Hojas Sueltas: Pendiente a Juicio Oral (Segunda parte), Rolando Ferrer Espinosa.

Ferrer

Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 13 de junio de 2014, (FCP). El chequeo físico de los reclusos se realiza tres veces al día. El turno de guardia pasa por cada destacamento, a las 06:00 horas de la mañana, luego a las 16:00 horas de la tarde, y por último a las 22:00 horas de la noche; siempre con el oficial de guardia al frente que se encarga de contar a uno por uno de los internos.

Eran aproximadamente las 09:00 horas de la mañana, cuando un grupo numeroso de militares irrumpió en el recinto. Las ordenes se daban a gritos, «arriba niñas, rápido todos contra la pared». El personal recluido corría, o era empujado hacia el lugar donde indicaron las huestes. A algunos apenas les dio tiempo para ponerse un short, así fuimos sacados del local.

Se trataba, nada más y nada menos, de una requisa, la primera en que me veía inmerso. A los que no alcanzaron a ponerse ropas, los castrenses le golpearon con las tonfas por las piernas, a la vez que les insultaban: «esas pájaras que están en “tacacillos” para que las vacilen los machos, después no lloren cuando las perjudiquen por provocadoras».

Allí, en el pasillo que comunica ambos edificios, conocido por el túnel, estuvimos alrededor de 3 horas, hasta que regresamos al destacamento. Todo estaba revuelto, las camas desechas, las pertenencias por el piso regadas, algunas “colchonetas” estaban rotas con su contenido esparcido por el suelo, al igual que las sabanas, colchas y mosquiteros.

Nuestro habitáculo había sido tomado por la guarnición, que parados frente a las literas ordenaron ponerse cada uno al lado de su cama. Posteriormente dieron inicio con las amenazas e insultos para los reos, mostraron algunos objetos de construcción artesanal en forma de armas punzantes y cortantes, cuchillas de afeitar, cucharas con filos y otros.

Aludieron cualquier cantidad de oprobios a los detenidos. Decían:«las miedosas que tienen esto, es para matar los deseos a los maridos», y muchas otras ignominias que prefiero no repetir. A continuación sacaron a varios presos del lugar dándoles golpes y se retiraron. Al cabo de 1 hora regresaron dos sicarios y me llevaron también.

Fui conducido a lo que llaman el solero. Una jaula con barras de acero a la interperie. Permanecí allí unas 2 horas, hasta que me trajeron a una oficina donde estaban el oficial del Trabajo Operativo Secreto (TOS) de la prisión y el jefe de esta. La indagación, según ellos, fue en relación con unas benadrilinas para la alergia que tenía entre mis pertenencias.

Al final se llegó al tema del dolor, la condición de prisionero por razones políticas. Fui advertido de que si jodía un poco me iban a desaparecer, que no debía hacer debates ni tertulias “diversionistas” con el resto de la población penal.

Entre otras cosas me amenazaron, y me propusieron algunos trabajos relacionados con informar. Después de mi rotunda negativa a la colaboración con el régimen, y considerar la propuesta como una ofensa y falta al respeto, me regresaron al destacamento, no sin antes insistir en la posibilidad de que cambiara de idea, ‒para lo que dejaban puertas abiertas‒.

La gran mayoría fue víctima de “pérdidas”. Incautaron medicamentos, entre ellos hasta aspirinas y duralginas, que en la prisión, a veces, decían no tener. Se perdieron prendas de ropas y cajetillas de cigarros. Los alimentos aplastados, votados por el piso el azúcar y la leche en polvo. Me llevaron las cartas, libros, documentos personales y los materiales imprescindibles para escribir.

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