Gratis… de qué, Guillermo Fariñas Hernández.

Coco

La Chirusa, Santa Clara, 30 de mayo del 2014, (FCP).Los agoreros nacionales e internacionales del castrismo proclaman por el mundo, que en Cuba la Salud Pública es gratis. Una cuestión que es totalmente espuria, puesto que a los ciudadanos residentes dentro del país se les descuenta directamente un 11 % de sus salarios, según una ley promulgada en el año 1962.

Es por eso, que cuando los ciudadanos cubanos leyeron la primera plana del oficialista periódico Granma del pasado 26 de mayo, donde se pudo leer: «Directora de la OMS felicita a Cuba». Ellos, los compatriotas que no tienen acceso a la las prebendas del régimen, que son la mayor parte de la población, se sintieron, cuando menos, burlados por el gobierno castrista.

Pero los “cubanos de a pie” no ven por ningún lugar la motivación para esas congratulaciones de la Organización Mundial de la Salud al gobierno de La Habana. Ellos sufren en carne propia toda una serie de humillaciones por parte de los integrantes del Sistema Nacional de Salud, que realmente y como dicen por aquí: “Son para llorar”.

Si observamos, los componentes materiales que conforman a los hospitales, policlínicos y consultorios médicos más al centro de Cuba, el panorama que vemos es verdaderamente desastroso. Pues ningún centro sanitario de la Nación, salvo puntuales excepciones, recibe un mantenimiento constructivo como está programado anualmente.

Entonces, ¿qué ven los cubanos de a pie? Los compatriotas residentes dentro del país miran por todos lados unos baños desbordados o clausurados, techos cayéndose, camas clínicas llenas de herrumbre por su excesivo uso, instrumentos para hacer diagnósticos médicos rotos por meses, a veces hasta años y en ocasiones se necesita traerlos de la casa.

En cuanto al personal clínico calificado, en la mayoría de los casos, los médicos y el componente paramédico rehúye atender correctamente. Si se arriba a cualquier Cuerpo de Guardia, los cubanos son recibidos por estudiantes de tercero hasta quinto año de la carrera de medicina, los galenos graduados jamás están disponibles.

Debido a que estos están altamente desmotivados, a pesar del anunciado aumento salarial, y solo los estimula la perspectiva de una cooperación médica en el extranjero, o un regalo en divisas libremente convertibles por parte de los familiares del paciente. La primera de estas es la más buscada, porque se regresa con dinero contante y sonante, para poder vivir materialmente mejor.

Sería adecuado aclarar, que junto a los centros de salud para los cubanos y cubanas simples, también coexisten dentro del Archipiélago unos pocos mejorados hospitales y clínicas, exclusivamente destinadas a atender a la oficialidad militar y a sus familiares más cercanos. Así, a los compatriotas que poseen las armas y reprimen, les garantizan un mejor servicio de salud.

A los cubanos de a pie jamás se les han mostrado imágenes de la Clínica de Kholy ‒hospital exclusivo para los generales‒ porque estas darían mucho que pensar. Además, todos los hospitales militares en toda la geografía nacional poseen exclusivas Salas para Altos Oficiales, donde la comida es a la carta.

Y mucho menos del “supersecreto” Centro de Investigaciones Clínico Quirúrgicas (CIMEQ), donde se atiende médicamente la más alta nomenklatura castrista, incluidos Fidel y Raúl Castro. Este hospital, que nominalmente pertenece al Ministerio del Interior, posee aéreas exclusivas distinguidas por colores, según el grado de ascendencia de cada paciente.

Pero, ¿Serán seres verdaderamente inhumanos los médicos, enfermeras u otros técnicos que trabajan en el Sistema Nacional de Salud cubano? Muchos creen que no es así y los justifican con que: “Ellos también comen, se visten, se calzan y tienen que mantener a niños o ancianos bajo su responsabilidad, y con sus salarios no les alcanza para nada”.

Afirmación que lleva a la conclusión de que los maltratos e insuficiencias en los hospitales y policlínicos de Cuba se deben, a que el totalitarismo gobernante no satisface ni a sus propios trabajadores y mucho menos a sus pacientes. Los ciudadanos cubanos más lúcidos al interior del sistema totalitario, se hacen un giño y acotan con picardía: “Gratis… de qué”.

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