Oda a Miguel Jerónimo Gutiérrez, José Luis León Pérez.

Leon

Los jóvenes sintieron su pérdida lo mismo que los literatos de La Habana.

Manuel García Garófalo.

El Gigante, Santa Clara, Villa Clara, 20 de junio de 2014, (FCP).En Cuba, como en Grecia, los poetas han sabido también ser caudillos. En la Guerra de los Diez años muchos cambiaron la lira por la espada. Uno de los que más renombre alcanzó en la cruzada estupenda, fue Miguel Jerónimo Gutiérrez, trovador en la paz infame de la colonia, y tribuno y legislador y soldado en la guerra sin cuartel por la independencia.

El ruido de los hierros al chocar intimida sólo a los poetas femeniles, pero no a los poetas que no han dejado de ser hombres. Al trabajo, al estudio, a predicar entre los suyos el bien y la justicia, estaba dedicado Gutiérrez, cuando la patria llamó a sus hijos a pelear. Y entonces, como hijo ferviente de la patria, salió a combatir, y a caer sin ventura en un trágico idilio de la traición y la venganza…

Desde 1959 Cuba tiene en olvido a muchos de sus más grandes hijos: en cambio tiene a otros, enanos de cuerpo y alma, elevados a alturas considerables… ¡Verdad que hay quien sube como sube la piedra que tiene encima una montaña, sube con la montaña! Otros son montañas, y no suben porque son lo alto…

Nació, el 15 de junio de 1822 en la Santa Clara. Fue bautizado el 20 del mismo mes en la Parroquial Mayor de la villa, con el Tomo-18 y Folio-4. Su hogar fue sitio de reunión de los comprometidos con la independencia y que dio origen a la junta revolucionaria de Villaclara. Cursó los primeros estudios en el plantel de San Francisco de Asís de su ciudad natal.

Se dedicó al ejercicio de la profesión de procurador público, función en la cual, por sus simpatías personales, y por su competencia reconocida, tuvo siempre mucho trabajo. A inicios de 1866, pronunció un discurso en el acto de recibimiento a Eduardo Asquerino, director de La América, periódico publicado en Madrid y que abogaba por reformas en las colonias hispanas de ultramar.

En los primeros días de enero de 1869, fue designado a pasar a La Habana y entrevistarse con Morales Lemus, quien poco después salía oculto para Estados Unidos. El 2 de febrero abandona Santa Clara y cursa órdenes para iniciar la sublevación, concentrándose en Manicaragua.

El 6 de febrero tuvo lugar el levantamiento de la región con un número muy reducido de armas de fuego y municiones. A pesar de esta limitación, rechazó las propuestas de reformas que hiciera el coronel Francisco Montaos, jefe español de la Comandancia Militar de Santa Clara, encaminadas a persuadir a los insurrectos a que volviesen a sus hogares.

Formó parte de la Asamblea de Guáimaro y elegido vicepresidente de la Cámara de Representantes. En ella propuso y obtuvo una enmienda al Artículo 7 de la Constitución. Con la intención de no restringir las atribuciones del Presidente de la República en Armas, establecía que el General en Jefe del Ejército debía estar subordinado al poder ejecutivo, al cual daría cuenta.

A inicios de 1871 fue designado para una comisión del gobierno en Las Villas, con el fin de impulsar las actividades revolucionarias en la región. En abril fue delatado y sorprendido por fuerzas de la guerrilla en el monte El Purgatorio. Lo atraviesan en un caballo, mientras dejaba entre las breñas del sendero, los últimos alientos de su vida, de aquella vida meritísima y gloriosa.

Su cadáver, espantados los cobardes asesinos, no quisieron llevarlo al cementerio de Sancti Spíritus, y lo enterraron no se sabe dónde, o lo dejaron tal vez insepulto para que de él se hartaran los perros jíbaros y las auras… Según testimonios de Rafael Morales en su libro «Hombres del 68», da autenticidad de lo ocurrido la noche del 20 de abril.

Martí, al hablar del prócer, en su artículo «10 de abril», dice: « […] por el valor y por los años hacía como de cabeza… trajo a pelear el juicio cauteloso, el simple corazón, la cabeza inclinada, la lánguida poesía, el lento hablar […]». A pesar de la grandeza de este hijo ilustre de la Patria, su impronta es vilmente opacada por este sistema político decadente y dictatorial.

Al cumplir 192 años de su natalicio, su pequeña patria no se inmutó para hacer un homenaje a esta estrella redentora del pasado santaclareño. Sirva pues, esta deferencia a su memoria eterna, aunque la mayoría de sus coterráneos, a quienes llamó una vez, no conocen actualmente su obra fecunda. Espero que en un futuro, cuando haya un Estado de Derecho, se ensalce su evocación.

Bibliografía

  • Abad, Diana y Oscar Loyola: Historia de Cuba II. La Guerra de los Diez Años: primera guerra de liberación nacional, Departamento de Historia de Cuba, Universidad de La Habana, Ministerio de Educación Superior, La Habana, 1987.

  • García Garófalo Mesa, Manuel: Miguel Jerónimo Gutiérrez; semblanza, Quiñones, Villa Clara, 1919.

  • Guerra, Ramiro: Guerra de los Diez Años, Editorial de Ciencias Sociales, 2 t., La Habana, 1972.

  • Instituto de Historia de Cuba: Historia de Cuba. Las luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales. 1868-1898, Editora Política, La Habana, 1996.

  • Marino Pérez, Luis: Biografía de Miguel Jerónimo Gutiérrez, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1912.

  • Martí Pérez, José: Obras Completas, Tomo I, pág. 384.

  • Soler Mirabent, Antonio: Cuatro poetas, Instituto de Literatura y Lingüística, La Habana, 1990.

  • Zambrana, Antonio: La República de Cuba, Universidad de La Habana, Cuadernos Cubanos, 3, La Habana, 1969.

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