Cómo se olvida a nuestra patria, José Luis León Pérez.

Leon

El Gigante, Santa Clara, Villa Clara, 23 de Marzo, (FCP).El pueblo cubano actual, no tiene la virtud de recordar el pasado. No gusta de la evocación. No le preocupa su origen ni su historia.

Vive exclusivamente en el presente. Le encanta lo frívolo, lo alegre. No quiere ir al recuerdo para saber quienes lo hicieron. Si recordara, ¡¿si constantemente leyera aquellas páginas de Mayo u otras épocas?!

Si las leyera, fuera distinto nuestro presente, porque, quien sabe su ayer, trata de pasar mejor su hoy. Así, cuando pensamos que un 20 de Mayo fue un día glorioso para el pueblo de Cuba, no debería haber llegado nunca un 21 amargo y triste para el mismo pueblo.

La culpa es nuestra, por no respetar y llevar consigo la tradición, para purificarla en la evolución de los días y de la vida.

Un pueblo que no ama el pasado; que no se preocupa por su historia; que no quiere saber quienes fueron los que esparcieron sobre él los aires de la libertad; que no guarda en el rinconcito de agradecimiento de su corazón, la memoria de los grandes cubanos, ¿Qué papel representa ante el mundo? ¿Cómo puede tener grandes virtudes? ¿Cómo puede tener ideales?

Desgraciadamente no sabemos exclamar como Augusto, al recibir la noticia del desastre que en sus famosas legiones causó la espada germana, cuando oprimió la frente contra los muros de Roma para pedir nuevas tropas.

¿Qué virtudes hemos perdido para pedir su reintegración? Ninguna, ¿verdad? Mientras conservemos en nuestra sangre “joven de la República” la indiferencia, la apatía, seremos un pueblo llamado a desaparecer, al empezar a vivir.

La única virtud a que rendimos culto entusiasta, es a la energía de destruir, de derribar, de acabar. De estar indiferentes ante las atrocidades de un gobierno totalitario, decadente y arbitrario; causado por no querer recordar a quienes nos lo dieron, y los esfuerzos que hicieron para podernos dejar ese bien perdido.

La patria, en este cumpleaños de su libertad, vibra sumida en una infinita pena, desconsolada y anhelante, ya casi aniquilada por el agotamiento, al ver cómo germina en el corazón de sus hijos el odio destructor sin poderlo impedir. Y observa cómo florecen en el espíritu público los resentimientos, las malquerencias, las ambiciones…

Se extinguen todos los entusiasmos, se empequeñecen las aspiraciones; se mixtifican las creencias, se agotan de ideologías y las convicciones agonizan enfermas de consunción e imposibilidad… El cuadro es sombrío, pero cierto. Dura es la realidad, pero se impone.

El espectro de los dictadores, ángeles negros de las miserias, baten sus alas por encima de nuestra impotencia. El fatídico pulpo de la desolación aprieta entre sus tentáculos monstruosos y destructores, el alma de la Patria entristecida.

¡Todo es oscuridad! La hora presente es una incógnita. El porvenir, sumido en las sombras del misterio, lejos de confortarnos con un aire de esperanza, nos sumerge en las aguas más heladas del presentimiento más doloroso y pesimista. ¡20 de Mayo de 2014! ¡112 años de Patria cautiva!

Quiera Dios que se disipen las tinieblas y con el nuevo sol, resurjan la paz y el sosiego en los espíritus agobiados e intranquilos…

Nuestra historia, de no hojearla cada día, está amarilla, vieja y arrugada y su olor a humedad nos asfixia. ¡Como se veneran hoy los recuerdos de los hombres ilustres por nuestra actual generación! ¡Pena da mentir en eso!

Seguimos como el torrente de un río que va a perder su agua dulce al mar para convertirla en salada. Así nosotros vemos como cada día desaparece lo poco que nos va quedando; y que solo tenemos aliento y energía para mofarnos de nuestra historia, de esos que rindieron su espíritu viril en la grande y noble conquista de la libertad.

Esas gestas nacidas por el llamamiento de la Libertad e iluminaron a esta tierra heroica, debió servir para levantar y hacer un pueblo agradecido y cívico, que velara por la conservación del legado de sus sacrificios.

Musa Patria

Musa Patria: si has venido

complaciente a mi reclamo,

enflórate con el ramo

que me salva de tu olvido.

I

Nadie cantar ha podido

tu diáfana ejecutoria

perdóname si tu gloria

mis vagos versos quebrantan,

los Ruiseñores no cantan

en la jaula de la Historia…

II

Musa Patria: pongo en ti

las brasas de mi fe.

Musa Patria: esto no fue

lo que predicó Martí.

III

Algo extraño ocurre aquí

que evita toda impulsión

algo que oculta el telón y

la hecatombe presagia

bajo su aspecto de magia

en un juego de salón…

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