La gran porfía histórica: Dilema inconcluso, Ramón Jiménez Arencibia.

RamonEl Condado, Santa Clara, Villa Clara, 28 de marzo del 2014, (FCP). Prever el futuro inmediato no es imposible, pero resulta sumamente complejo. La variedad de cambios que en la arena nacional e internacional se producen a diario, hacen difícil interrelacionar unos fenómenos con otros para extraer las conclusiones más acertadas. La información objetiva está vedada, prevalece la más absoluta censura y aumenta la represión a las formas de pensar diferente.

Los abanderados de las teorías marxistas, obligados a abandonarla, en parte, para poder sobrevivir, plantean en sus programas y declaraciones su oposición a las inversiones extranjeras. Enarbolaban como principio fundamental, que el Estado de la Clase Obrera, era el dueño absoluto de los medios de producción y así quedó plasmado en la Constitución.

Regresan a la dialéctica, la cual utilizan en forma oportunista para justificar los cambios. Sustituyen y agregan apéndices a la Carta Magna, siempre que esto sirva para institucionalizar el mecanismo de permanencia indefinida en el poder que practican por más de medio siglo. Eran enemigos de la inversión foránea, y hoy la ven como esencial para el desarrollo.

En numerosas intervenciones de los dirigentes del Estado y del Partido Único, hacen énfasis de que las medidas adoptadas para la Actualización del Modelo Económico Cubano, no son copias del neo-liberalismo. Según estos apóstoles del nuevo-populismo, los lineamientos aprobados tienen el objetivo de construir un Socialismo Sostenible.

Palabras muy bonitas, pero vacías de contenido. Son numerosas las ocasiones en que la élite gobernante, durante todos estos años, ha hecho modificaciones en su línea económica para salvar al régimen totalitario. Economistas de prestigio, han querido identificar de alguna manera estos cambios, llamando los ciclos idealistas y pragmatistas.

Estos períodos desde el año 1961 hasta nuestros días, reflejan el predominio de las  tendencias políticas e ideológicas dominantes en el momento. Es evidente que la fuerza o la influencia que unas y otras ejercen en el seno de la dirección del Estado y del partido,  se manifiestan en cada paso que el régimen realiza para sortear la crisis que enfrenta.

No existe una unidad monolítica en la dirección del país, los choques entre las diferentes tendencias ideológicas resultan inevitables. La izquierda extremista ha sido la propulsora de los diferentes ciclos idealistas que, al aplicarse, solo trajeron una mayor penuria a la población, acompañado siempre de una mayor represión al pensamiento libre.

Fidel ha sido el máximo exponente de esta tendencia política y económica, su participación ha sido vital en la generación de los ciclos. Hasta el año de su enfermedad, en 2006, y a pesar de un cierto grado de institucionalización, concentraba en él un enorme poder y toma de decisiones fundamentales para el país, cosa ésta que, entre bambalinas, aún perdura.

Esta izquierda extremista perdió poder de convocatoria en el 6to Congreso del Partido Comunista de Cuba. Allí triunfó el ala moderada, que, en ese cónclave, fue la portadora de los lineamientos para actualizar el Modelo Económico Cubano. Esta tendencia política hoy predominante impulsa los cambios con el fin de prolongar la vida del régimen totalitario.

Prácticamente, en este ciclo iniciado después del evento de los comunistas cubanos, donde se constató que la mayoría de los resultados fueron adversos, se comenzó un tímido avance hacia la economía de mercado. Esto se traduce en una mayor descentralización de las decisiones, y el predominio de precios de mercado sobre el racionamiento.

Apertura a la inversión extranjera y uso del presupuesto estatal para controlar el balance fiscal, además de la ampliación de los mercados libres agrícolas e industriales.  Incremento con nuevas modalidades del Trabajo por Cuenta Propia y autorización para hacer contratos de trabajo para su utilización en la actividad productiva (trabajo asalariado).

No significan estos cambios que se realizan en el terreno económico, impulsados por la izquierda moderada, un paso hacia el establecimiento de la libre empresa, la economía de mercado y un Estado de Derecho. Tampoco define la gran porfía de nuestros tiempos entre el totalitarismo esclavizante, y la democracia representativa.

 

 

 

 

 

 

 

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