La Lucha contra la Pobreza, Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon

 

 

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 11 de abril del 2014, (FCP). En varios documentos de diferentes organismos regionales, se aborda con insistencia el problema de la pobreza. La Comisión para América Latina y el Caribe (CEPAL), ha dado a conocer informes relativos a este flagelo del siglo XX y que sigue presente en el XXI. También diferentes entidades reflejan en sus documentos cifras que en otros continentes resultan escalofriantes.

Existe un arcoíris de propuestas recogidas en cientos de programas de organizaciones políticas, económicas, religiosas y sociales donde se trata de explicar su causa. Este fenómeno se manifiesta en Latinoamérica en unos países más que en otros. Haití y Honduras, según las estadísticas, son los más pobres de este hemisferio.

Recientemente en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se habló con profundidad del tema de la pobreza. Nuevamente una gran parte de los mandatarios de la región volvieron a retomar los mismos argumentos que ha caracterizado a la izquierda del continente a lo largo de estos años.

Los presidentes integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), tienen como fundamento ideológico, entre bambalinas, la teoría marxista-leninista. No pierden la ocasión para buscar la responsabilidad por la pobreza de nuestras naciones en un tercero, en este caso los Estados Unidos de América.

Es una realidad inobjetable que por lo general con raras excepciones, todos los países de la región sufren de atraso, subdesarrollo, pobreza, severos problemas económicos e irritantes desigualdades. La solución que recomiendan algunos es la revolución, la destrucción de las relaciones de propiedad y la creación de Estados autoritarios y populistas.

Ejemplo de ello lo tenemos en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba, cuyos gobiernos aplican una política demagógica, y abiertamente populista. Estas izquierdas que han alcanzado el poder en las urnas, con la excepción de Cuba, cuyos nativos jamás en más de medio siglo han elegido un presidente, marchan inexorablemente por el camino del fracaso.

Estos mandatarios desorientados se reafirman en sus falsas creencias, insisten en los lemas de partido, y en los discursos de barricada. Buscan explicación a sus fracasos por cualquiera de las teorías en boga,” Trabajos sucios de la CIA, aplicación de las teorías de Gene Sharp, y de los financiamientos a los mercenarios por la USAID.

Mienten con conocimiento de causa estos paladines defensores del totalitarismo cubano. En su búsqueda irracional de los orígenes de la pobreza, proponen fórmulas alternas al sistema político tradicional de elecciones y partidos. Es una realidad que la experiencia no sirve para nada a los que marchan a contrapelo de la historia.

Desde el año 1959 Cuba se apartó del siglo pasado del concierto de las naciones libres y democráticas. Ha querido ignorar que esa denostada democracia de voto universal y secreto, de prensa y de partidos libres, de libertad plena de expresión, de voto universal y secreto es el único sistema capaz de asentarse en un principio irrebatible: debe gobernar la mayoría.

A veces se escucha al presidente Evo Morales, defensor del masticado de la hoja de Coca, acusar al Capitalismo como único responsable de la pobreza en el mundo. Un político y escritor liberal exiliado en España, le preguntó al mandatario boliviano: ¿Por qué fracasó el marxismo cuando se quiso aplicar en países del Tercer Mundo, incluyendo a Cuba?

Cuatro razones básicas lo explican: primero, que la colectivización concentra en muy pocas manos los mecanismos de toma de decisiones; segundo: La tarea de planificar y centralizar la mayor parte de las decisiones suele crear una burocracia parásita.

Tercero: que la fórmula marxista de asignación de bienes y dictar precios ignora las realidades del mercado; cuarta: Mientras el marxismo pone todo su énfasis en los bienes colectivos, las personas se divorcian de la noción del bien común.

Estos cuatro males de la economía socialista conducen a diferentes grados de ineficiencia. En resumen, no parece ser una casualidad que los países más ricos del mundo son democracias estables en que el poder se trasmite en forma ordenada.

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