Continúa así… que muchos vivimos orgullosos de ti, Guillermo Fariñas Hernández.

Coco

La Chirusa, Santa Clara, 4 de julio del 2014, (FCP).Eran cerca de las 4 de la madrugada y caminaba por toda la Carretera Central hacia la nombrada por los santaclareños Terminal de La Habana. Iba a la búsqueda de un taxi particular, de un chófer “por cuenta propia” de los apodados “Boteros”, que me condujera a la capital de la Isla.

Cuando ya había rebasado toda la curva del Palacio de los Pioneros e intentaba cruzar la calle Caridad, para comenzar a andar por el denominado irónicamente El Malecón de Santa Clara cercano al rio Bélico. Pude observar una figura lejana a unos 300 metros con uniforme militar, esta se me hizo altamente familiar, aunque aún no reconocía ¿de quién se trataba?

En la medida que nos acercábamos, me pude dar cuenta, que se trataba de mi antiguo amigo y condiscípulo en la Escuela Militar Vocacional “Camilo Cienfuegos”, también conocidos por Los Camilitos, al que apodábamos “Tres Patas”. El mote se lo ganó, cuando éramos solo unos adolescentes en aquella escuela de pre-cadetes debido a la longitud de su pene.

Tres Patas y yo no nos veíamos desde hacía unos cinco años, cuando este era un oficial del Ministerio del Interior, no precisamente de la línea de Seguridad del Estado y este había participado en un operativo de Arresto Domiciliario frente a mi vivienda. Recuerdo que el despliegue represivo se debió a la celebración de un Acto Nacional por el 26 de julio.

Ante la inminencia del encuentro me preparé para tres reacciones de parte del ahora teniente coronel, razón por lo que dividí sus actitudes en: 1- Un ataque verbal o físico, 2- Una total indiferencia o 3- Un saludo precipitado. Todo esto lo basaba en anteriores experiencias, durante casi 22 años, que he tenido con mis antiguos compañeros en la vida militar y hoy represores.

Ambos nos cruzamos irremediablemente a la altura de la intercepción de las calles Carretera Central y Pastora, pero desde unos 30 metros antes ninguno de los dos hubo de bajar la vista, como buenos y entrenados guerreros esperábamos el ataque del otro. Recuerdo que hasta llegué a lamentarme: “Caramba… hoy no podré ir a La Habana a navegar por Internet”.

Sin embargo, a unos ocho o diez metros de darnos el fatídico entrelace, mi condiscípulo Tres Patas se puso la mano en la boca y fingió toser para aparentar alguna molestia, pero era su manera de alertarme. Su primera frase en medio de la madrugada santaclareña fue: “Me pongo la mano en la boca, porque todo el tramo urbano de la Central tiene cámaras de vigilancia”.

Aquello me sorprendió, pero no tuve casi tiempo de reponerme de la información que mi ex –compañero me proporcionó, pues al instante volvió a expresarme: “Desde que regresaste de tu segundo viaje al exterior, donde te entrevistaste con el presidente Obama, los oficiales de villa clara no determinan que hacer contigo, ahora son los de La Habana que están aquí”.

Y continúo dándome imprescindibles datos al decirme: “Coco… ten mucho cuidado con el tumulto de cada lunes, cuando tú y los tuyos salen, porque en la Reuniones y los Análisis Operativos se ha valorado inyectarte con una sustancia para enfermarte y que no puedas salir cada lunes, incluso esta sustancia podría ser mortal”.

Cuando nos cruzamos Tres Patas proseguía con su mano derecha sobre su boca; y me susurró: “Cuando regalaron los juguetes a los niños, en enero de este este año, al otro día estaba aquí Díaz-Canel y el viceministro primero del MININT Carlos Fernández Gondín, los que vinieron a decirnos de parte de Raúl, que había que darle golpes a ustedes a partir de ese momento”.

Ya al estar a mis espaldas, pues este me rebasó, mi amigo de Los Camilitos con desesperación en sus palabras, me aseguró: “Ten mucho cuidado Coco, recuérdate que todo lo que se determine hacerte a ti, lo tiene que aprobar Raúl Castro personalmente y en videos internos de Raúl que nos pasan a nosotros los oficiales, este asegura que tú eres un gran peligro para la Revolución”.

Casi lo percibí jadeante por la preocupación a mis espalas y Tres Patas me gritó ante de callarse: “Trata de salir poco de noche, no vayas para la casa de tu mujer tan tarde; y si no, que siempre alguien te acompañe y trata que los “boteros” te recojan en tu propia casa. Coco aunque no te lo podamos decir en tu cara, continua así, que muchos de nosotros vivimos orgullosos de ti”.

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