La Clase Obrera, ausente del Poder en Cuba. Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon

El Condado, Santa Clara, Villa Clara 25 de abril del 2014, (FCP). Todos estos años de celebración en Cuba del Primero de Mayo, la propaganda oficial exhorta sistemáticamente a convertir las Plazas en un hervidero revolucionario. La Administración Central del Estado asume la tarea planteada por el Partido Único, y los sindicatos, como poleas transmisoras de las orientaciones de la dirección política, se afanan en esconder cualquier contradicción.

Las viejas consignas no han cambiado a través de los tiempos, aunque la dura represión y el sometimiento de los líderes obreros ahogan las demandas y reivindicaciones más sentidas del movimiento sindical. Cada Primero de Mayo se manifiesta con mayor claridad, que la organización de los trabajadores ha renunciado a su propia identidad.

La Central de Trabajadores de Cuba (CTC), después de la promulgación de la Ley de Organización Sindical dictada en el mes de agosto de 1961, comenzó a subsumirse en una difusa organización de masas. Esta no estaba concebida para expresar la voluntad de los trabajadores y defender sus intereses, sino como caja de resonancia de los deseos de Castro.

Esta antigua institución histórica de la Clase Obrera, marchaba cada Primero de Mayo al frente de todos los trabajadores de la industria y el comercio en Cuba. Se respiraban aires de libertad y de respeto hacia las organizaciones sindicales, los litigios laborales ocasionados en las relaciones contractuales con la clase patronal, se discutían en la mesa de negociaciones.

Una gran ofensiva política e ideológica desató el régimen castrista para lograr la captura del movimiento sindical. Como paso previo se sistematizó las enseñanzas del marxismo-leninismo, se celebraron varios Congresos obreros, en el camino de lograr la subyugación de este importante y decisivo sector mayoritario de la ciudadanía.

Un gran auge adquirió en ese periodo la propagación de las ideas socialistas y antiliberales dentro de la masa de asalariados. Dominaban el escenario de la época la divulgación de conceptos, de que Cuba era un país rico al que se le despojaba de sus riquezas, (¿quién sino la burguesía nacional y las empresas extranjeras?), ese era el discurso oficial de obligatorio aprendizaje.

Rápidamente se diseminó como complemento, a las medidas puestas en práctica para la conquista del movimiento obrero, la idea de que el Estado tenía que intervenir en la solución de los problemas sociales. Además, la riqueza de unos, generaba la pobreza de otros, y la idea de que los empresarios son explotadores por definición a la clase a que pertenecen.

Planteaban que una enérgica intervención estatal (Dictadura del Proletariado) podía poner coto a la voracidad de los capitalistas. Durante años predicaron que el “Bloqueo” y los poderosos intereses socio económicos, que la revolución lesionó, eran los responsables de los problemas y dificultades por los que atraviesa el país.

Jamás el proletariado cubano estuvo en el poder en Cuba. Las nacionalizaciones y confiscaciones de empresas y de comercios, pasaron a manos del Estado, de la Nueva Clase creada por la revolución de 1959. Un Capitalismo de Estado surgía con estas medidas, donde en forma más o menos enmascarada, continuaba la explotación de la fuerzas de trabajo.

Hoy, la política de engaño con relación a la Clase Obrera, ha variado sustancialmente. Cuando la burocracia totalitaria llegó al poder, se proclamaba que esta era la revolución de los Obreros y los Campesinos. Escritores, artistas, intelectuales de todos los matices se veían obligados a reverenciar a los nuevos dirigentes y a sus teorías esclavizantes.

Después del desplome del socialismo, en la extinta Unión Soviética, y en la Europa del Este, en boca de los dirigentes cubanos surgió un nuevo vocabulario político. Ya no era, aunque nunca lo fue, el poder de los obreros y de los campesinos, ahora era el Estado de todo el pueblo, al igual que el partido se había convertido en el partido de la nación cubana.

Duros golpes ha sufrido el movimiento obrero con el régimen totalitario, los propulsores de las ideas colectivistas y anticapitalistas por fin llegaron al mando y establecieron su dictadura. No fue un milagro ni un accidente que Fidel estuviera al frente de esta empresa, el terreno político e ideológico lo preparó bien, para que la Clase Obrera estuviera ausente del poder.

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