Tirarse con la Guagua Andando VII, Guillermo Fariñas Hernández.

CocoLa Chirusa, Santa Clara, 28 de marzo del 2014, (FCP). Caja Quinta, de pronto, tuvo la muy  personal percepción, que su tiempo dentro de las prisiones, por donde pasó, se le escurría a una velocidad descomunal. Casi sin darse cuenta de lo que pasaba con él, un día le dijeron que ya tenía que salir de allí, que estaba en algo denominado Libertad Condicional.

Con sus rencores a cuesta se concentró en tres temas para disfrutar de aquel odio que le corría por las venas. Se pudo percatar enseguida, que ese sentimiento no era exclusivo de los que como él estuvieron tras las rejas. Al estar en las calles podía ver, en el diario bregar, que casi toda su generación que había defendido y ayudado a crear la Revolución Cubana se sentía engañada.

En primer lugar; saber cómo le iba a su hija, aunque no se dirigiesen la palabra, y ella ahora viviera casada con uno de los tantos extranjeros fornicados por la ahora esposa. Pues a pesar de los pesares, su pequeñita navegó con suerte, debido a que un “cuarentón” italiano finalmente la había desposado, con velo incluido, en una catedral católica milanesa.

Como segunda instancia; debía localizar a su antigua jefa para causarle el mayor daño posible, claro sin necesidad de mancharse las manos, algo que había aprendido a hacer en prisión. Esta abandonó desvergonzadamente a su amante, el coronel, quien cayó en desgracia por sus corruptelas continuas, y fue jubilado apresuradamente.

Tendría que ser sumamente cuidadoso en este propósito, puesto que su exjefa no se había sentado a lamentarse, o llorar, por su anterior amante y ahora era la mantenida “querida” de otro coronel. El Jefe de la Dirección General de Contra Inteligencia (DGCI) del Ministerio del Interior (MININT) en Villa Clara, el oficial “con tres moscas” Leandro Garnica.

Cual tercera prioridad; se propuso luchar contra el régimen político que lo había usado, dejado al garete, y después encarcelado. Estuvo tentado a integrarse a los grupos de disidentes no violentos contra el gobierno, a pesar de su status legal de Libertad Condicional, para eso visitó en varias ocasiones a un excondiscípulo suyo, en Los Camilitos, que era un conocido anticastrista.

Finalmente, se decidió a no entrar a la oposición pública, porque se autovaloró a lo interno y comprendió que aquello de recibir golpes y no responder de la misma forma, no estaba dentro de su naturaleza como ser humano. Su idiosincrasia no le permitiría congelar dentro de sí, la fiereza que cargaba sobre sus hombros social y genéticamente.

Para no llamar demasiado la atención del Aparato de Control Social y Desinformación (ACOSODI), entidad que oficialmente no existe, Caja Quinta trabajó, sin protestar, en lo primero que apareció para él, un exrecluso. Por eso laboró en chapear y limpiar las márgenes de los ríos de Santa Clara, un poco después, también como constructor.

Deseaba este exTeniente Coronel, herido en lo más hondo de su alma, pasar desapercibido para no ser dañado por la gran cantidad de chivatos que pululan en la sociedad cubana. Comprendió que una persona como él, debido a sus conocimientos militares, siempre sería valorada por el ACOSODI,  como ʽpotencialmente peligrosaʼ para la estabilidad del gobierno.

Pues en realidad Caja Quinta en las noches salía a hacerle daños al régimen, léase sabotajes, como romper teléfonos públicos, echarle ácidos a motores de automóviles estatales, crear cortocircuitos eléctricos o quemar hectáreas de bosques. Evitaba pensar, que algún día podría tener un cómplice en sus ataques versus medios del estado totalitario, temía a los delatores.

Durante una conversación que escuchó, mientras ejecutaba un trabajo de albañilería, en la vivienda del teniente coronel Alfredo, supo que al saboteador de marras, el Departamento de Enfrentamiento a la Actividad Terrorista Enemiga de la DGCI lo apodaba “El Fantasma”. Los expertos represores arribaron a la conclusión, que una sola persona los combatía.

A través de un subordinado de uno de los jefes principales, de la también conocida como Unidad Antiterrorista, sita en Carretera Central y Doble Vía, Caja Quinta  se pudo enterar sin ser visto, que se estaba montando un Perfil Psicológico para saber su identidad. Algo que lo hizo tomar muchas precauciones, pero sin dejar de sabotear, lo cual ya era una compulsión en él.

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