Más de medio siglo de engaños y falacias. Ramón Jiménez Arencibia.

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 4 de abril del 2014. (FCP). Antes y después del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, y de su Primera Conferencia Nacional, los que propugnan los tibios y tardíos cambios que hoy se aplican, aún mantienen la mayoría dentro de la élite gobernante. A pesar de que las medidas recomendadas tienen el objetivo de evitar el colapso del sistema, la extrema izquierda las acepta bajo protesta.

Es evidente que el  estado deplorable de la economía, causa del deterioro creciente del nivel de vida de la población obligó a la dirigencia partidista a cambiar de rumbo. No bastaron los inmensos subsidios otorgados por la desaparecida Unión Soviética, ni los recibidos ahora de Venezuela. La crisis se agudiza y las soluciones adecuadas  son más profundas y complejas.

Durante muchos años la dirigencia política del país, ha utilizado un arma para adormecer al pueblo cubano, el engaño y la falacia. Como es lógico ha tenido a su servicio en forma permanente e incondicional a la prensa oficialista cubana, única autorizada a circular, cuya tarea unida a lo anterior, es la de tergiversar la realidad y deformar los acontecimientos.

La Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó en sesión extraordinaria y por unanimidad –   cosa esta última que no constituye una novedad-, La Nueva Ley de la Inversión Extranjera. Llegar a este momento en que se empiezan a adoptar medidas que fueron rechazadas de plano por la dirigencia política del país, indica que la economía socialista tocó fondo.

Testigos han sido los cubanos de las campañas de desprestigios desatadas por el régimen, contra los que siempre defendieron el papel de los inversionistas extranjeros, como complemento en el desarrollo de la economía. Es lamentable que muchos economistas independientes, tutores de estas posiciones fueran, por sus criterios, a dar de bruces a las celdas tapiadas del totalitarismo.

Yanqui go home es el grito que los comunistas regaron por América Latina, y que penetró impregnado de nacionalismo en la sangre de los nativos de estas tierras. Hoy, ante el crecimiento de las dificultades económicas agravadas por los efectos de la crisis mundial, apelan a las inversiones extranjeras que pueden representar un factor de desarrollo económico.

Por muchos años, y a través de documentos emitidos por la oposición, se insiste en que Cuba es un país pobre y subdesarrollado. En los proyectos programáticos de las diferentes organizaciones políticas disidentes, se insiste en que el país necesita recursos para impulsar la economía. Plantean que la iniciativa empresarial extranjera es el camino para alcanzar nuevas tecnologías.

En las intervenciones ante el plenario de la Asamblea, realizadas por el Ministro de Comercio Exterior y la Inversión extranjera Rodrigo Malmierca Díaz, y por el Vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo Jorge, ambos esbozaron en sus informes lo que al respecto en la práctica ha planteado la oposición: Abrir las puertas al capital extranjero.

Caerse, levantarse para volverse a caer, ha sido el derrotero seguido por el castrismo. Las decisiones económicas se hacen en el Buro Político, bajo el visto bueno del octogenario Comandante en Jefe. La centralización y el estatismo, política esta impulsada por él durante muchos años, presenta una larga cadena de fracasos y de penurias.

Mentiras y falacias se unen en el accionar del totalitarismo gobernante, para justificar por qué el sistema económico es ineficiente, tanto en materia de distribución como en asignación de recursos. En los años setenta, como también ahora, el gobierno cubano se ha visto obligado a adoptar políticas económicas de corte moderadamente capitalista para sortear las crisis.

Ampliación del Trabajo por Cuenta Propia, arrendamientos de tierras, autorización de los mercados libres campesinos y artesanales, otorgamientos de créditos, venta de casas y autos, e incipiente tránsito hacia una economía de mercado, son las características actuales de este modelo Económico-Social, que ellos lo bautizan con el de “Actualización”.

Estos pasos no han tenido eco en la sociedad, ya que el gobierno no ha reducido de manera perceptible ni su control centralizado de la economía, ni su intervención en el mercado. Además se opone a todo pluralismo político, persigue a todo pensamiento discrepante, detiene, golpea y encarcela a todo aquel que hace oposición militante al sistema.

 

 

 

 

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