Penurias: Una familia sin atención estatal, Rolando Ferrer Espinosa.

Ferrer

 

 

Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 11 de abril de 2014, (FCP). La familia Cepero Moya “tiene una gran deuda con la revolución”. Este núcleo familiar reside en Circunvalación entre carretera a Camajuaní y carretera a Encrucijada, Línea de Ferrocarril Norte, en el número 21 de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) “Ovidio Rivero”, Santa Clara, Villa Clara.

Los progenitores, Ángel Cepero Monteagudo y Susana Moya (recientemente fallecida), fueron testigos de cómo se vivió en Cuba, antes del primero de enero de 1959. Ellos, como muchos otros campesinos, han comparado ambas épocas de la historia patria, y coinciden en que nunca habían pasado tanta necesidad.

A pesar de los malos tiempos crió tres hijos de la esposa y cinco que tuvieron después, durante el matrimonio. Con el trabajo del campo pudo mantener la familia, y sacarlos adelante en cada adversidad. Cuenta el viejo Cepero, que por muy duro que estuvieran las cosas nunca se acostaron sin echarse algo en el estómago.

Este es un hombre forjado por el trabajo del campo. Se puede decir que ha realizado cuanta actividad agrícola existe, pero que su mayor tiempo lo dedicó a regar con agua las plantaciones, tenía que, desde muy temprano en la madrugada, comenzar a conectar el sistema de regadíos con sus tuberías plásticas y metálicas, y tarde en la noche las terminaba de recoger.

De los tres hijos de su esposa, que él crió, uno tiene Retraso Mental. Raúl Moya, conocido por “El Titi”, es un adulto de 56 años de edad. Debido a sus limitaciones mentales recibía asistencia social por medio de una chequera la cual se la retiraron hace ya como 5 ó 6 años, producto de la disminución de los Gastos Sociales, implementado a partir, de la toma del poder de Raúl Castro.

Sin la asistencia social no tiene forma de acceder, aunque sea, a lo mínimo para la alimentación. Este, obligado por las circunstancias, se dedica a buscar en la basura, de lo que él cree puede servirle para algo, así tiene en un cuarto de la vivienda gran cantidad de objetos recogidos en los basureros, que no hay quien se lo pueda votar, lo que constituye un foco de vectores.

“La casa”, de madera, está en muy mal estado. Las vigas del techo están podridas así como la mayoría de las estructuras de la vivienda, y ya se han tenido que retirar a vivir para la parte posterior del inmueble por el progresivo derrumbe del techo, que amenaza con desplomarse en cualquier momento.

El viejo Cepero Monteagudo está jubilado por esta CPA, la cual no le puede dar nada para reparar su rancho, al menos es lo que le dicen. Ha gestionado un Subsidio sin obtener resultados, y no tiene forma alguna de resolver la situación, porque con él vive otro de sus hijos que está vinculado a las labores agrícolas.

Eloy Cepero Moya, de 53 años de edad, es el hijo que reside con el viejo Ángel. Este, por falta de economía, no tiene forma de enfrentar una reconstrucción total de la vivienda, que es lo que necesita. Solicitó al Estado que le de algún tipo de préstamo para él o un subsidio al anciano, cosa hasta ahora imposible. Tal parece que están condenados a que la casa les caiga encima.

De qué le ha valido tantos años de trabajo y sacrificio personal, el empeño porque se cumplieran los planes agrícolas, andar mojado con los regadíos hasta altas horas de la noche y la madrugada, a riesgo de enfermar. Ahora, viejo y necesitado, le dan la espalda. Todo esto por lo que pasan, es una gran deuda que tienen con la revolución…

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