Hojas Sueltas: El Juicio (Primera Parte). Rolando Ferrer Espinosa.

Ferrer

Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 11 de julio de 2014, (FCP). Con aproximadamente una semana de antelación, conocí del día en que se efectuaría el Juicio Oral. Por medio de mis familiares tuve conocimiento exacto de la fecha prevista por el Tribunal Provincial Villa Clara, para la realización de la vista en mi contra. Tenía poco tiempo para prepararme, así que debía aprovecharlo al máximo.

Con el fin de obstaculizar mi preparación teórica, para enfrentar el Acto de Juicio Oral, la Seguridad del Estado orientó a la guarnición que me ocupara la literatura jurídica. En esos días previos al debate legal, efectuaron una requisa a mis pertenencias, donde se llevaron todo lo relacionado con el Derecho, además de libretas de apuntes y ediciones literarias.

Todo llega. Así llegó también el día del juicio. La noche anterior, en el recuento de las diez, se me indicó estar listo para conduce a las 06.00 horas. Esa noche prácticamente no pegué un ojo, no podía conciliar el sueño. El amanecer como que se precipitó, rápidamente ya era la hora fijada del día 18 de enero de 2001. Completamente vestido esperaba por ser conducido al degolladero.

Aún cantaban los gallos, cuando el Gas V8, con siglas V 63, nos condujo a Ramón Herrera Corcho y a mí en dirección al Tribunal Provincial, conocido por la Audiencia Santa Clara. Era el flamante vehículo nombrado por la población como «La Perrera». Recuerdo unos diez efectivos, equipados de armamento, tonfas, sprays de gas pimienta e intercomunicadores.

Después de unos 30 minutos de andar, se detuvo y bajaron varios militares. Al abrirse la puerta trasera pude ver una aglomeración de personas en el lugar, que gritaban consignas anticastristas y “…Justicia para los acusados…”, un sentimiento de fortaleza espiritual invadió mi alma. Allí estaban mis hermanos de lucha apoyándome.

La puerta fue cerrada de inmediato. Se escuchaban las consignas de todas las direcciones. Al cabo de unos minutos se volvió a abrir la puerta y entró el capitán de Instrucción de Seguridad del Estado Raúl Caraballo y me dijo: “…no te puedes detener a hablar con nadie, de lo contrario te regresamos y hacemos el juicio sin ti…”

Con las manos esposadas a la espalda, me bajaron entre varios, mientras abajo me recibieron efectivos de la Brigada Especial del Ministerio del Interior. Subí la escalinata de la Audiencia sin que uno solo de mis pies hiciera contacto con los peldaños, y así hasta la celda del segundo piso. Sentí la fuerte presión en mis antebrazos de aquellos espigados sicarios que me condujeron.

En la trayectoria hacia la mazmorra judicial, pude ver a los conocidos luchadores por los Derechos Humanos y la Democracia. Entre ellos se destacaron, el “Coco” Fariñas y Alberto, “El Carpintero”, así como a otros más alejados. No se me permitió siquiera saludar a mi familia, que fue retirada a empujones. Yo no pude hacer cosa alguna, la fuerza no podría vencer a la razón.

El “Juicio Oral” fue un Circo Romano a puertas cerradas. Sólo se le permitió la entrada a la sala, a mi madre y mi esposa, a las que amenazaron previamente con sacarlas del recinto, sí hablaban. Dentro existía un despliegue militar. Guardias por los laterales, al fondo, en los bancos a los lados de mi familia, y por supuesto, a ambos lados tenía a los representativos de la Brigada Especial.

La Vista Oral se desarrolló tal y como la ensayaron. Hizo su intervención el Fiscal Ineslando Valdés Águila con la conocida verborrea. Presentaron sus testigos de la fiscalía, que por cierto, algunos no acudieron. Un juicio con el total control de la parte acusatoria, pero sin lograr demostrar nada, a pesar de las estratagemas y marañas desplegadas ante los allí presentes.

Se me permitió declarar “libremente”, ajustándome al caso y sin referirme a temas del trabajo de Contra Inteligencia. No obstante, hice un esbozo de los secretos a gritos del oficio operativo cubano, heredado del KGB ruso, donde ya nada constituye secreto, de cómo públicamente se tratan estos temas en la literatura, la televisión, la radio y el cine. Y de eso mismo era yo acusado.

Lo demás, todo era una gran invención de las fuerzas represivas. Así lo hice saber en mi intervención de aproximadamente 1 hora. Luego, el Presidente del Tribunal determinó que se precisaba de los testigos ausentes, por lo que se detenía el juicio hasta el 28 de febrero, en que se reanudaría el mismo.

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