Crimea y el expansionismo ruso (Parte segunda), Alexander Andrade Guimbarda.

Alexander

Santa Catalina, Santa Clara, 25 de abril de 2014, (FCP). La emperatriz Catalina II entró en Crimea anexionada junto al emperador de Austria José II de Habsburgo en 1786. Esto dio pie a que los otomanos acusaran a los rusos de violar el tratado de paz de Kucuk Kaynarca, por lo cual, en 1788, se rompieron las hostilidades entre ambas naciones.

Austria y Rusia fueron aliadas en esta guerra contra La Sublime Puerta la cual terminó con la paz de Jassy el 9 de enero de 1792. El Imperio Otomano, derrotado, terminó por reconocer la anexión de Crimea al Imperio ruso y también tuvo que ceder otros territorios por lo que la frontera entre ambos Estados se corrió hasta el rio Dniéster.

En 1796 murió la emperatriz quien fue sucedida en el trono por Pablo I, asesinado en 1801, tras lo que subió al poder Alejandro I, el cual enfrentó la invasión napoleónica de 1812, y falleció en 1825. En ese año llegó al trono de Rusia Nicolás I.

Este autócrata quería un acceso naval al mar Mediterráneo, al cual no podía acceder sin permiso de los turcos otomanos, que controlaban los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Con Pedro I los rusos habían alcanzado el mar Báltico a costa de los suecos y con Catalina II el Mar Negro en detrimento de los turcos. Nicolás tenía puesta su mira en el Mediterráneo.

Hacia 1850 el Zar envió tropas a Moldavia y Valaquia, en territorio otomano, con el pretexto de proteger a los cristianos ortodoxos que habitaban allí. Pero los intereses geoestratégicos de Rusia chocaron con los de Francia y del Reino Unido en la zona.

Por esto el gobierno británico mandó una flota hacia los Dardanelos donde se unió a otra francesa. Las potencias se reunieron en Viena para tratar de lograr por vía diplomática la retirada de las tropas rusas de los territorios ocupados.

Pero los otomanos no aceptaron los términos que reclamaban en San Petersburgo y sus fuerzas atacaron a las tropas rusas cerca del río Danubio. El Zar despachó una armada que derrotó a la flota turca el 30 de noviembre de 1853. Francia y el Reino Unido acudieron en ayuda de la Sublime Puerta.

Ante la negativa de los rusos de aceptar el ultimátum para retirar sus fuerzas del Danubio los aliados, previa declaración de guerra, el 10 de abril de 1854, iniciaron un bombardeo naval contra la ciudad de Odesa. El 25 de octubre se desarrolló la batalla de Balaclava y días después las fuerzas coligadas franco-británicas ponían sitio a Sebastopol.

Esta ciudad había sido fundada en 1784 por el favorito de Catalina II, Grigori Alexandrovich Potemkim, tras la anexión de Crimea, y era base de la flota rusa del mar Negro. Luego de varios días las fuerzas rusas, bajo el mando del general Alexander Sergeyevich Menshikov, lanzaron un ataque contra las posiciones aliadas con el objetivo de obligarlas a levantar el sitio.

El ataque se inició el día 5 de noviembre de 1854 sobre las posiciones de la Segunda División británica, ubicada en el poblado de Inkerman a 5 kilómetros al este de Sebastopol. La batalla se caracterizó por furiosos ataques y contraataques a la bayoneta por ambas partes, donde terminó por imponerse la mejor disciplina y entrenamiento de los regimientos aliados.

También la superioridad tecnológica se manifestó con el fusil minié, más rápido, de mayor alcance y precisión que los viejos mosquetes rusos. Estos abandonaron el campo de batalla, donde dejaron montones de cadáveres. Las fuerzas coligadas mantuvieron sus posiciones en torno a Sebastopol. Ese día el expansionismo ruso sufrió un duro revés.

Luego de 11 meses de sitio las tropas francesas, bajo comando del general Mac Mahon, tomaron la torre de Malakoff y entraron triunfantes en la ciudad el 9 de septiembre de 1855. Derrotado, el imperio ruso pidió la paz que se firmó en París el 30 de marzo de 1856. En el conflicto murieron cerca de un millón de personas entre militares y civiles.

La aceptación de un gobierno autónomo para Moldavia y Valaquia, la renuncia a la protección de los cristianos ortodoxos que vivían en territorio turco y la prohibición de mantener una flota de guerra en el mar Negro, fueron algunos de los humillantes términos que trajo esta paz para el imperio ruso. Así terminaron sus ambiciones por llegar al mar Mediterráneo.

Esta derrota en la guerra de Crimea fue muy costosa para Rusia, y contuvo por buen tiempo sus insaciables ansias de expansión. De paso, le bajó los sumos a los gobernantes de este país que nunca se han conformado con el inmenso territorio que poseen.

Casi cien años después de finalizada la Guerra de Crimea y con el mismo fin de contener el expansionismo ruso, surgió el 4 de abril de 1949 la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN). Hoy sería irresponsable no comprender el peligro que puede llegar a representar para toda la humanidad la voracidad de los dirigentes del país más extenso de la Tierra.

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