Casos y cosas que no se pueden ocultar, Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 6 de junio del 2014, (FCP). Durante más de medio siglo, se han publicado buen número de obras e investigaciones históricas, dirigidas a encontrar una justificación a la decisión de Castro de imponer un régimen comunista. Cuba ha sido durante todos estos años noticia de perenne actualidad, es la bandera que levantan los izquierdistas y populistas de todos los continentes.

Vencidos el trauma y el aturdimiento, arrinconado el miedo y el temor que el terror rojo hizo proliferar a lo largo y ancho de la Isla, empieza a inundarse la república con una abundante literatura democrática, clandestina, limitada y perseguida. A pesar de ello, no son muchos los que se aventuran a escribir sobre las violaciones de los Derechos Humanos.

Jamás encontramos en la prensa oficialista una versión objetiva del largo episodio de las guerras de África, a pesar de lo que ellas significaron en luto y dolor para incontables familias cubanas. Tampoco son muchos los que se aventuran a escribir sobre la magnitud de la crisis actual, además del error de querer la actualización de un modelo económico disfuncional.

Si aún existen grandes vacíos en la literatura democrática, producto del incremento de la represión, habría que reconocer que el gobierno totalitario ha logrado diseminar en Cuba y fuera de ella una propaganda intolerante. Con ella ha mezclado un cierto fervor patriótico nacionalista con el odio clasista, y con ello ha tocado en lo más hondo a muchos pueblos del Tercer Mundo.

La abundancia de publicaciones tendenciosas estimuladas por las izquierdas del continente, contribuyó a difundir una imagen de la revolución que no se corresponden con muchos aspectos de la realidad. Se crearon mitos, se fabricaron héroes y se patentizaron logros que habían sido exagerados o bien respondían a factores ajenos al proceso revolucionario.

Presente siempre está el peligro de la desinformación que se cierne sobre el pueblo actual y futuro de Cuba y aún más sobre el juicio de la opinión pública mundial. La historia de la mitad del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, no puede quedar en manos de la izquierda estatista y totalitaria, que hicieron la apología de la revolución, pues quedaría adulterada para siempre.

No falta en el discurso oficial, ni tampoco en la sistemática proliferación de estos conceptos en la prensa comunista, la expresión de que jamás aplicaremos medidas neoliberales para salir de la permanente crisis económica que abate al país. Sin embargo, ¿cuál es el carácter de las actuales medidas que se aplican para lograr la supervivencia del sistema?

Estos casos y cosas, que no se pueden ocultar se explican por sí solos, las incurables empresas estatales se han convertido en una fuga fatal de recursos del gobierno totalitario. Sus pérdidas anuales equivalen a un por ciento elevadísimo del déficit presupuestario del Estado. No son económicamente viables y actúan como una carga para el desarrollo.

Para salvar al sistema caduco y obsoleto, hubo que instrumentar una vez más el Trabajo por Cuenta Propia. Abrieron las puertas a la inversión extranjera, entregaron en usufructo tierras a los campesinos, otorgaron créditos bancarios a la población y liberaron el mercado agrícola y de productos artesanales.

Con ello abrieron causes parcialmente al desarrollo de las fuerzas productivas, que pugnan por liberarse de las ataduras que el régimen totalitario les impone. Esas medidas cuando se recomienda aplicar en otros países, ellos la califican de Neoliberales. Según algunos estudiosos de la economía, en el sentido actual de la palabra, el “neoliberalismo” no existe.

Hoy es una etiqueta negativa y falazmente construida, es el “Caballo de Batalla” de la izquierda latinoamericana para descalificar a sus enemigos políticos. Es una demagógica invención de los enemigos de la propiedad privada y de la libertad económica. Pululan en las esferas gubernamentales como los trasnochados representantes del pensamiento estatista.

Cosas y casos que no se pueden ocultar y que la más feroz ola represiva no puede borrar, como es la realidad inobjetable de que el descontento crece, y son mayores las fuerzas que luchan por el cambio democrático. La historia no se detiene ni el progreso tampoco, la negra noche de la tiranía quedará atrás.

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