Hojas sueltas: La detención, Rolando Ferrer Espinosa.

Ferrer

Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 9 de mayo de 2014, (FCP). Para evadir la persecución y acoso de la Seguridad del Estado, me mudé para el poblado de Manajanabo. A 18 kilómetros de la ciudad de Santa Clara, estaba en condiciones de detectar con mayor facilidad el control de la Contra Inteligencia (CI), lo que me permitía versionar sobre los futuros pasos de la Policía Política.

Fue necesario aplicar los conocimientos de CI para sobrevivir a la guerra que se me hacía, sin previa declaración. Muchas proposiciones aparecieron ante mí, desde salidas ilegales “perfectas”, hasta la realización de actividades de “compromiso legal” y/o de corte violento. Era necesaria la ecuanimidad, y meditar. El día a día me decía lo necesario sobre aquellas propuestas.

El adversario estaba atrincherado y disponía de un aparato en mi contra, de incalculables dimensiones. Todo un sistema se activaba desde “una oficina” en que se daban las órdenes, personales y vía telefónica. Ya el jefe tenía la mira enfocada en el blanco.

Bajo ningún concepto se podía aceptar que un hombre de la CI se desmovilizara del órgano, y mucho menos que pasara a las filas del “enemigo”. Además de los posibles riesgos que encierra este hecho, por el conocimiento de la actividad, está el precedente que deja para los demás oficiales, tal vez y alguno haga suya esta probabilidad, se imponía un castigo ejemplarizante.

Varias modalidades se pusieron en práctica, con el fin de neutralizarme. Una era la persuasión por medio de Agentes Secretos y oficiales activos, que me incitaban a “la lógica del razonamiento” de otras posibilidades. Pero no faltó la amenaza formal, con la lectura del Código Penal y las previstas altas sanciones, así como luego “las complicaciones en prisión”.

La CI no descansaba en el control. El chequeo era casi al descubierto. En ocasiones se dejaban ver, en otras yo los detectaba por medio de medidas de contra chequeo. Tenían puntos de observación con Personas de Confianza (PC) en mi lugar de residencia y en la casa de mi madre, y otras. En mis movimientos, que incluía la retirada para Manajanabo, me controlaba personal profesional, por lo que deduje que en cualquier momento, algo sucedería.

Como no se me permitía laboral vinculado a mis profesiones, tuve que trabajar por Cuenta Propia. Con el apoyo del esposo de mi madre, y sobreponiéndome a todo tipo de obstáculos, abrí un taller de reparación de cocinas en el garaje de la casa, sito en calle primera 129 / B y C, Reparto Vigía, Santa Clara, y viajaba diariamente a mi refugio en el campo.

A pesar del control de la CI, realizaba mi labor de selección y captación de los miembros de la Asociación Independiente. Hasta el 25 de julio del 2000, contaba con siete exmilitares asociados al grupo, y otros simpatizantes, que por razones conocidas, no rebelo sus identidades.

Llegó el día de la represión del totalitarismo. El señalado día 25 transcurría como otro más, el trabajo era poco y fui a la casa de un vecino en la otra cuadra, desde allí pude apreciar el despliegue militar y el acecho a la vivienda de mi madre. Varios autos del Ministerio del Interior irrumpieron en la vecindad hasta bloquear los accesos a la casa.

El control no funcionó. Al percatarse los colindantes que era mi persona el objeto del asalto, me aconsejaron que me escondiera. Decidí dar la cara y enfrentar la situación, no podía dejar a mis familiares inmersos en algo de lo cual no tenían nada que ver, además, de que no había cometido delito alguno; y me presenté en la patética escena donde requerían de mi presencia.

Efectivos del Departamento de Operaciones, del Órgano de Instrucción de la Seguridad del Estado, personalmente fueron a detenerme, con el Mayor Darling Arencibia Jiménez, al frente. Por mi requerimiento, mostraron una Orden de Detención y otra de Registro, basadas en supuestos documentos subversivos, vinculados a actividad Contra Revolucionaria (CR).

Se daba así inicio a un plan de Corte a la supuesta actividad CR, que decían, yo realizaba. Bajo el nerviosismo y la alteración de mis familiares, la consternación de los vecinos y el llanto de mi madre, fui esposado y conducido hacia el cuartel general de Instrucción de Seguridad del Estado, en Villa Clara, atrás quedaba un circo romano, empeñado en escudriñar evidencias de delitos.

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