Tibias reformas o cambios económicos necesarios, Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 9 de mayo del 2014, (FCP). La Actualización del Modelo Económico Cubano, es la última carta que la élite gobernante se juega, para salvar el totalitarismo de la crisis permanente que enfrenta. Han apelado a fórmulas que ellos califican de Neoliberales, pero estas han dado buenos resultados a muchos países europeos y latinoamericanos. A un lado quedaron las concepciones cerradas del estatismo, enarbolada por la extrema izquierda.

En apoyo a estas nuevas recetas implementadas por el agonizante comunismo cubano, están los grandes eventos orientados por el Partido Único, y organizados por sus correas transmisoras. Esta triste tarea recayó en la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), con el reciente VI Encuentro Sindical Nuestra América, celebrado en la Habana, con motivo del Primero de Mayo.

Esta cita reunió, según informó el periódico Granma, a representantes de 181 organizaciones sindicales de 30 países en la capital cubana. En ese evento se aprobó la Declaración de La Habana, que es más o menos la reiteración de los innumerables y sistemáticos llamamientos de los partidarios del sistema totalitario a escala mundial, para luchar contra el capitalismo.

Ratificaron en su declaración el apoyo incondicional al régimen cubano, y a las medidas aplicadas para la Actualización del Modelo Económico. Manifestaron su rechazo al “Bloqueo Económico de los Estados Unidos contra Cuba,” cosa esta convertida en dogma por la izquierda latinoamericana.

No podía faltar en este documento la solidaridad de estos sindicalistas, ajenos a todo sentido clasista y democrático, con el gobierno de Nicolás Maduro, en Venezuela. Volvieron a repetir los infundios lanzados por el comunismo criollo, de que las manifestaciones populares de protesta en ese país sudamericano, obedece a planes de subversión de los Estados Unidos.

Todo intento de libertad que emprenden los pueblos contra la amenaza creciente de hacer renacer el estatismo absoluto en la economía e instaurar las comunas en los campos, según ellos, es parte de los planes desestabilizadores del presidente Obama. También la lucha que se libra por un Estado de Derecho en Latinoamérica forma parte de las campañas “subversivas de los yanquis”.

Furibundos anticapitalistas, como Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, que esconden bajo su ropaje la acabada y fuera de contexto teoría del marxismo-leninismo, lanzan ataques irracionales contra ese sistema. Pregonan, frente a toda lógica histórica, como hace más de un siglo profetizara Carlos Marx, el futuro hundimiento del capitalismo.

Los descalabros crecientes de la Economía cubana, han puesto al descubierto la ineficiencia del Estado disfuncional. Esto obligó a la élite partidista a retomar caminos ya transitados, para sacar al país del estancamiento en que se encuentra. Cada vez que la crisis amenaza la supervivencia del sistema se inician tibias reformas, para evitar la catástrofe.

Culpan al gobierno estadounidense, de la situación de penuria y pobreza que viven muchos países latinoamericanos. Buscan en terceros a los culpables y huyen de la responsabilidad que les toca en este drama político, económico y social que vive el continente. Las tibias reformas emprendidas en Cuba, no han sido para instrumentar cambios en el sistema económico.

Cada cierre de año los resultados exhibidos en los diferentes campos de la economía, son irrisorios. No se cumplen los planes en la industria, en el comercio ni tampoco los niveles proyectados en la agricultura. La masa ganadera decrece, a pesar que la población no consume sus carnes, por otra parte no llega a eliminarse el déficit que existe en el comercio exterior.

Para nadie es un secreto que muchas de las medidas tomadas por la dirección del país, para salvar al sistema, han sido aprobadas en una fuerte y enconada lucha entre dos concepciones políticas diferentes. La extrema izquierda o la más recalcitrante se niega a flexibilizar sus posiciones, y acceder un ápice hacia una línea más liberal y tolerante.

Por otra parte, otro sector dentro de la élite gobernante comprende, que el país no puede seguir aplicándoles ataduras a las fuerzas productivas. Hay que estimular la iniciativa individual, impulsar la inversión extranjera y proyectar el ahorro con fines de desarrollo. Para consolidar lo anterior, abrirse a las formas de pensar diferentes, y ceñirse al pluralismo político.

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