Tirarse con la Guagua Andando VIII, Guillermo Fariñas Hernández.

La Chirusa, Santa Clara, 4 de abril del 2014, (FCP). Él prefería aplicar un proverbio hebreo, que se puede leer en La Santa Biblia: “Ojo por ojo y diente por diente”. Se mantuvo en buena forma física  mediante ejercicios corporales y sistematizó la ingestión de alimentos; así mismo se propuso no comer nada en exceso, para mantenerse bien y algún día poder emplear su contenida violencia.

Con total secreto entrenaba dentro de su ahora dividida vivienda, pues residía en un cuarto con baño que le dejó su fallecido padre, un arte marcial letal en que fue entrenado cuando era militar. Ninguno de sus familiares les mostraba afecto y él los reciprocaba con otros sentimientos que no fueran la indiferencia y la desidia… frente a cualquier problema que tuvieran ellos.

El milenario Wu Shu se trasformó en una manera de compensar sus carencias afectivas, que ahora no deseaba tener, porque se preparaba para una guerra sangrienta, en la que no quería ser víctima, sino victimario. Su punto de divergencia con algunos de los opositores no violentos a los que conocía, consistía en asegurarles: “Al final… esto va a terminar en una Guerra Civil”.

Varias no despreciables mujeres se le insinuaron Caja Quinta al ver que era un hombre serio, correcto y muy trabajador. Que ganaba buen dinero en la realización de trabajos como albañil. Él, aunque mantuvo relaciones carnales con ellas, en cuanto comenzaban a exigirle un vínculo marital más profundo y formal, se separaba definitivamente.

Este frustrado exveterano de la guerra en África rehuía a priori, sentir otra cosa que no fuese odio hacia la sociedad que lo rodeaba. Ese sentimiento de rencor malsano, mantenido en el tiempo, lo obligó a no olvidar, que otra de sus prioridades era vengarse de su antigua jefa, pero sin que apareciese él como el instigador verdadero de lo que ocurría.

Se pudo percatar, desde que aún permanecía encarcelado, que los altos jefes del MININT en Villa Clara usaban a los presos comunes para criar cerdos y después venderlos en el Mercado Agropecuario a elevados precios. Esto era un delito de Explotación de Mano de Obra Esclava, según convenios de las Naciones Unidas, pues esos reclusos no eran compensados salarialmente.

Montó puntos de observación nocturna a una serie de Campamentos de Trabajo Correccional con Internamiento alrededor de la ciudad de Santa Clara. Con la ayuda de una cámara digital de fotografía y videos prestada por su amigo disidente, pudo tener constancias graficas de los abusos en los asentamientos de Bernia, La Guanajera, El Pirey, El Club del MININT, entre otros.

Poseía la convicción, que su antigua jefa saldría perjudicada de alguna manera, al ser expuesto como corrupto, su amante de turno el coronel Leandro Garnica. Pero la suerte inesperadamente le sonrió, porque pudo filmar y fotografiar orgías en las cabañas detrás del Club del MININT de casi todos los altos jefes de ese cuerpo represivo.

En estas filmaciones del amante de la capitana del MINFAR, donde ella participaba, y donde otros altos “jefazos” del MININT también asistían. Se podían apreciar como los uniformados mantenían relaciones sexuales con adolescentes, estudiantes de nivel preuniversitario, y por tanto menores de edad, algo constitutivo de un delito punible ante la ley.

Para alcanzar una solución rencorosa usó a su antiguo compañero de estudios en Los Camilitos, quien ejercía indistintamente como activista político prodemocrático y periodista independiente. A él le hizo prometer que bajo ningún concepto este daría a conocer su identidad y que el crédito de todas las filmaciones y materiales fotográficos serían para la Agencia Cubanacán Press.

También con un grupo grande de previsiones realizó sendos paquetes con todas las crápulas filmadas y la participación de las menores de edad, a los que adjuntó una carta explicativa anónima y las envió a la Fiscalía General de la República. A la misma vez se los hizo llegar al Consejo de Estado, al Ministro del Interior y al Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Los organismos oficiales le comenzaron a dar largas a aquellas contundentes denuncias, pero en cuanto las organizaciones periodísticas del exilio empezaron a destapar mínimamente aquellas corruptelas, todos los oficiales involucrados fueron dados de baja sin sanciones penales de las instituciones armadas. La decisión tuvo que venir directamente de Fidel y Raúl Castro.

Todo esto incluyó a su despótica exjefa, quien fue degradada de manera sumarísima por orden expresa de la Dirección Política del MINFAR, de total acuerdo con la Contra Inteligencia Militar (CIM). Ella hasta hace poco trabaja como peluquera y manicura en su vivienda del reparto “Pedagógico”, mientras su ex-amante, Leandro Garnica, se gana la vida como taxista particular.

 

 

 

 

 

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