Escándalo, Héctor Darío Reyes.

Vigía Sur, Santa Clara, 4 de abril de 2014, (FCP).Hacía un calor terrible en la carretera.Debíamos llegar a un municipio bien distante de Santa Clara. No pasaba nada por aquella vía infernal.

De pronto, en la lejanía apareció una bestia. Uno de esos híbridos nacidos de aquellos ómnibus ochenteros comúnmente llamados “trompos”, y la alternativa camionística soviética bautizados por los cubanos como “Kama-3”, cuyo nombre real es KAMA Z. En fin, llegó el “caguagua”.

¡Que bueno! Íbamos a llegar a tiempo a nuestro destino.

La idea por lo menos se enfrió, cuando una conductora con mala saña y más malas pulgas, sacó medio cuerpo por la ventana y tronó ¡Me voy con el chiquito de la camisa verde! Era yo. Pero abajo quedaba mi novia y un sin números de los botelleros que esperaban en la curva de aquella vía.

Pero entonces se le ocurre al “chiquito de la camisa verde” interceder por su novia y por el resto, porque bueno, me las he visto negras en esa carretera y solo para llegar a la universidad. Craso error.

¡Dije que no monta nadie más, quién tú te crees que eres,  ¿abogado?! –Este…no; period…– intenté explicar–

–¡Oye yo te digo a ti…!

De más va el escándalo, sin ton ni son, que me busqué por interceder por un grupo de desconocidos quienes compartían, como yo, el deseo de llegar a algún sitio.

Y la pregunta que se impone es: ¿Tenemos siempre que aceptar y permitir que para montar a los ómnibus nos maltraten y nos griten?

Es cierto que en la cotidianidad, con la rutina. Hay oficios que vuelven loco a cualquiera. Y entonces… «Usted sabe periodista, uno pierde la calma, porque…» explicó un pasajero, y yo asentí.

Ahora bien, todo puede ser lógico según la arista en que se mire el conflicto. Pero ni en ómnibus ni en camello ni en una cafetería de 7ma; usted, empleado de la misma, puede tratar mal y oprobiar a los clientes. – ¡Porque su trabajo, soy yo! Y todos los demás. Hasta usted mismo, cuando no está de servicio. ¿O es que el cartelito siempre va ser puramente decorativo?

Si no pueden controlar su mal genio –y esto va para todos–, e incluyo funcionarios, dependientes y ejecutivos– entonces que pasen terapias o dimitan.

En plata: Sólo les puedo aconsejar acupunturas y sesiones florales para aquellos que destruyen la paz ciudadana porque uno no caminó, no le gustó el pedido gastronómico, o sencillamente intercedió por un amigo. Por razones así, hoy decimos ¡Basta!

Estoy seguro que si trabajaran en el Meliá Habana, y el gerente les tuviera en la mira, resultaban más serenos y calmosos que los guardias londinenses del Palacio de Buckingham.

¡Y no le echen más la culpa al clima de este país!

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s