Esa historia está muy mal contada, Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon

 

 

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 18 de abril del 2014, (FCP). El proceso histórico cubano, ha sido estudiado desde posiciones y aristas diferentes, de acuerdo a las concepciones políticas e ideológicas defendidas por cada actor. La génesis, el avance y conclusión de cada una de las guerras  independentistas desarrolladas a  lo largo del siglo XIX, encontró su explicación teórica desde el punto de vista imaginativo en  los historiadores de la época.

Los cubanos, según afirman algunos escritores, estaban diezmados al salir de la contienda, y los españoles no estaban en condiciones físicas, morales, ni materiales para continuar el conflicto. La intervención de los Estados Unidos en la Guerra, independientemente de los criterios en contra, determinó el cese del dominio colonial español.

Según los cronistas la intervención estadounidense produjo resultados complejos. Se hizo una gran labor en el terreno de la Salud Pública y la educación, la erradicación de la fiebre amarilla fue un logro histórico. Se abrieron centenares de escuelas primarias, así como escuelas normales, institutos de segunda enseñanza y nuevas facultades universitarias.

Agregaban estos estudiosos, que al terminar la guerra de independencia, los españoles mantuvieron intactas sus propiedades en Cuba. Incluso las que habían expropiado a los mambises como represalia durante la guerra. Los capitales españoles se vieron en una posición privilegiada, mientras los cubanos que lucharon por la independencia quedaron en la miseria.

Generales, coroneles, oficiales, todos acostumbrados a mandar y de enorme prestigio social, carecían de tierras y capitales. Los extranjeros controlaban la industria y el comercio, los puestos públicos pasaron a ser casi la única forma de enriquecimiento para los cubanos. Los veteranos aprovecharon su prestigio social para postularse y llegar a los mismos.

Una vez allí, señalan los historiadores, aceptaban sobornos de empresas privadas para darles contratos y ventajas, nombraban en cargos a familiares y amigos, concedían contratos a cambio de dinero. Hacían pasar carreteras por determinadas zonas para aumentar su valor y aprovecharse de ello. En resumen utilizaron el poder para su beneficio personal y no para servir al pueblo.

Querer ignorar que en los primeros años de existencia de la república la presencia de grandes inversiones americanas fue un factor fundamental de prosperidad, es tergiversar la realidad histórica. La República progresó extraordinariamente caracterizada por una política de gobierno fundamentalmente liberal.

Es común hoy en día que los hechos históricos presentados a la población sean evidentemente falseados. Desde el 1ro de enero de 1959, con la llegada de la Revolución al poder, comenzó a tejerse una cortina de humo, para desarraigar todo sentimiento patriótico y liberal en la conciencia del cubano.

Lo que se le cuente al pueblo acerca del proceso de lucha del mambisado de los posteriores gobiernos que se turnaron en el poder, electos democráticamente, deben estar despojados de las influencias ideológicas patrocinadas por el Partido Único. En todos estos episodios históricos deberá prevalecer la verdad objetiva.

Insistentemente se habla de revolución. El Partido y las organizaciones progubernamentales utilizan esta  palabra, para  calificar  un acontecimiento que resulta envejecido en tiempo y espacio. Uno de los logros más significativos del régimen totalitario es el haber sostenido sistemáticamente, en contra de la lógica histórica, el término Revolución.

Muchos historiadores consideran que la élite gobernante posee una capacidad extraordinaria para la corrupción del lenguaje. El régimen cubano ha logrado mantener en el vocabulario internacional la fórmula consagrada de “Revolución Cubana”, la misma perdió los rasgos distintivos de lo que la ciencia política califica como tal.

Ante la opinión pública  internacional, se ha querido enmascarar la instauración de un sistema totalitario y personalista. Se quiere mantener un estado en que no se desea alcanzar una madures estable y se prefiere proyectar una imagen de romántica aventura que pareciera no tener fin. Lo contrario de estas realidades resultaría una historia muy mal contada.

 

 

 

 

 

 

 

 

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