Mis amigos secretos: Protegido en silencio. Guillermo Fariñas Hernández.

Coco

La Chirusa, Santa Clara, 11 de julio del 2014, (FCP). Ya me había levantado bien temprano para acudir a una reunión de la Coalición Central Opositora (CCO), en Placetas. Era un lluvioso día del mes de marzo del 2009, y comencé a desayunarme con parsimonia en el comedor de la casa de mis padres, en Santa Clara.

De pronto sentí unos toques bastante fuertes en la puerta de la calle y Alicia, mi madre, quien estaba sentada conmigo vigilándome para que me tomase los medicamentos que contrarrestan la Polineuropatía Crónica que padezco, con su peor mala cara dijo colérica: «Parece que quien está tocando en la puerta es el dueño de la casa»

Al mismo tiempo mi madre se levantó de un solo tirón y se dirigió a la salida, para de seguro pedirle cuenta a quien había llamado de aquella manera tan brusca. Ella a cada paso asegura: «Nadie puede tocar más duro que yo a la puerta de mi casa, porque yo que fui quien la construí y la mantengo, soy la primera en cuidarla»

Sin embargo, no pude identificar en primera instancia a las personas que hablaban con mi progenitora en el umbral de mi hogar. Como tampoco me fue posible entender respecto a qué platicaban, razón por la que esperé unos minutos y apuré los pocos buches de yogurt que restaban de mi desayuno.

Me dirigí a la puerta y entonces pude observar, que la calle se encontraba abarrotada de ciudadanos y ciudadanas vestidos en ropas de civil. De inmediato me percaté que estaba ante un inminente Acto de Repudio de los supuestos seguidores de Fidel Castro, una versión castrista de los pogroms a los judíos por parte de los nazis alemanes.

Me asomé a la multitud de paramilitares y mi presencia la puso tensa, pero los allí convocados no me dijeron ni vociferaron nada. Observé y traté de reconocer las caras de algunos de mis vecinos, no pude identificar a nadie de mi barrio, entonces arribé a la conclusión: «A todos estos porristas los trajeron y puede ser que no sean ni del municipio Santa Clara»

La multitud de parapoliciales se empezó a abrir y enseguida distinguí a la Delegada de la Circunscripción del Poder Popular, ella se nombra Cecilia y yo fui compañero en la práctica del baloncesto de su hija Coralín, quien en aquel momento se desempeñaba como entrenadora de este deporte en Venezuela.

Esta venía escoltada por un grupo de hombres entre los 30 y 40 años de edad, a los que sí conocía y no precisamente residían en mi barriada, La Chirusa. A todos los machos que custodiaban a Cecilia los caracterizaba una cuestión, todos eran entrenadores de deportes de combate del Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER).

Entre ellos pude ver a un antiguo amigo de juventud al que apodábamos “El Gordo”. Cecilia sintiéndose respaldada en su cobardía cívica, se me encimó para hacerme saber: «Ciudadano… nuestra Revolución Socialista y los factores del barrio no le vamos a permitir que usted salga hoy de su casa a realizar acciones subversivas para desestabilizar al Sistema Socialista cubano»

Por mi parte le contesté: «La única persona que es del barrio es usted, así que esa mentira de los factores del barrio ni usted misma se la cree. Y en segundo lugar; usted le llama a la lucha no violenta acciones subversivas, pero por lo menos yo no me dedico a poner bombas como si lo mandó a hacer Fidel. Y en tercer lugar; mi casa no es calabozo y por lo tanto voy a salir»

A la misma vez que di un paso hacia el exterior de mi casa, los matones de Cecilia se me abalanzaron. Inmediatamente me percaté que El Gordo, mi amigo de la adolescencia y quien en ese momento se desempeñaba como entrenador de Lucha Greco-Romana, me abrazó con su voluminosa musculatura y me proyectó contra el piso, donde me dijo: «Sigue así hermano»

Para mi sorpresa la caída no fue dolorosa como esperaba, y me di cuenta después que El Gordo jugó el rol de “manta protectora”. Con aquella imitación de “oso humano”, sobre mis flacos huesos, nadie más pudo tocarme y mucho menos agredirme. Recuerdo que fue El Gordo quien personalmente me llevó hasta el auto patrullero, donde me arrestaron, pero protegido en silencio.

Nota: El pasado año 2013 me encontré con El Gordo en El Palacio de los Jugos, sito en 27 y Flagler, Miami, Florida. Allí este se disculpó conmigo y me explicó que lo habían chantajeado, con que si no acudía a los Actos de Repudio contra los opositores no violentos, no le darían la posibilidad de viajar al exterior en una Misión de Cooperación Deportiva y finalmente cuando salió, El Gordo decidió desertar para después pasar a los Estados Unidos de América.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s