy bonito para ser verdad!

Hasta el día de hoy la joven espera porque le den algo de lo prometido. La casita inicialmente era un cuartico hecho de recortes de madera, con poca o ninguna privacidad, el techo de pedazos de zinc, cartones y otros, sin baño, luego con sacrificio hicieron una habitación de bloques y un escusado sanitario.

En el lento proceso de ampliación, han tenido que hacer las necesidades fisiológicas como pueden, de acuerdo al momento. Cuenta Ramos que de sus hijas, la de cuatro años es asmática con padecimiento del corazón, la de dos estuvo ingresada en terapia intensiva del hospital infantil por una sexis generalizada, en lo que tuvo su incidencia las malas condiciones del hogar.

La improvisada vivienda, como todas las casas del lugar, no tiene propiedad. Este núcleo no cuenta con la famosa libreta de racionamiento, por lo que pierden lo poco que les vende el Estado a bajos precios para los niños, dígase de la corta ración de carne de res una vez por mes y la leche para el desayuno del mes, esto hasta cumplir los 7 años, así como el arroz y azúcar de todos.

Por otra parte su cónyuge Ramón Alejo, no ha encontrado un buen trabajo vinculado al Estado. Este se dedica, por cuenta propia, a vender hierba a los poseedores de caballos, como forma de buscar el sustento del hogar, lo cual apenas cubre algo de las necesidades, a pesar de que la labor es bien dura y agotadora.

Lamenta la joven el no poder trabajar para ayudar al esposo, pues tiene que cuidar las niñas. Alegan, que no tienen ropas ni zapatos que ponerse, ni siquiera chancletas para estar en la casa, utilizan lo que encuentran en el vertedero municipal, que nunca almuerzan y que en ocasiones solo tienen comida para las niñas y los mayores comen cualquier cosa o no comen.

Agrega además, que en los días malos no hay comida ni para las niñas, que se ven obligadas a ingerir agua con azúcar y pan. Como el caso de esta familia existen otros con similares situaciones de hambre y necesidades, ocultos tras las maltrechas paredes de madera o de cualquier otro material, víctimas de un sistema de penurias.

Penurias (IV).JPG

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