Crimea y el expansionismo ruso (final), Alexander Andrade Guimbarda.

Alexander

Santa Catalina, Santa Clara, 2 de mayo de 2014, (FCP). Durante la guerra civil rusa, Crimea fue importante bastión del Movimiento Blanco que pretendía la restauración de la monarquía en Rusia, tras su derrocamiento por la revolución de 1917. Luego de ser derrotada la ofensiva sobre Moscú en 1919, el Ejército Blanco comandado por el general Antón Denekin, se replegó hacia la Península de Crimea.

Denekin renunció a su cargo en abril de 1920 y fue reemplazado por el Barón Piotr Nikoláyevich Wrángel, quien lanzó una ofensiva en Ucrania que buscaba derrotar al Ejército Negro de campesinos, e ideología anarquista, dirigido por Néstor Majnó. Este había sido el responsable del fracaso del avance de las tropas de Denekin hacia Moscú, al atacar sus vías de aprovisionamiento.

Tras ser derrotado y firmar la paz con los polacos, el Ejército Rojo bolchevique hizo alianza con el Ejército Negro ucraniano, contra las fuerzas del Barón Wrángel, las cuales fueron derrotadas en toda la línea del frente. Este se replegó a Crimea desde donde evacuó sus tropas hacia Constantinopla. En 1921 se constituyó la República Autónoma de Crimea.

En la Segunda Guerra Mundial la península también fue escenario de relevantes acontecimientos. El 11 de junio de 1941, en un enorme frente que se extendía desde el mar Báltico al Mar Negro, la Alemania nazi puso en marcha la Operación Barbarroja, en la cual millones de efectivos de la Wehrmacht y de algunos países aliados, invadieron la Unión Soviética.

El mando alemán dividió sus fuerzas en tres agrupaciones: el Grupo de Ejércitos Norte que tenía por objetivo alcanzar Leningrado; el Grupo de Ejércitos Centro que avanzaron hacia Moscú y el Grupo de Ejércitos Sur que debía tomar Kiev, y cubrir el flanco derecho de las tropas que avanzaban sobre Moscú. La capital de Ucrania se rindió el 19 de septiembre de 1941.

El 11º Ejército, bajo el mando de Erich von Manstein, que formaba parte del Grupo de Ejércitos Sur, invadió Crimea y puso sitio a Sebastopol, donde fue usado el Cañón Dora, de 80 cm de diámetro, para demoler sus fortificaciones. Poco antes de caer la ciudad, los generales y almirantes rusos huyeron en submarinos.

Con la caída de la base naval de Sebastopol, en manos de los alemanes, los rusos quedaron aislados del mar. Por esto Hitler ascendió a von Manstein a Mariscal de Campo. Sin embargo, en 1944, Crimea volvió caer en poder de las fuerzas soviéticas.

Al finalizar la guerra el líder comunista Iosiv Stalin rebajó la categoría de república autónoma de Crimea dentro de Rusia a la de oblast (provincia). Por la colaboración generalizada de los tártaros con los alemanes, durante la ocupación, estos fueron deportados en masa a Asia Central. Tras la muerte de Stalin, Nikita Kruchech constituyó a Crimea en región de Ucrania en 1954.

Luego de la desaparición de la Unión Soviética la posesión de la península fue motivo de tenciones entre Rusia y Ucrania. En 1992, Crimea, de mayoritaria población rusa, se constituyó en República y, en 1994, se realizaron elecciones a la presidencia, aunque siguió bajo control ucraniano.

Pero en 1995 un dictamen de la máxima instancia judicial de Ucrania anuló la Constitución de Crimea, con lo cual quedó desautorizada la presidencia. El presidente ucraniano Leonid Kuchma asumió el control directo del gobierno de la República Autónoma y los separatistas fueron derrotados en los comicios de ese año.

Ucrania estrenó una nueva Constitución en 1996, en la cual reconoció la autonomía de Crimea pero le prohibía establecer legislaciones que violaran la Ley de Leyes ucraniana. A partir de 1992 comenzaron a repatriarse hacia la Península, paulatinamente, unos 250 000 tártaros de Crimea deportados en época del dictador comunista.

Tras el derrocamiento de Víctor Yanukovich por una sublevación popular en febrero de 2014, a raíz de haberse plegado aquel a las presiones de Moscú y negar la entrada de Ucrania en la Unión Europea, lo cual desconoció la voluntad de la mayoría de su pueblo, en Crimea se puso en marcha un movimiento que nunca fue independentista, sino anexionista.

Los anexionistas pro rusos proclamaron la independencia de la República Autónoma de Crimea e inmediatamente convocaron a un plebiscito donde se preguntaba a la población, de mayoría rusa, si aceptaban la anexión a Moscú. Como era de esperarse, el 16 de marzo de este año, la victoria correspondió al bando de los anexionistas.

De este modo se consumó la violación del Derecho Internacional, la soberanía e integridad territorial de Ucrania, y con ello el gobierno de Moscú dio el primer paso para continuar con el desmembramiento del vecino país. Tras los pasos de los anexionistas de Crimea, el lunes 7 de abril, la Región Ucraniana del Donetsk también proclamaba su independencia.

Otras regiones del sureste de Ucrania pretenden seguir el mismo y peligroso modus operandi de los anexionistas de Crimea, instigados por las ambiciones geopolíticas de Rusia. Solo la firmeza de las potencias occidentales y del resto de la Comunidad Internacional logrará superar esta crisis y evitar una escalada que valla en detrimento de toda la humanidad.

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