El misterio del “Café Amargo” y “Ángeles Desamparados” de un destinatario postal, Héctor Darío Reyes

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Vigía Sur, Santa Clara, Villa Clara, 6 de junio de 2014, (FCP). Esto pudiera ser el título de una novela de Agatha Christie, o quizás, la trama de un film de Hitcoch. Pero no. Esto es Cuba, y aquí los misterios tienen nombres y apellidos. Aunque vengan acoplados a acciones tan disímiles como pueden ser la negligencia y la poesía.

Otra vez “Café Amargo”, el poemario que a finales de abril fuera noticia en Santa Clara, vuelve a estas Cartas desde Cuba. Otra situación evidente pone en tela de juicio el funcionamiento de una oficina gubernamental cubana como Correos de Cuba. Otra vez esta oficina, a la palestra pública.

El pasado 23 de abril, el escritor cubano Rafael Vilches Proenza, envió por correo certificado un paquete conteniente de dos libros: La novela “Ángeles desamparados”, Editorial Bayamo, 2001, y el libro de poesía de amor “Café Amargo”, este último editado en Miami hace solo unos meses.

Vilches lo enviaba a una amiga personal en la oriental ciudad de Bayamo, provincia Granma. El paquete postal fue recepcionado en la oficina de correos del Reparto Escambray, en la zona sureste de Santa Clara, donde reside momentáneamente el galardonado escritor y poeta.

Con recibo de imposición número RR 003772278cu y un importe de envío de pocos pesos, el escritor decidió personarse el jueves 29 de mayo en la oficina con el fin de reclamar el paquete que no llegaba a su destino, asumió incluso, que una posible pérdida pudiera resultar absurda.

Pero… Allí le dijeron que no había problemas, que el despacho se había hecho correctamente. Que fue recepcionado por Kenia Cáceres en el Correo Central de Santa Clara, el 24 de abril de 2014, y clasificado ese mismo día por Susana Ley. Siempre con destino a la ciudad de Bayamo.

El Despacho era el número 93, y el sello figuraba como el 11223485. Sí, todo parecía estar en orden. Aunque esa numerología tan afín al burocratismo, ya presagiaba una tragedia. La de la pérdida del “Café Amargo” y “Ángeles Desamparados”.

Entonces comenzó el típico, “estira y encoje” de la burocracia que se acostumbra en las oficinas cubanas. Una actitud que parece tan arraigada al cubaneo como lo puede ser el gusto por el ron, el béisbol y las mulatas.

Todo como un juego de rugby, que nunca sabes hacia dónde botará la pelota, ni quién intentará taclearte; aunque ninguno sepa de ese deporte, o sean empleados de correos. El caso es que de alguna manera te taclean, pierdes el balón, y por misterios de la rugby-burocracia, pierdes.

«Entonces me dijeron –comenta Vilches– que podía llamar a Paulita al teléfono 5342227663, para verificar el paradero de los libros y que esperara unos días». También, le dieron una serie de explicaciones que le hicieron acordar de algunas buenas malas frases, típicas de la antipoesía.

En la mañana del lunes 2 de junio de 2014, allí fue el poeta, a ver a Paulita. Tras un rato de lógica espera, esta llamó a la Jefa de Operaciones, y pidió un número de teléfono para comunicar, cuando tuvieran una respuesta.

O mejor, que llamara a Mailín (otra mujer más, y Vilches me recordará a Neruda) o a la propia Jefa de Operaciones a los teléfonos 5342272326 o 5342223902 para ver qué respuesta darían. Y fue aquí donde empezó el “estira y encoge”burocrático con algún que otro tacleo.

A las 3 y 21 de la tarde del propio día, llamaron del correo para comunicar oficialmente que el envío se había extraviado. Los libros no llegarían nunca. Vilches se personó nuevamente en la oficina de Paulita, la cual exigió los comprobantes de certificación para escanearlos.

«Por supuesto que no se los di. La cuestión es que todos sabemos dónde, en qué oscuras oficinas se encuentran mis dos libros, espero que los oficiales por lo menos me lean. Siento mucho la pérdida porque era un regalo de cumpleaños» ‒comentó el poeta a este reportero.

«Se sabe que todas las cartas en Cuba las leen en una oficina de la Seguridad del Estado. Escuchan las conversaciones. Y hasta las charlas privadas con amigos y familiares. ¿En qué país del infierno vivimos los cubanos?» argumentó el escritor, asumiendo ya, la pérdida de sus libros.

Si la Seguridad del Estado secuestró o no los libros, no lo sabremos nunca. Tampoco si los leyó, o sí les gustase o no la poética vilcheneana. Personalmente creo que ambos libros carecen de importancia política como para causar tal bullicio. Pero… ¿lo sabrán quienes los sustrajeron?

La rabia de Vilches tiene una génesis cargada de misterio y evidencias. No como las de la Christie o Hitcoch. El pesar de Vilches está rodeado de mujeres irresponsables, pero no como las de Neruda. Su problema está plagado de razones evidentes que rodean el misterio de una pérdida.

Primero, que alrededor del “Café Amargo” ya han habido problemas. Un libro de poesía de amor, para nada política, menos, violenta y por demás, independiente, fue presentado informalmente en plena ciudad de Santa Clara con gran agitación de directivos del Centro Provincial del Libro.

Se presentó, en parte, para alabar la calidad de edición llevada a cabo por Neo Club Ediciones y Alexandría Library. Ambas editoriales radicadas en Miami, y además, para presentar la voz del poeta que es Vilches Proenza, quien hace un tiempo que deambula en busca de su propia voz.

Pero, sobre todo, para iniciar una alternativa editorial en que autores inéditos cubanos puedan ver sus textos editados. Aunque sea en tierras de aquel “monstruo” al que nuestro Martí, bien le conoció las entrañas.

Pues sí, una presentación informal, independiente, tuvo lugar sin permiso ni reglamentaciones, y terminó con chanchuyos y molestias, incluso con dimisiones expuestas en cartas abiertas, para salvaguardar la integridad de algunos implicados en la «extranjerizante» presentación.

¿Extranjerizante? Dicen, y pregunto ¿qué es vergonzoso o incorrecto al editar en Miami? Porque ese gran cantautor que es Descemer Bueno vio caer las Torres Gemelas, mientras –seguramente- tarareaba los acordes de “Bailando” o cualquiera de sus otros hits. Y no dejó de ser cubano.

Segundo: Que de sobres abiertos, entregados por carteros que no saben de violaciones postales está plagado el camino de esta empresa. De cubanos que no van a poder explicar jamás a sus amigos a dónde fueron a parar sus libros, mapas y postales, perdidos por Correos de Cuba.

Todo esto es una más de esas situaciones inexplicables que, amén de ayudar a que esta Isla flote, no hace más que arraigarla a los abismos de la Fosa de Bartle. A veces, no se hunde por razones geológicas, ni por las placas que provocan temblores en el Caribe. Sino por su propio peso.

A veces no son los ciclones y las marejadas aquellas que nos hunden en el golfo. Somos nosotros, nuestras instituciones y una constante actitud que, en nombre de la Revolución, permiten que estas cosas pasen entre casi la totalidad de los once millones de cubanos.

Pie de foto: La oficina de Correos de Cuba del Reparto Escambray, en Santa Clara, lugar desde dónde Rafael Vilches Proenza envió los libros perdidos.

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