¿Cómo nos acomodamos en la Cuba de hoy?, José Luis León Pérez.

Leon

 

 

 

El Gigante, Santa Clara, Villa Clara, 16 de mayo de 2014, (FCP). Cuentan que durante la era glacial, muchos animales murieron de frío. Algunos, percibían esta situación, acordaron vivir en grupos, así se daban abrigo y se protegían mutuamente. En algunos casos, por ejemplo, aquellos animales que tenían  espinas, las suyas herían a los más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor; y es por esto que se separaron unos de otros.

Pero, nuevamente volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: desaparecer de la faz de la tierra o aceptar las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver a vivir juntos. Fueron capaces de acomodar sus espinas para convivir. Lo interesante de esta historia no está ni siquiera en lo que lograron hacer estos animales, sino en cómo llegan a lograrlo.

Los animales solamente pueden emitir señales a sus congéneres, en relación con fenómenos limitados y en una realidad inmediata y directa. Son esclavos de las situaciones percibidas y se orientan automáticamente. Reaccionan instintivamente ante determinados estímulos y aún, cuando no permanecen indiferentes a lo que ocurre a su alrededor, sólo se reconoce la existencia de reacciones afectivas en cuanto a la satisfacción de sus necesidades biológicas.

Este es el nivel de funcionamiento del reino animal. Entonces pudiéramos preguntarnos, ¿por qué a los seres humanos nos resulta tan compleja la convivencia?

Las experiencias de los regímenes políticos encarnados en el totalitarismo nos alertan sobre la valía de una democracia ciudadana. Capaz de reconocer que no hay libertad posible, legitimadora de la dignidad y la justicia social, si no tiene en cuenta la existencia del más humilde de los ciudadanos; tanto para redistribuir los recursos como para hacer pertinente y sin coartar su voz.

No hablamos aquí de una ciudadanía abstracta, sino del sujeto humano vivo y corpóreo, por tanto, diverso. ¿Por qué es importante para la práctica revolucionaria el debate sobre la identidad y la diversidad? ¿Cómo aceptar, respetar y apreciar la diversidad, y en especial la de pensamiento?

Al intentar la búsqueda de una posible respuesta a las interrogantes planteadas, pudiéramos apuntar lo individual, irrepetible y único que “caracteriza”  a la subjetividad humana.

Cada uno de nosotros es un universo único, con carácter, creencias, necesidades, motivaciones, ideales, valores, metas, que nos diferencian entre sí y que condicionan la manera en que nos relacionamos. Por ende, los gobiernos deben practicar la tolerancia ideológica, el respeto al ciudadano y ser ejemplo inclaudicables de los principios inherentes del ser humano.

A pesar de ello somos seres sociales, inevitablemente convivientes. Compartimos en diversos espacios de convivencia: familia, centros educativos o laborales, espacios recreativos y de uso del tiempo libre, e incluso en los espacios virtuales; cada uno de ellos con estructuras, propósitos, potencialidades y posibilidades diferentes.

Si bien todos estos argumentos cuentan con un alto grado de validez, no podemos olvidar que es en las relaciones con otros, que nos formamos y desarrollamos, que nuestros ancestros optaron por vivir en grupos para poder resolver sus necesidades más eficazmente, con el trabajo en equipo se logran mayores y mejores niveles de eficiencia y efectividad.

La polémica es entonces, ¿cuáles serían los principios fundamentales a tener en cuenta para convivir en armonía unos con otros, gobierno-opositores no violentos, en la Cuba de hoy?

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