La desmoralización “revolucionaria”, Alexander Andrade Guimbarda.

Alexander

Santa Catalina, Santa Clara, 27 de junio de 2014, (FCP). El pasado lunes 16 los activistas prodemocráticos Ramón Arbolaes Abreu y Mario Abreu Padrón se dirigieron hasta la Tercera Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria. Ambos portaban un cartel donde reclamaban la libertad del prisionero de conciencia David Bustamante Rodríguez.

Allí fueron detenidos y confinados a una celda en la que permanecieron varias horas. Durante la detención hicieron acto de presencia los oficiales de la Policía Política Reinier Rodríguez Conde y el que se autocalifica como La Bestia, Yunior Monteagudo Reina.

Pero esta vez (siento decirlo), La Bestia no hizo gala de su bestial comportamiento. Un poco después realizó su entrada en escena un nuevo personaje: El teniente coronel Julio.

Resulta que este sujeto le dijo a Ramón Arboláez que tenía que llenarse de cojones y acudir los lunes a la sede del Foro Antitotalitario Unido. Esto, porque a los activistas pacíficos que asisten allí, con increíble valor, los verdugos de la Seguridad del Estado los someten a toda clase de torturas y vejámenes.

Por cierto, algo que al teniente coronel Julio le resulta muy divertido. A mí me llamó la atención tanto desparpajo y me puse a investigar quien era este individuo.

En el año de 1983 paracaidistas de la 82 División Aerotransportada se abalanzaron con furia urgente sobre la Isla de Granada y sacaron a patadas por el trasero al contingente de castristas que se hallaban allí. Entonces, el valiente Julio, decidió que la Revolución había sido mancillada y aquello no podía quedarse así.

Por esto, Julio se reunió con Fidel y Raúl Castro y los convenció para acudir a recuperar la Isla de manos de los yanquis. Y allá se fueron esos tres valientes guerreros y un destacamento de tropas escogidas de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, a restaurar la honra mancillada de la Revolución.

Realizaron un desembarco aerotransportado sobre las posiciones de los americanos, los cuales huyeron despavoridos ante el grito de guerra de Julio: «tenemos un comandante que le roncan los cojones».

Claro, si usted es un lector que conoce la historia pensará que yo hablo sandeces. Pero tranquilo, solo se trataba de una broma. Por supuesto, nada de eso sucedió nunca. Según me contaron cuando los paracaidistas se lanzaron sobre Granada, el primero en huir fue el jefe del contingente castrista, quien todavía es más famoso que Usain Bolt.

¿Los muertos? Los que no tuvieron tiempo de darse a la precipitada, claro. En ese momento se les olvidó que tenían un Comandante que le ronca los cojones. Tampoco se llenaron de coraje para decir que Granada era de los revolucionarios. Entonces estuvieron muy calladitos.

En una ocasión le pregunté a un amigo cuál era la diferencia entre un soldado y un esbirro. Este me respondió que un soldado era un hombre que porta armas para defender a su pueblo. En cambio, un esbirro, aunque también porta armas, lo hace para torturar y asesinar a su pueblo.

El teniente coronel Julio, aunque viste de uniforme y va armado, evidentemente, no es un soldado.

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